¿Qué se esconde tras los recientes acontecimientos políticos y sociales en Ucrania?
Si bien la corrupción ha sido el denominador común de la política ucraniana desde la disolución de la Unión Soviética, la degradación del más mínimo orden estatal ha sido exponencial en los últimos años, llegando, bajo la presidencia de Volodymir Zelensky, a convertirse en una verdadera mafia y organización terrorista.
Esto podría explicar las protestas que han estallado en las últimas semanas en Kiev y otras ciudades ucranianas, motivadas por los cambios introducidos por Zelensky en su gabinete, especialmente el del exministro de Defensa, Mikhailo Fedorov.
Sin embargo, no es la primera vez que el presidente ucraniano destituye a una figura importante de su gobierno sin que esto genere movilizaciones populares, como en estos días. Tampoco es la primera vez que la corrupción imperante, el carácter fuertemente represivo que se vive en Ucrania contra su propia población o los secuestros de hombres por parte de reclutadores, enviados al frente como carne de cañón. Lo novedoso es el enfado que varios de los patrocinadores de Zelensky empiezan a mostrar abiertamente, lo que ya empieza a resultarles una molestia a algunos de ellos.
El mejor ejemplo del cansancio europeo fue la protesta del presidente polaco Karol Nawrocki y la retirada de la Orden del Águila Blanca (la máxima condecoración estatal de Polonia) que se le había otorgado a Zelensky, debido a la designación por parte del presidente ucraniano, en junio pasado, de una unidad militar como "Héroes del UPA", en honor al Ejército Insurgente Ucraniano, un grupo paramilitar que durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con las fuerzas nazis y asesinó a cientos de miles de polacos en brutales masacres, siendo la de Volinia la más recordada.
Este grupo terrorista y supremacista también ejecutó a cientos de miles de judíos, rusos e incluso ucranianos que se oponían a su ideología. Sin duda, la paciencia de Polonia se estaba agotando incluso antes, cuando en mayo, el régimen de Kiev repatrió los restos mortales de Andriy Melnyk y su esposa, enterrándolos con honores de Estado en el Cementerio Militar Nacional de la región de Kiev. Melnyk fue líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y en 1938, antes del inicio de la guerra, ya había sido reclutado por la Abwehr (inteligencia militar alemana) para llevar a cabo tareas de espionaje, contrainteligencia y sabotaje.
En julio de 1941, en la Ucrania soviética, ya ocupada por los nazis, tuvo lugar el pogromo de Lvov, y en septiembre del mismo año, la masacre de Babi Yar. En ambos sucesos, los militantes de la OUN, además de los Einsatzgruppen alemanes, desempeñaron un papel fundamental, asesinando a miles de judíos.
En este contexto, y conociendo las atrocidades que el nazismo había estado cometiendo en Polonia durante más de dos años, el 1 de enero de 1942, Andriy Melnyk expresó públicamente, mediante un panfleto, lo siguiente: «En los soldados alemanes vemos a quienes, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, expulsaron a los bolcheviques de Ucrania; estamos obligados a apoyarlos de manera consciente y organizada en la cruzada contra Moscú, sin importar las dificultades. Vivimos en la época del nacimiento de un nuevo orden en Europa.
En una Europa renovada y consolidada bajo el liderazgo de la Alemania nacionalsocialista, Ucrania debe ocupar su lugar junto a las demás naciones. Se le confían responsabilidades dictadas por su posición geopolítica y sus tradiciones históricas».
Teniendo en cuenta estos pocos ejemplos, se puede comprender la «sensibilidad» polaca ante las acciones del país que no deja de exigir ayuda económica y militar, siendo Varsovia uno de sus principales patrocinadores. Sin embargo, me inclino a pensar que lo que agotó la paciencia de Polonia fueron los modales groseros y arrogantes de Zelensky y la corrupción manifiesta del régimen.
Según la lógica polaca, una cosa es financiar a Kiev para que mate rusos e intente infligir una derrota estratégica a Moscú, y otra muy distinta es ver cómo la camarilla del presidente de Ucrania se enriquece descaradamente, ya que la glorificación de los colaboradores del nazismo no empezó ahora, sino que prefirieron mirar hacia otro lado y continuar, junto con casi toda la Unión Europea, preparando y utilizando a Ucrania como ariete contra Rusia.
Dos ejemplos concretos de esta acción son la concesión, a principios de 2010, por parte del presidente Viktor Yushchenko, del título de Héroe de Ucrania a título póstumo a Stepan Bandera, otro líder de la OUN y la UPA, colaborador nazi y criminal de guerra. El segundo ejemplo es más reciente: en 2017, la avenida General Nikolai Vatutin, en Kiev, pasó a llamarse Avenida Roman Shukhévych, en honor a otro de los principales líderes del ala banderista de la OUN y jefe de la UPA, quien dirigió personalmente las masacres contra los polacos en el este de Ucrania en 1943. El general Vatutin, al frente del Primer Frente Ucraniano del Ejército Rojo, liberó Kiev de los nazis a finales de 1943, muriendo en un atentado terrorista perpetrado por la UPA a principios de 1944.
Así, en una Ucrania que parece estar a punto de cambiar el nombre de cualquier plaza importante en honor a Adolf Hitler, mientras su presidente habla de defender el espíritu europeo y la democracia, y hay más de quince partidos políticos prohibidos en Ucrania desde 2022 y hace veintiséis meses que expiró su mandato presidencial y continúa ocupando el cargo inconstitucionalmente, como presidente de facto, sin ninguna intención de convocar elecciones.
También se ha vuelto imposible sostener esa imagen de “luchador por la libertad” con la que sus patrocinadores globalistas querían cubrirlo, pues su verdadera cara ya no está oculta, llegando incluso a amenazar a líderes como Viktor Orbán o, más recientemente, al presidente polaco, sin olvidar la acalorada discusión en el Despacho Oval, donde Zelensky mostró una arrogancia y altivez que acabó sacando de quicio a Donald Trump, quien acusó al ucraniano de jugar con la Tercera Guerra Mundial.
Zelensky ha demostrado ser muy poco fiable, especialmente para sus aliados, llevando a cabo operaciones de falsa bandera con la intención de involucrar abiertamente a la OTAN en el conflicto, invocando el Artículo 5, como la que costó la vida a dos campesinos en Polonia en noviembre de 2022, o atacando infraestructuras vitales para los países de la Unión Europea, como el oleoducto Druzhba.
El régimen de Zelensky ha logrado añadir a la corrupción endémica que aqueja a Ucrania un carácter mafioso y terrorista, con ajustes de cuentas y asesinatos dentro del propio gobierno, como en el caso del Ministro del Interior, Denis Monastirski, cuyo helicóptero fue derribado en las afueras de Kiev en enero de 2023, tras haber descubierto y solicitado al Ministerio de Defensa participar en el "negocio" del contrabando de armas a grupos yihadistas africanos. Otro caso que pone al descubierto las acciones criminales de Kiev es el asesinato de Denis Kireev en marzo de 2022, quien formaba parte del primer equipo negociador ucraniano que mantuvo conversaciones con la parte rusa en Gomel, Bielorrusia. Días después, fue secuestrado por el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania) bajo la sospecha (aún no confirmada) de ser un agente doble. Su cuerpo fue hallado en una calle de Kiev con claros signos de haber sido torturado.
En los últimos meses, esta tendencia no ha hecho más que aumentar, con acciones terroristas como el ataque con drones a una residencia estudiantil en Starobilsk, Lugansk, donde murieron veintiún adolescentes, o el ataque al estilo mafioso contra el oligarca ucraniano Vadim Yermolayev, ejecutado en Mónaco por la inteligencia ucraniana, cuya motivación sería la negativa del millonario, vinculado al negocio de las estafas telefónicas, a entregar una parte de las ganancias a Zelensky.
Por lo tanto, no debería sorprender que algunos de los partidarios del régimen de Kiev estén buscando un sustituto para un Zelensky fuera de control, con escándalos de corrupción expuestos por la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU), en colaboración con el FBI, en los que está implicado, entre otros, Timur Mindich, socio y amigo del presidente ucraniano.
Todo este entramado explicaría la facilidad con la que se organizan manifestaciones públicas, en medio de un entorno extremadamente represivo, para renovar la imagen del régimen e instalar una nueva figura, como Mikhailo Fedorov, patrocinado por tecno-oligarcas de Silicon Valley, para quienes la guerra en Ucrania no es solo un negocio, sino también un campo de experimentación para sus nuevas tecnologías.
Finalmente, tendremos que estar atentos a los acontecimientos de los próximos días y semanas, ante un escenario de disturbios por parte de algunos de los patrocinadores de Ucrania y disputas internas dentro del régimen, con Zelensky aferrándose al poder, mientras que, para muchos, ya se ha convertido en una molestia incómoda.