Milei dispara contra Lula, Kicillof y Cristina Kirchner
Hay entrevistas que sirven para gestionar la agenda y otras que funcionan como una declaración de guerra. La charla de Javier Milei con Luis Majul en La Cornisa pertenece, sin duda, al segundo grupo. El presidente no solo repasó su gestión; se dedicó a marcar la cancha, repartiendo golpes directos a propios y ajenos, con esa mezcla de datos macroeconómicos y adjetivos viscerales que ya es su marca registrada.
El tablero regional arde. Milei no buscó matices al referirse a Lula Da Silva. Para el libertario, el brasileño no es solo un adversario ideológico, sino alguien que debe rendir cuentas por su pasado. "Es un chorro y un ladrón. Un presidiario que salió por un recurso administrativo", soltó sin anestesia. La tensión no es nueva, pero escaló cuando Milei lo acusó de financiar una campaña "antiargentina" durante el Mundial 2026, moviendo recursos y actores junto al kirchnerismo y sectores del Partido Demócrata estadounidense.
En la otra orilla del Atlántico, Pedro Sánchez tampoco salió ileso. A raíz de la crisis migratoria en Ceuta, Milei disparó una teoría pesada: el mandatario español estaría usando a los inmigrantes para "nacionalizarlos y que voten por él, así puede extender su tiranía". Es el Milei más puro, el que no teme romper protocolos diplomáticos si siente que hay una batalla cultural de por medio.
**La economía: "Ya no soy promesas, soy hechos"**
Cuando el terreno se mueve hacia los números, el tono del presidente cambia de la furia al orgullo técnico. Defendió a capa y espada la reforma del Banco Central, presentándola como la herramienta definitiva para "extirpar la inflación" y terminar con lo que él llama "la estafa de la política".
Lo curioso es su lectura del presente: asegura que llevamos 26 meses de crecimiento sostenido, a un ritmo cinco veces mayor que el promedio histórico. "El consumo está en su pico y las exportaciones vuelan", afirma, ignorando las críticas que señalan la dureza del ajuste en la calle. Para Milei, el éxito es una cuestión de resultados: "Bajé la indigencia, bajé la pobreza, logré el equilibrio fiscal". Según él, la diferencia entre un loco y un genio es, precisamente, el éxito.
**El barro local: Kicillof, Cristina y la interna propia**
En el plano doméstico, la dialéctica se vuelve más áspera. A Axel Kicillof lo despachó con un desprecio casi absoluto, tildándolo de irrelevante por haber sido ministro de "la presidiaria", en alusión a Cristina Kirchner. Su diagnóstico sobre la provincia de Buenos Aires es lapidario: "Donde un comunista toca algo, lo convierte en excremento".
Incluso hubo espacio para la interna con Victoria Villarruel. Ante los dardos de la vicepresidenta sobre sus "persecuciones imaginarias", Milei evitó el cuerpo a cuerpo personal, pero dejó un recado: no discute falacias, discute cambios reales. Y en ese camino, no le tiembla el pulso para avalar que los extranjeros paguen por la salud y educación pública, vinculando la apertura de fronteras del kirchnerismo con la entrada de "terroristas disfrazados de estudiantes o periodistas".
**La mirada en 2027**
Milei sabe que el tiempo vuela. Por eso, ya puso una ficha en el casillero de la reelección. Su promesa es ambiciosa: si el modelo se consolida y logra un segundo mandato, Argentina crecería a tasas del 7% u 8%. Es una apuesta a todo o nada. Por ahora, el presidente sigue convencido de que su camino es el único posible, y a juzgar por sus palabras, no tiene la más mínima intención de bajar el volumen.