Nuevos pliegos: tensiones en el Gobierno por la estrategia de Mahiques
La nueva serie de pliegos judiciales enviada por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, generó tensiones dentro del gobierno y abrió interrogantes sobre la estrategia real detrás de esas designaciones. El Ejecutivo envió al Senado 25 nuevos dictámenes para cubrir vacantes en distintos fueros, muchos de ellos con perfiles vinculados a organizaciones de derechos humanos y al ideario progresista, lo que contrasta con la matriz ideológica oficial del gobierno libertario. Esa elección de nombres encendió críticas en algunos sectores cercanos al presidente Javier Milei, que hablan de que el ministro no “representa” con claridad la línea del oficialismo.
En el oficialismo señalan que varios de los candidatos propuestos tuvieron pasado en agrupaciones como “Justicia Legítima” y mantienen vínculos con entidades de derechos humanos, como Madres de Plaza de Mayo, Hijos y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Esa huella ideológica suma a las dudas sobre si Mahiques está buscando construir una Justicia más plural y técnica o si, en cambio, está abriendo la puerta a una normalización de figuras de la tradición progresista en tribunales y fiscalías. Algunos funcionarios consultados por el medio advierten que la heterogeneidad de los pliegos podría generar resistencias en el Senado, donde el oficialismo también debe negociar con bloques más conservadores.
La estrategia del ministro se enmarca en un mandato presidencial de reforzar la cantidad de jueces y fiscales para reducir el déficit de cargos vacantes en el Poder Judicial, un problema estructural que afecta el funcionamiento de los tribunales federales y provinciales. Mahiques, sin embargo, añade un matiz político: no solo plantea normalizar el sistema, sino también introducir criterios que privilegien la independencia y la pluralidad de miradas, algo que no todos comparten en el entorno de Milei. En el despacho de Justicia insisten en que la idea es “refrescar” el sistema judicial, pero dentro de la Casa Rosada hay quienes ven con escepticismo que se avance con nombres que no alinean con la matriz ideológica del gobierno.
Entre los nombres que levantaron más ruido están candidatos con trayectorias ligadas a la defensa de derechos humanos y a causas de impacto social, como el magistrado que avaló la reforma laboral del gobierno tras suspenderla en primera instancia. Ese perfil se lee, dentro del oficialismo, como una señal de independencia, pero también como una posible contradicción con el discurso de “rompimiento” con el modelo kirchnerista. En el Senado, en tanto, el envío de pliegos se convierte en un laboratorio político: los votos requeridos para cada designación obligan a alinear sensibilidades distintas, y los cruces internos del oficialismo se proyectan directamente en la Cámara alta.
En el ámbito judicial, el plan de Mahiques se percibe como un intento de anclar una modernización institucional que incluye el recambio de magistrados, la incorporación de nuevos fiscales y la reducción de cargos pendientes. Desde el ministerio se sostiene que el objetivo es que la Justicia sea “más rápida, cercana y confiable”, pero el mensaje no se traduce de la misma manera en todos los sectores. Hay voces que celebran la apertura de pliegos técnicamente sólidos; otras lo interpretan como una prueba de que el gobierno no logra disciplinar completamente la agenda en materia de Justicia, y que el ministro mantiene margen propio para impulsar su propia lectura del rol del Estado de derecho.
En el largo plazo, el cálculo político detrás de los pliegos de Mahiques podría redefinir el equilibrio interno del oficialismo. Si el Senado aprueba varias de estas ternas, se consolidará una nueva fisonomía del Poder Judicial con fuerte impronta de derechos humanos y de juicio a la lógica de la “Justicia Legítima”. En cambio, si el gobierno presiona para filtrar o vetar perfiles discrepantes, se reforzará la imagen de que el libertarismo no admite matices y que el discurso de reforma no se sostiene ante la realidad de los nombres concretos. La estrategia de Mahiques, así, se convierte en un experimento político: acelerar la llenada de vacantes sin romper con el relato oficial, algo que, por ahora, solo alimenta las dudas tanto dentro como fuera del gobierno.