La batalla por el espacio público llegó a Puerto Madero
Una paradoja instala el debate en Puerto Madero: mientras el Gobierno porteño intima al único canillita del barrio a retirar su puesto de diarios por operar supuestamente "sin permiso", la Corporación Puerto Madero habilita la instalación de una decena de módulos gastronómicos de estética moderna sobre los puentes de ingreso y egreso. En medio de la disputa queda Guido Miranda, tercera generación de canillitas, con más de 25 años de trabajo en la zona y un puesto oficial entregado en 2021 en un acto del que participó el entonces Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
La historia de Guido con la venta ambulante viene de familia: su padre y su abuelo trabajaron durante décadas en el centro porteño, y él se instaló en Puerto Madero en los años noventa, cuando apenas comenzaba la urbanización del antiguo puerto. Empezó atendiendo con un simple caballete y un tablón, hasta que en 2021 recibió su puesto metálico verde, uno de los tantos que se repiten por toda la Ciudad. Hoy funciona en la plazoleta Juan Manuel Fangio, en Azucena Villaflor y Aimé Painé, rodeado de tipas de casi 20 metros de alto que cada diciembre tiñen de amarillo el lugar con sus flores.
Sin embargo, su continuidad en ese rincón está amenazada. Guido recibió dos actas de intimación de la Jefatura de Gabinete porteña, que considera que el puesto opera sin autorización, y en las que se advierte la posibilidad de multarlo o retirarle el emplazamiento. El canillita confiesa estar acongojado: teme tanto una intervención de la Policía de la Ciudad como que una grúa pluma se lleve el puesto mientras él no está. "¿Llegaré a ver la próxima floración?", se pregunta.
El trasfondo del conflicto es un enredo administrativo de años. En 2015 la Ciudad le otorgó un permiso de uso del espacio público en Juana Manso al 700, junto al hotel Hilton, que la Corporación Antiguo Puerto Madero nunca le permitió usufructuar; por eso se instaló por su cuenta en Juana Manso al 1100. En plena pandemia, en 2020, conoció a Larreta, quien se comprometió a ayudarlo, y un año después el puesto quedó emplazado en su ubicación actual.
Pero la habilitación específica jamás llegó: "Vengo pidiendo la habilitación de este puesto, y no me la otorgan. Estoy como un ilegal, en mi propio puesto oficial", lamenta. Desde el área de fiscalización, la Ciudad respondió que lo intimó justamente por no contar con el permiso, aunque aclaró que si inicia el trámite por la plataforma TAD y pone todo en regla, no tendrá problemas para obtenerlo. "Puede ser un bucle administrativo. Me dicen que estoy flojo de papeles porque hace años que no me entregan el permiso que vengo solicitando, así hasta el infinito", resume Guido.
En paralelo, las familias vecinas observan con desconfianza la aparición de stands metálicos tipo food trucks sobre los laterales de los puentes que dan acceso al barrio. En el cruce de Macacha Güemes funcionan un kiosco, un café de especialidad y una hamburguesería; en Azucena Villaflor, otro kiosco, una heladería, un shawarma y una pizzería; y en Vera Peñaloza, un tercer kiosco y venta de medialunas. No se trata de puestos improvisados: son "módulos comerciales" habilitados por la Corporación Puerto Madero, la sociedad anónima responsable de la urbanización del barrio desde los años noventa, que tiene injerencia sobre los malecones. Desde el organismo explicaron que llamaron a licitación en abril del año pasado y que el contrato —por cinco años, prorrogable por otros cinco— fue adjudicado a la unión transitoria de empresas Puerto Tres y Havemeyer. Se prevén 18 construcciones, con la obligación de mantener baños abiertos al público; cada módulo cuesta entre 15.000 y 30.000 dólares y, al finalizar el contrato, pasará a ser propiedad de la Corporación.
Los vecinos no ocultan su malestar por lo que perciben como una doble vara. "Al mismo tiempo que quieren echar al canillita del barrio, están instalando unos cubos plateados muy feos. Sacan por un lado y ponen por el otro. No tiene sentido", se quejó José Barboza, quien además menciona falta de limpieza, descontrol en el estacionamiento los fines de semana y poca presencia policial. Otro vecino destacó que el puesto de diarios ocupa un lugar estratégico, a modo de entrada hacia la Costanera Sur y la Reserva Ecológica, y advirtió: "Me preocupa que quieran transformar el paseo en una cafetería al lado de la otra". Consultada sobre cómo se resolvió el diseño en una zona con protección patrimonial (el área U32, Antiguo Puerto Madero), la Corporación sostuvo que se establecieron pautas estrictas para garantizar calidad, eficiencia energética y estética unificada, con un "diseño sostenible y discreto, en armonía con el entorno protegido".
La desazón de los vecinos se suma a pérdidas patrimoniales recientes del barrio. "Se llevaron las figuras del Paseo de las Historietas y la escultura homenaje a Juan Manuel Fangio. Ahora se quieren llevar al canillita y dejarnos estos cubos metálicos. Todo empeora", concluyó otro habitante de la zona. Mientras la Ciudad y la Corporación defienden sus procedimientos, el futuro de Guido Miranda sigue en el aire, atado a un trámite que no llega y a la incógnita de si estará, una vez más, bajo el amarillo de las tipas cuando llegue diciembre.