Publicado: 13/03/2011 UTC General Por: Redacción NU

Estrategias en espejo

Por Fernando Riva Zucchelli
Estrategias en espejo
Redacción NU
Redacción NU

Este año estaremos desde estas líneas cerca de las especulaciones políticas de lo que puede suceder en este distrito que todos sabemos tiene características muy especiales y diferentes al resto del país. Sobre todo porque los jefes de los dos palacios están parados en veredas opuestas prácticamente en todas las iniciativas políticas que se proponen de uno y otro lado de la Plaza de Mayo y son mucho más de doscientos metros los que separan a ambos
gobiernos. Son miles de kilómetros. Pero siempre un lazo queda y, como no podría ser de otro modo, del lado de los intereses.

Resulta que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) está por estos momentos con los diez puntos de diferencia asegurados con las fuerzas que asoman desde la oposición con alguna chance, y que en esta instancia están reducidas a dos: por un lado el PRO de Mauricio Macri en cualquiera de sus variantes de alianza o acuerdo con el Peronismo Federal ?y eventualmente otras fuerzas provinciales? y el radicalismo que, con internas por delante no tiene definido su candidato ni qué hacer con Elisa Carrió ni con Hermes Binner. Pero la lucha de CFK esta centrada en cómo llegar al famoso 40% y diez puntos de ventaja sobre el segundo, que la dejaría en su sitial por cuatro años más. Hacen bien los K en desconfiar de un ballottage. Podría no pasar nada si el 23 de octubre las intenciones no demuestran que se quiera alterar el mapa político por sobre todas las cosas y deja todo en cómodo equilibrio para el Gobierno como el actual. Pero podría ser negativo para ellos si en la primera vuelta hubiera una clara señal de voluntad de cambio de gobierno y el pueblo depositara su confianza en una sólida supremacía de una de las dos fuerzas opositoras por sobre la otra.

O sea que la pelea de CFK no es contra sus adversarios sino contra ella misma y por el 40% tan deseado. Allí nacen todas la elucubraciones sobre las posibilidades de alcanzar ese porcentual. Si las colectoras o los adelantamientos provinciales van a jugar a favor o en contra de ese número, y la difícil ecuación que debe resolver la Casa Rosada de sumar sin romper la cadena de lealtades e intereses comunes, con los amigos y los no tanto.

En ese marco, Macri tiene un lugar privilegiado en la estrategia oficial. Es el único que puede lograr dividir a la oposición en porciones lo suficientemente grandes para que nadie llegue al 30 por ciento. Si a eso se le suman las diferencias idelógicas que separan a la Presidenta de Macri, la apuesta suena perfecta, tanto para una como para el otro. Veamos por qué. La estructura centenaria del radicalismo, si bien es cierto que todavía tiene algún peso a nivel nacional, aquí en la Ciudad ?como en otros centros urbanos?
tantas escisiones en tiempos modernos han hecho mella en su poderío electoral. A ello hay que sumarle que tienen por delante una dura interna, que no tienen buenos candidatos ni en provincia de Buenos Aires ni en la Capital.

Macri, quien sí podría tener buenos resultados en el área metropolitana y más dudas que certezas con su escuálido PRO en el resto del país, tiene un punto en común con la presidenta, y es que su pelea central es contra sí mismo y sus propios números para acceder a la segunda vuelta tan ansiada. Aprovechando el viento de cola que viene del poder nacional, Macri tiene una sola opción: que el electorado no kirchnerista lo visualice como la única posibilidad de derrotar a Cristina y en ese raid lo encarame por encima de los 30 puntos sepultando al radicalismo y dejándolo en el rubro fuerzas menores. No será fácil para el PRO, pero es la carta que jugarán si Eduardo Duhalde logra armar su fuerza de los sueños y se potencian dos realidades de dudosa combinación.

La diferencia para Macri entre acceder al ballottage y no hacerlo es algo así como abandonar la política o seguir en ella. Y no debe olvidar nunca que quedar sin ningún cobijo si las cosas no salen puede ser bastante más incómodo que tener que volverse a sus empresas. Primero volteó las elecciones unificadas para ir a lo seguro y no poner todo el capital acumulado en un pleno y ahora tiene que decidir si no le convendría quedarse a cuidar su capital. En la Ciudad tiene una buena ventaja (no sólo en las encuestas): maneja
los tiempos a discreción y estira los plazos a su gusto. La oposición por ahora no reacciona.

Noticias Relacionadas

Más de Redacción NU