Prohibido entrar con perros: la nueva señalización en plazas porteñas genera polémica
La aparición de carteles que prohíben el ingreso de mascotas en distintas plazas y parques de la Ciudad de Buenos Aires abrió en las últimas semanas un fuerte debate entre vecinos. La medida, aplicada en espacios verdes de las comunas 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución), 2 (Recoleta) y 14 (Palermo), generó reacciones cruzadas: mientras que algunos usuarios celebraron la restricción, los tutores de perros cuestionaron lo que consideraron una limitación injustificada en el uso del espacio público.
El conflicto no es menor. En una ciudad donde, según distintas estimaciones, en la mitad de los hogares las familias conviven con perros o gatos, los espacios verdes se convirtieron en escenarios cotidianos de encuentro entre vecinos, familias y mascotas. Por eso, la instalación de señalética que impidió el ingreso de animales en determinadas plazas, despertó sorpresa y malestar entre quienes acostumbraban a pasear a sus perros en esos lugares.
En los últimos días comenzaron a circular en las redes sociales imágenes de carteles que advierten que está prohibido el ingreso con mascotas a determinados sectores -o incluso a la totalidad de algunos espacios verdes-, bajo argumentos vinculados con la protección del patrimonio, los monumentos o el equipamiento urbano.
La discusión no tardó en surgir, con ciudadanos divididos por posturas muy distintas. Por un lado, quienes defienden la presencia de los perros en plazas y parques, considerando que son parte natural de la vida urbana; por el otro, se alinean quienes consideran que el problema no son los animales, sino la falta de responsabilidad de algunos dueños.
Entre los vecinos que cuestionaron la prohibición, uno de los argumentos más repetidos apunta a la convivencia cotidiana entre personas y mascotas en la ciudad.
“Los animales son más educados que muchos humanos. Las botellas, papeles, envoltorios de comida o yerba de mate tirada no la dejan los perros. Los dueños deben hacerse responsables, pero los animales también tienen derecho a pasear por espacios públicos”, describió una vecina.
Otro vecino sostuvo que la restricción modifica un uso tradicional de las plazas: “Antes era perfecta para los perros y se mantenía limpia. La compartíamos todos. Ahora es una muy mala decisión. Las autoridades deberían recordar que hay más perros que chicos en Buenos Aires”.
Sin embargo, también hay quienes respaldan la medida. En especial vecinos que reclaman un mayor control sobre la higiene y el cuidado de los espacios públicos. “Es porque la gente no junta la caca ni en la plaza ni en las veredas", manifestó un residente. Otro usuario del espacio verde fue aún más directo. “Vas a una plaza y está toda llena de excremento. No es culpa de los perros sino de los dueños, que no se hacen cargo”.
Uno de los ejemplos que más controversia generó es el de la Plaza Vicente López y Planes, en el barrio de Recoleta. Allí, según denuncian los vecinos, la restricción alcanza a toda la superficie del espacio verde, lo que impide el ingreso de animales de compañía en cualquier sector.
Quienes cuestionan la medida sostienen que se trata de una limitación desproporcionada. Argumentan que, si bien existen monumentos o sectores de juegos que requieren protección específica, la prohibición se extiende mucho más allá de esas áreas puntuales.
En estos casos, explican, el perímetro de restricción excede ampliamente el espacio necesario para resguardar los bienes existentes, lo que termina afectando el uso del espacio público por parte de quienes pasean con sus mascotas.
Para muchos vecinos, el problema no sería la existencia de áreas protegidas, sino la falta de criterios claros para delimitar esas zonas.
Otro de los puntos que alimenta el debate es la normativa vigente en la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente, la Ordenanza 41.831 —una norma vinculada a las actividades sanitarias, que data de 1987— regula el tránsito y la permanencia de perros y gatos en el espacio público.
El artículo 29 establece que los animales pueden circular por la vía pública, siempre que sean conducidos mediante correa, collar o pretal —y bozal cuando corresponda— y que sus tutores deben recoger las deyecciones durante los paseos.
La norma contempla, además, la presencia de mascotas en plazas, parques y paseos, especialmente en los lugares reservados para su uso.
Y establece obligaciones para los propietarios o paseadores, como llevar bolsas para recoger los desechos y no atar a los animales al mobiliario urbano, árboles o monumentos.
Para algunos especialistas y legisladores, la aparición de carteles que prohíben el ingreso de mascotas a plazas enteras no estaría contemplada de manera explícita en esa normativa.
En medio de la polémica, el legislador porteño Emmanuel Ferrario —quien viene impulsando distintos proyectos vinculados al bienestar animal— presentó una iniciativa destinada a garantizar el ingreso, tránsito y permanencia de animales de compañía en todos los parques, plazas y espacios verdes de acceso público de la ciudad.
Ferrario, que el año pasado impulsó una ley que endureció las penas para casos de maltrato animal, también expresó su sorpresa por la prohibición en redes sociales.
“¿Estamos todos locos? ¿El mundo del revés de María Elena Walsh?”, escribió en un posteo en referencia a los carteles que impiden el ingreso de mascotas.
El proyecto, presentado en la Legislatura, busca establecer como regla general el acceso de animales de compañía a los espacios verdes de la ciudad. Al mismo tiempo, propone que las restricciones sean excepcionales y sólo se apliquen cuando exista una justificación técnica fundada.
Según la iniciativa, podrían establecerse áreas restringidas únicamente en sectores donde haya monumentos históricos, bienes con protección patrimonial u otros espacios que requieran una preservación especial.
Además, se estipulan obligaciones de las personas responsables: Conducir a los animales con correa o método de sujeción adecuado conforme la normativa vigente, con excepción de los espacios reservados para recreación canina, donde se permita su libre circulación, garantizar que cada mascota cuente con chapa identificatoria y proveerse de los elementos adecuados para la recolección de las deyecciones, para proceder a su inmediata remoción.