Publicado: 24/05/2026 UTC Política Por: Horacio Ríos

El peronismo busca una construcción que lo devuelva al poder

La confederación de partidos provinciales que es hoy, es sinónimo de derrota. El PJ Federal, el MDF y los mandatarios del Norte Grande arman cada uno por su lado. Si hubiera confluencia, habría posibilidades.
El peronismo busca una construcción que lo devuelva al poder
Horacio Ríos
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El lento y pesado paquidermo en que se convirtió el peronismo de los últimos años comenzó a pensar, como no pasaba hace tiempo, en una estrategia para su regreso al poder.

Mientras los distintos sectores comienzan a pergeñar acciones, el gobernador bonaerense Axel Kicillof convocará en estos días -aún no fijó la fecha exacta- a una masiva campaña de afiliación al PJ de su provincia, una medida que hace años que no se pone en valor. Hoy el PJ cuenta con 1.151.640 afiliados, aunque es necesario perfilar a los afiliados por edad. Sólo 22 mil tienen menos de 35 años; en tanto que 167 mil tienen entre 30 y 44 años; 377 mil tienen entre 45 y 59 años y 580 mil tienen más de 60. Un dato adicional, que agrava la situación: el 40% del padrón nacional lo conforman menores de 35 años.

El martes último, el bonaerense convocó a los intendentes de la provincia para tomar decisiones sobre la enorme crisis sanitaria que azota al distrito. El gobierno nacional recortó 63 mil millones de pesos al sistema de salud bonaerense, una medida que, sumada a la creciente desocupación, provocó que más de 700 mil personas perdieran la cobertura en la salud, por lo que pasaron a sobrecargar el sistema provincial, que está a punto de colapsar.

Concurrieron a La Plata 70 intendentes de distinto signo, que el miércoles se manifestaron ante la cartera nacional de salud para denunciar el vaciamiento al que están siendo sometidas la provincia y las intendencias.

Kicillof, ya en modo de campaña, está lanzado a acumular poder político en base a su gestión, a sabiendas de que no todo el peronismo parece estar dispuesto a acompañarlo en su candidatura presidencial el año próximo.

Concepción del Uruguay, antes del mundial de fútbol

En paralelo a la operatoria kicillofista, el PJ Federal, que lideran Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Federico Achával, están organizándose para sostener su segundo encuentro en la provincia de Entre Ríos.

El encuentro de lanzamiento del espacio se produjo en Parque Norte el 1° de mayo último y desde allí se planteó la necesidad de seguir armando su opción en las provincias en las que el peronismo perdió las últimas elecciones.

Los federales plantean que “a Kicillof se lo asocia a Cristina”, dando practivamente por cerrado el ciclo de la expresidenta aunque consideran ineludible su figura. En el encuentro los organizadores plantearon que no van a ir en contra del bonaerense (ni de nadie), sino que van a construir su propuesta y aportar programas y soluciones para luego determinar las candidaturas. Allí se verá si se puede confluir o si dirimirán sus diferencias en las PASO o en una interna propia.

En este terreno, Juan Manuel Olmos planteó que “no queremos hacer nada en contra de Axel Kicillof ni de nadie, sino expresar una posición política y programática no tan asociada al AMBA. Sabemos que eso en algún momento eso se tiene que consolidar en alguna candidatura, pero por ahora no es el momento. Lo esencial es que el peronismo pase de ser oposición a ser una alternativa válida para la gente”.

Esta resistencia a hablar de candidaturas, aunque es evidente que de sus filas va a salir algún postulante, es inteligente, puesto que someter a éste a fuego graneado durante un año y medio hasta las elecciones, sería contraproducente. La experiencia de Daniel Scioli, que fue el candidato en 2015, pero se lanzó en 2013 a la presidencia de la Nación fue aleccionadora, habida cuenta de que el inquilino de Villa La Ñata debió soportar durante más de dos años un acoso constante de sus adversarios, que lo desgastaron a conciencia y, finalmente, lograron someterlo el 22 de noviembre de 2015, cuando Mauricio Macri fue elegido presidente.

Lo que vendrá

Según una de las últimas encuestas, entre el peronismo y el kirchnerismo -parecidos, pero no iguales- suman alrededor del 40% de la intención de voto en estos días. En las condiciones actuales, el kirchnerismo funciona más como un aliado circunstancial del peronismo que como una corriente interna.

De todos modos, la conclusión es simple: unidad o cuatro años más en el llano. Y después, quizás, otros cuatro años más, porque no construir en estas circunstancias es equivalente a destruir. Y el peronismo se encuentra transitando una fuerte crisis de identidad. Sin doctrina actualizada. Sin liderazgos positivos. Sin proyecto político que haga de ligazón entre los cientos de archipiélagos que conforman el que fuera alguna vez el movimiento político más poderoso de Sudamérica.

La evidencia más contundente que comprueba esta afirmación es que, después de ser dos veces presidenta y una vez vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner se encuentra detenida después de un juicio vergonzoso, en el que ni siquiera estaba procesada, un juicio en el que la introdujeron por la ventana, sin pruebas, sin responsabilidades, ni causa probable que la relacionara con los supuestos delitos que se investigaron en esa causa. La veracidad de estos crímenes también es totalmente dudosa, pero ésa es harina de otro costal. Lo concreto es que el solo hecho de su detención, ocurrida entre mezquindades, indiferencia y ningún “kilombo”, es un síntoma del debilitamiento del peronismo y de la dureza con la que sus adversarios lo atacaron tradicionalmente. Una dureza que incluyó asesinatos masivos de militantes, bombardeos aéreos sobre una plaza llena de gente, cuerpos arrojados al mar y a la ausencia permanente y la prohibición durante 18 años de nombrar siquiera a sus líderes y de mostrar sus símbolos y banderas.

Los archipiélagos que flotan en el mar de dudas por el que navega el peronismo, serían tres, en principio. El PJ Federal, que lidera desde las sombras Sergio Tomás Massa; el Movimiento Derecho al Futuro, de Kicillof y, finalmente, el grupo de gobernadores peronistas -algo dubitativos por estos días- del Norte Grande, que conforman Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Hugo Passalacqua (Misiones). Hay dos aún no alineados de este grupo, que serían Ricardo Quintela (La Rioja) y Gildo Insfrán (Formosa), que de todos modos lo más probable es que se sumen al PJ Federal, aunque aún no están decididos a hacerlo.

Esta dispersión está abonada por la ausencia de la antigua, casi prehistórica, Liga de Gobernadores, que alguna vez lideraron sucesivamente “Tati” Vernet (Santa Fe), Eduardo Duhalde (Buenos Aires) y, finalmente, José Luis Gioja (San Juan). Estas divisiones, que son políticas y doctrinarias, revelan un presente poco auspicioso para el peronismo, ya que no basta con ganar una elección -algo que es posible que ocurra, dado el desastre que está construyendo Milei-, sino que el problema es qué se va a hacer a partir del día siguiente al triunfo.

Si el peronismo construyera otro fracaso -sería el tercero, luego de las defecciones de Carlos Saúl Menem y Alberto Fernández-, su fin sería inmediato. El panorama no es sencillo, dado que ahora existen más territorios hostiles que antes. El peronismo gobierna solamente en cinco provincias: Buenos Aires, La Rioja, Formosa, La Pampa y Tierra del Fuego. Existen otros peronistas de falsa bandera, que gobiernan en Tucumán, Catamarca, Salta, San Luis y Córdoba.

En resumidas cuentas, el peronismo ya no es aquel poderoso movimiento que modificaba la realidad e implementaba el desarrollo y mejoraba la calidad de vida de los argentinos. Ya no es la voz de la tierra, por eso sobrevive por ahora como un partido más, lejos del calor de las masas insurrectas, incapaz de protagonizar un auténtico proyecto nacional. Hoy, triunfa la “rosca” por sobre la construcción política de un proyecto nacional.

De todos modos, el recuerdo de aquellos fuegos siempre genera una sufrida tensión en el seno del poder, que temió y temerá que el gigante despierte y, finalmente, la Argentina vuelva a ser lo que fue: una Patria económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana.

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