Publicado: 31/05/2026 UTC Ciudad Por: Redacción NU

“La escuela muestra otros mundos posibles”

Qué enseñan hoy los jardines más allá de los contenidos
“La escuela muestra otros mundos posibles”
Redacción NU
Redacción NU
maestra

Dos maestras de generaciones distintas ponen en palabras los desafíos en torno a la enseñanza y comparten la mirada sobre las nuevas infancias, la escuela y el valor social del jardín en un contexto donde educar implica mucho más que enseñar contenidos. En un contexto atravesado por las pantallas, la inmediatez y los cambios en los vínculos, dos maestras de nivel inicial de generaciones distintas reflexionan sobre cómo cambiaron las infancias y cuál es hoy el verdadero rol de la escuela en los primeros años de vida.

En el marco del Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, que se celebra cada 28 de mayo en homenaje a Rosario Vera Peñaloza, docentes de un jardín público de la Ciudad de Buenos Aires comparten una mirada que busca correr el foco de la idea del jardín como espacio exclusivamente de cuidado para mostrar su dimensión pedagógica, emocional y social.

“La escuela le muestra otros mundos posibles a un niño”, resume Florencia Ruiz, docente de nivel inicial desde 2014. A su lado, Marina Cordeiro, con más de 30 años de trayectoria, coincide: “En el jardín, las cosas pequeñas son enormes aprendizajes”. Ambas trabajan actualmente en una sala de 5 del Jardín de Infantes Común Nº2 D.E. 4, en el barrio de La Boca, y desde sus diferentes recorridos describen una escuela atravesada por nuevos desafíos: cambios en el lenguaje, dificultades en la socialización, impacto de las tecnologías, necesidad de acompañamiento emocional y aulas cada vez más diversas. “La pandemia fue una bisagra. Hoy vemos cambios muy fuertes en las formas de vincularse y en la tolerancia a la espera o a la frustración”, explica Marina. Florencia suma otra mirada: “Hoy entendemos mucho más claramente que los niños son sujetos de derecho, con distintas trayectorias, tiempos y necesidades”.

Las docentes aseguran que el nivel inicial está lejos de ser únicamente un espacio de asistencia. Detrás de cada propuesta hay planificación, objetivos pedagógicos y trabajo profesional orientado a construir autonomía, lenguaje, convivencia y experiencias significativas. Esperar un turno, compartir, poner en palabras lo que se siente, reconocer al otro o descubrir algo nuevo forman parte de esos primeros aprendizajes que quedan para siempre. urante el tiempo que están con nosotras, intentamos que se sientan las personas más especiales del mundo”, dicen.

También destacan la importancia del trabajo colectivo dentro de la escuela y el rol de la comunidad educativa. “El nivel inicial es una construcción entre maestras, auxiliares, conducción y familias. Ese niño no es solamente de una docente: es de toda la escuela”, afirman. La inclusión aparece como otro de los grandes desafíos actuales. Según explican, las escuelas hoy alojan realidades mucho más diversas y eso requiere nuevas herramientas, trabajo en red y una mirada integral sobre las infancias.

En ese camino, destacan también el aporte de la Educación Sexual Integral (ESI) para trabajar la convivencia, emociones, el respeto y vínculos desde edades tempranas. A más de un siglo del trabajo pionero de Rosario Vera Peñaloza, las docentes consideran que gran parte de su legado sigue vigente: entender al jardín como un espacio clave para ampliar oportunidades desde los primeros años de vida.

Y quizás ahí, entre generaciones distintas pero miradas profundamente compartidas, se encuentre una de las claves del nivel inicial: enseñar, cuidar y construir comunidad al mismo tiempo. El legado de Rosario Vera Peñaloza Su figura atraviesa toda la conversación. Las docentes destacan especialmente su aporte a la profesionalización del nivel inicial y su mirada innovadora sobre la educación en la primera infancia. “Pensarla en su contexto histórico es impresionante”, afirman.

Para ellas, gran parte de ese legado sigue vigente: entender que el jardín no es solamente un espacio de cuidado, sino un lugar donde se construyen aprendizajes fundamentales, vínculos y oportunidades desde los primeros años de vida. También tanto Marina como Florencia creen que Vera Peñaloza estaría satisfecha de encontrar un nivel inicial mucho más profesionalizado, más inclusivo y atravesado por nuevas discusiones pedagógicas. Jardín de Infantes Común Nº2 D.E. 4: Un espacio donde también enseña el ambiente

Entre las propuestas que forman parte del jardín se destaca el atelier pedagógico, un espacio diseñado integralmente para estimular la exploración, la creatividad y el aprendizaje a través de los sentidos. Allí, los chicos interactúan con distintas materialidades, objetos y estímulos en un entorno pensado pedagógicamente para habilitar experiencias abiertas, sin consignas rígidas ni respuestas únicas. El espacio busca favorecer la inclusión, la regulación emocional y las distintas formas de aprender y expresarse.

“El contexto y el ambiente también enseñan”, sostienen. Por eso, cada elemento del atelier —las texturas, la disposición de los materiales, la circulación y la propuesta sensorial— forma parte de una construcción pedagógica orientada a despertar curiosidad, autonomía y vínculo con el entorno. Lejos de una lógica estructurada únicamente desde la instrucción, el espacio propone que los chicos puedan descubrir, experimentar y apropiarse del aprendizaje desde la exploración y el juego. Nivel Inicial de la Ciudad en números 382 escuelas de nivel inicial de gestión estatal. 470 escuelas de nivel inicial y 171 jardines maternales de gestión privada. 9.870 docentes y 28.428 alumnos de nivel inicial.

Noticias Relacionadas

Más de Redacción NU