Publicado: 19/09/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

La economía de la Libertadora: un esquema que se repite para perpetuar el drama argentino

El Plan Prebisch, que Jauretche calificó como “retorno al coloniaje” reinauguró la economía preperonista. Hoy, Milei quiere imitarlo. Los Economic Hit Men (EHM) nunca están lejos de la sangre. Endeudamiento para no crecer.
La economía de la Libertadora: un esquema que se repite para perpetuar el drama argentino
Horacio Ríos
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La mayoría de los argentinos -aunque esto no es tan seguro- conoce los sucesos que culminaron el 16 de septiembre de 1955 con el derrocamiento del presidente constitucional, Juan Domingo Perón. La etapa final del advenimiento de la Revolución Libertadora estuvo signada por la violencia desplegada por los militares y por los supuestos “comandos civiles”, que revivieron los tiempos de la Liga Patriótica, célebre por sus desmanes cometidos durante la Década Infame.

La violencia del bombardeo a la Plaza de Mayo, que fue seguida por la amenaza de destruir las refinerías de YPF en Dock Sud y Mar del Plata, sumadas a los fusilamientos de 1956 obturaron a menudo el análisis de los cambios que operaron los autodenominados “libertadores” en la economía.

El plancito de Prebisch

En este ítem, el punto de partida fue el Plan Prebisch, que diseñó el entonces presidente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Raúl Prebisch. Si el lector permanece atento, podrá colegir las numerosas similitudes que guarda aquel plan pergeñado hace 70 años con las tropelías que está cometiendo Javier Milei por estos días. Y eso que Prebisch era un “progresista” o, como se dice hoy, un “woke”.

Los lineamientos que trazó el contador tucumano se basaron en la transferencia al agro de una mayor proporción del ingreso nacional, complementada por el aumento de la producción agropecuaria, la congelación de los salarios y jubilaciones, la anulación de los controles de precios y el encarecimiento de los productos importados.

El segundo punto era la apertura a la inversión extranjera y “el sinceramiento” del tipo de cambio, Léase, devaluación.

El tercer punto proponía un modelo de “ajuste, contención del gasto y racionalización económica”, una fórmula que se repitió de manera persistente en Argentina, de la mano de Adalbert Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz, Álvaro Alsogaray, Roberto Alemann, Jorge Wehbe, José María Dagnino Pastore, Nicolás Dujovne, Federico Pinedo y Domingo Cavallo. A éstos habría que adosarles además a Celestino Rodrigo y a Roque Fernández, ministros de triste memoria en los avatares de la entrega del patrimonio nacional.

El punto siguiente fue tan replicado en los últimos 35 años que parece una paradoja. Prebisch sugirió que se debían privatizar o revisar las empresas estatales que habían sido creadas en los últimos años, como por ejemplo, Aerolíneas Argentinas, que años más tarde fue privatizada con resultados tan desastrosos que debió ser reestatizada, en un proceso en el que el Estado debió hacerse cargo de un oneroso pasivo.

El quinto punto encerraba una trampita. El economista cepaliano propuso “retornar al sistema de comercio multilateral” (es decir, sin el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, IAPI), adosado a lo cual, para cerrar el círculo, sugirió la adhesión nacional a los acuerdos de Bretton Woods, que significaba solicitar la membresía al Fondo Monetario Internacional.

Para no perder la coherencia, el abuelo del actual diputado “Bertie” Benegas Lynch fue uno de los firmantes de la incorporación de la Argentina al FMI, en su calidad de funcionario de la embajada de Washington. Esto, a pesar de que su hijo, padre del diputado de LLA, criticó al FMI en reiteradas ocasiones. Un liberal que no entiende nada, indudablemente. Para no perder el hilo de la historia, el embajador en Estados Unidos era en esos momentos Alfredo Vischi, que, en caso de haber triunfado el intento golpista del 16 de julio de 1955, hubiera sido uno de los triunviros que hubiera asumido el gobierno provisional que pensaban conformar los golpistas tras el bombardeo a Plaza de Mayo.

Como con las bombas no les alcanzó entonces, los militares y civiles pagados por el oro de la anglósfera continuaron presionando hasta que tres meses después lograron derrocar a Perón, en medio de inéditas expresiones de violencia. Tiene razón el periodista Juan José Salinas, que relató en un libro que coescribió con Viviana Civitillo y Rafael Cullen, que el golpe duró tres meses, no un día.

El Prebisch de bolsillo

Dentro de la propia coalición política que apoyó a la Revolución Libertadora (o Fusiladora), algunos de cuyos dirigentes eran conspicuos gorilas, censuraron algunas -sólo algunas- de las propuestas de Prebisch y sus consecuencias, en especial las medidas que traían consigo la caída de los salarios, la privatización de AA y la adhesión al FMI.

Paralelamente, los radicales y los nacionalistas, algunos de los cuales aún fingían recordar vagamente que existía algo llamado dignidad, identificaron al Plan Prebisch como una repetición tardía del Pacto Roca-Runciman, en cuyo diseño Prebisch había participado,

Las condiciones que estableció el Pacto fueron leoninas en favor de los ingleses. A cambio de comprar 390.000 toneladas de carne argentina cada año, Inglaterra se aseguraba que el 85% de estas ventas se producirían a través de frigoríficos ingleses radicados en nuestro país. Por tanto, sólo el 15% de estas exportaciones se canalizaban por frigoríficos argentinos.

Además, nuestro país otorgaba a las empresas británicas "un tratamiento benévolo que tendiera a asegurar el mayor desarrollo económico del país y la debida y legítima protección de los intereses ligados a tales empresas".

Esta benevolencia no le era concedida a ninguna empresa argentina, por supuesto.

Paralelamente, mientras existiera un control de cambios en Argentina -que es un límite a la eventual fuga de divisas- el pago por compras de Gran Bretaña a Argentina podía volver al país, deduciendo un porcentaje para pagos de la deuda externa.

Por otra parte, nuestro país se comprometía a comprar todo el carbón que consumía a Gran Bretaña y mantendría libre de aranceles a este combustible y a todas las demás mercaderías que adquiriera en ese país. Tampoco aumentaría nuestro país los aranceles aduaneros que ya existían.

Un presente sin industrias ni soberanía posible

El gran problema de la Argentina es la deuda pública, que llegó a U$s 321.783 millones en marzo de este año, según los datos oficiales brindados por el Ministerio de Economía. Del total de esta suma, U$s 209.067 millones corresponden al sector público y U$s 112.716 millones pertenecen al sector privado. En este sentido, los pagos anuales de las obligaciones de la deuda pública arrasan con el 46,9% del Producto Bruto Interno.

Desde diciembre de 2023 hasta la fecha mencionada, esta deuda se incrementó en una suma cercana al 30%, cercana a los U$s 113.000 millones. La composición de esta suma toma en cuenta los pasivos del Banco Central y las obligaciones exigibles con distintos organismos crediticios, como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.

Y entonces aparecieron los Economic Hit Men (EHM)

La empresa consultora internacionale Chas. T. Main Inc. (MAIN), cometió en 1968 el error de reclutar a John Perkins, un experto en negocios graduado en Boston, que trabajó para ellos hasta que, desilusionado, abandonó el barco y escribió el libro “Confesiones de un gángster económico-La cara oculta del imperialismo americano”.

El libro relata el peregrinaje de Perkins por distintos países del Tercer Mundo, como Ecuador, Panamá e Indonesia, en casi todos los cuales dejó su marca y luego dejó testimonio de sus trapisondas.

Perkins relató en 2024, en la primera edición de su libro, que “casi todos los países congregados por nosotros, los gángsters económicos, bajo el paraguas del imperio global han corrido una suerte parecida. La deuda del Tercer Mundo sobrepasa los 2,5 billones de dólares y su coste —más de 375.000 millones de dólares al año, según datos de 2004— excede el total de lo que gasta el Tercer Mundo en sanidad y educación, y equivale a veinte veces toda la ayuda extranjera anual que reciben los países en vías de desarrollo. Más de la mitad de la población mundial sobrevive con menos de dos dólares al día por cabeza, más o menos lo mismo que recibía a comienzos de la década de 1970. Mientras tanto, en el Tercer Mundo el 1 por ciento de las familias más ricas acumula entre el 70 y el 90 por ciento de las fortunas privadas y del patrimonio inmobiliario de sus países (el porcentaje varía según el país que consideremos)”.

Luego, continúa el EHM, “al igual que nuestros semejantes de la Mafia, los EHM concedemos favores. Éstos adoptan la apariencia de créditos destinados a desarrollar infraestructuras: centrales generadoras de electricidad, carreteras, puertos, aeropuertos o parques industriales. Una de las condiciones de estos empréstitos es que los proyectos y la construcción deben correr a cargo de compañías de nuestro país. Y el resultado es que, en realidad, la mayor parte del dinero nunca sale de Estados Unidos. En esencia, sencillamente se transfiere desde los emporios bancarios de Washington a las constructoras de Nueva York, Houston o San Francisco”.

“Pese al hecho de que el dinero regresa casi enseguida a las corporaciones que forman parte de la corporatocracia acreedora -expresó Perkins-, el país destinatario queda obligado a reembolsarlo íntegramente, el principal más los intereses. Si el EHM ha trabajado bien, esa deuda será tan grande que el deudor se declarará insolvente al cabo de pocos años y será incapaz de pagar. Cuando esto ocurre, nosotros, lo mismo que la Mafia, reclamamos nuestra parte del negocio. Lo cual comprende, a menudo, una o varias de las consecuencias siguientes: votos cautivos en Naciones Unidas, establecimiento de bases militares o acceso a recursos preciosos como el petróleo y el canal de Panamá. El deudor sigue debiéndonos el dinero, por supuesto… y otro país más queda añadido a nuestro imperio global”.

A continuación, el EHM Perkins relató que dedicó un libro que comenzó a escribir en 1982 “a los presidentes de dos países, a dos hombres que fueron clientes míos, respetados y considerados por mí como espíritus afines: Jaime Roldós, presidente de Ecuador y Omar Torrijos, presidente de Panamá. Ambos habían fallecido recientemente en aquellos momentos. Sus aviones se estrellaron, pero no se trató de ningún accidente, sino de asesinatos motivados por la oposición de ambos a la cofradía de dirigentes empresariales, gubernamentales y financieros que persigue un imperio mundial”.

Cuando Perkins fue reclutado por un pariente de su esposa, primero viajó a Ecuador con los Cuerpos de Paz -una pantalla de la CIA- y al regresar a Estados Unidos el tío Frank lo reclutó para la National Security Agency, que lo entregaron a una atractiva instructora, que abrió el juego advirtiéndole que “formamos parte de un club reducido y selecto —dijo Claudine—. Se nos paga, y muy bien, por cierto, para estafar miles de millones de dólares a muchos países de todo el mundo. Buena parte de tu trabajo consistirá en estimular a los líderes de esos países para que entren a formar parte de la extensa red que promociona los intereses comerciales de Estados Unidos. En último término esos líderes acaban atrapados en la telaraña del endeudamiento, lo que nos garantiza su lealtad. Podemos recurrir a ellos siempre que los necesitemos para satisfacer nuestras necesidades políticas, económicas o militares. A cambio, ellos consolidan su posición política porque traen a sus países complejos industriales, centrales generadoras de energía y aeropuertos. Y los propietarios de las empresas estadounidenses de ingeniería y construcción se hacen inmensamente ricos”.

Desasnándolo de sus ideales de justicia y paz, Claudine le enseñó que “en muchos casos, contribuir al crecimiento económico de un país sólo servía para enriquecer todavía más a los que estaban en la cima de la pirámide, sin hacer nada por los de abajo, excepto empujarlos más abajo todavía. En efecto, la promoción del capitalismo muchas veces produce un sistema parecido a las sociedades feudales de la Edad Media”.

Paralelamente, este jueves, los diarios publicaron un pedido del fiscal José Agüero Iturbe para que se cite a declarar al ex presidente Mauricio Macri, a Federico Sturzenegger y a Luis Caputo por la toma de deuda con el FMI en 2018, a causa de que “en estas actuaciones se investiga un esquema defraudatorio planeado, coordinado y desarrollado -entre mayo del 2018 y septiembre del 2019- por funcionarios públicos del Poder Ejecutivo y el Banco Central, en conjunto con agentes del sector privado, que se configuró contrayendo una deuda estatal insostenible”.

La única razón por la que Argentina tomó enormes volúmenes de deuda externa fue para frenar el desarrollo, anular la capacidad de crecer de nuestro país y someterlo a la pérdida de soberanía que hace posible tales defecciones. No existen préstamos por urgencias económicas o para invertir en infraestructura. ¿Quién fue el que decidió encarar estos trámites tan dudosos? Los EHM que describió Perkins y los dudosos ministros de economía que pasaron por el Palacio de Hacienda nombrados más arriba.

Bernardino Rivadavia tuvo el dudoso honor de inaugurar la deuda externa argentina al tomar un préstamo de un millón de libras esterlinas de la Banca Baring en 1824. El dinero iba a ser destinado a construir un puerto en la Provincia de Buenos Aires, para fundar tres ciudades y para dotar de agua corriente a la Ciudad de Buenos Aires.

Primero que nada, a Buenos Aires llegó la mitad del dinero en papeles negociables, no en oro, como se había comprometido el banco emisor. Segundo, ni el puerto ni las tres ciudades se construyeron jamás, ni Buenos Aires tuvo agua corriente hasta muchos años más tarde. Tercero, en 1827 Argentina entró en cesación de pagos. Cuarto, la deuda la terminó de pagar Perón en 1947. El adjetivo póngalo usted.

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