La crisis económica impulsa la demanda de sedantes y ansiolíticos
En medio de una creciente crisis económica y un deterioro del empleo, el consumo de sedantes y ansiolíticos ha alcanzado niveles alarmantes en la población argentina. La inestabilidad laboral y la presión financiera han llevado a un notable incremento en la venta de medicamentos destinados a tratar la ansiedad y favorecer el sueño. Según el Observatorio de Salud, el aumento del costo de vida y el endeudamiento de los hogares son factores clave en esta tendencia.
El impacto de la precariedad laboral es particularmente evidente, ya que actualmente el 43% de los trabajadores se encuentra en situaciones de inestabilidad. Esto genera un clima de preocupación constante que interfiere con el descanso y la calidad de vida de los ciudadanos. Además, el 29% de la población destina gran parte de sus ingresos al pago de deudas, lo que agrava aún más la situación emocional de las personas.
Entre los grupos más afectados se encuentran los jóvenes, quienes tradicionalmente no recurrían a este tipo de medicación. En la actualidad, se reporta que el 12,7% de los hombres y el 11,7% de las mujeres menores de 29 años están desempleados, cifras casi el doble del promedio general. La falta de perspectivas claras, junto con la presión económica y el uso intensivo de pantallas, contribuyen a un aumento de problemas de sueño y ansiedad en este sector.
Los medicamentos más consumidos incluyen la melatonina, de venta libre y consumida sin control. Aunque se considera más "natural", su uso indiscriminado está generando que muchas personas dependan de dosis cada vez mayores. En 2025, las ventas de sedantes y ansiolíticos crecieron un 6,55%, un indicador preocupante del deterioro de la salud mental en el país.
Los problemas de sueño y la falta de descanso tienen consecuencias graves para la salud física y mental de las personas, incluyendo problemas laborales, accidentes y el surgimiento de enfermedades como la hipertensión y la diabetes. Especialistas señalan que el mal descanso está íntimamente relacionado con el aumento de cuadros de depresión y ansiedad, lo que refuerza la urgencia de abordar esta crisis.
Frente a esta situación, se observa un enfoque más farmacológico en el tratamiento de los problemas de sueño, en contraste con otros países que implementan estrategias de educación y cuidado. La crisis generada por la pandemia de Covid-19 continúa pesando en los niveles de insomnio y pesimismo entre los más jóvenes, lo que sugiere que es necesario un cambio en las políticas de atención a la salud mental para enfrentar estos desafíos.