El BCRA podría respaldar deuda con fondos de ahorristas
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que debate el Congreso incorpora una herramienta destinada a facilitar el financiamiento del Tesoro: la posibilidad de utilizar activos de la entidad como garantía para nuevas operaciones de deuda. La iniciativa se inscribe en la estrategia del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, para afrontar un exigente calendario de pagos, mientras el Gobierno avanza con cambios que prometen reforzar la autonomía formal del organismo conducido por Santiago Bausili.
El mecanismo guarda similitudes con la operación realizada en 2024, cuando el Ejecutivo recurrió al oro del Banco Central como respaldo para obtener financiamiento. En aquella oportunidad, parte del metal fue trasladada al exterior en secreto y luego el Gobierno explicó que la maniobra buscaba generar rendimientos sobre ese activo. La nueva propuesta apunta ahora a los dólares vinculados con el sistema financiero, una alternativa que amplía el margen de acción de Hacienda, pero también introduce mayores riesgos.
La diferencia central es que las reservas en moneda extranjera no tienen la misma naturaleza que el oro. Una parte significativa de esos dólares pertenece indirectamente a los ahorristas y se encuentra depositada a la vista en los bancos, por lo que podría ser retirada ante un escenario de incertidumbre. Además, esas divisas constituyen una herramienta esencial para intervenir en el mercado cambiario y aportar liquidez cuando aumentan las tensiones.
Según el esquema planteado, el sistema financiero acumula alrededor de 40.000 millones de dólares en cuentas corrientes o comitentes, de los cuales aproximadamente la mitad debe permanecer inmovilizada como encaje. Si la reforma obtiene la aprobación definitiva del Senado, esos fondos podrían quedar comprometidos como respaldo de colocaciones de deuda. El riesgo señalado por sus críticos es que una porción de la liquidez necesaria para estabilizar el mercado quede bloqueada en una cuenta de garantía de acreedores internacionales.
La urgencia oficial se explica por el cronograma de vencimientos de 2027, que rondaría los 21.000 millones de dólares. Los acreedores privados concentrarían pagos por entre 10.600 y 11.000 millones, principalmente en enero y julio, mientras que los compromisos con el Fondo Monetario Internacional se ubicarían cerca de los 6.000 millones. El resto correspondería a organismos multilaterales y otras obligaciones bilaterales.
El Tesoro ya contaría con unos 5.000 millones de dólares obtenidos mediante colocaciones locales en moneda dura y aspira a elevar esa cifra antes de fin de año, además de sumar recursos provenientes de eventuales privatizaciones. Sin embargo, todavía quedaría una brecha significativa por cubrir. Si el riesgo país descendiera por debajo de los 400 puntos básicos, el Gobierno podría intentar volver a los mercados internacionales; de lo contrario, el artículo de la reforma que habilita el uso de activos del Banco Central quedaría como una alternativa de emergencia, cuya eficacia dependerá, en última instancia, de que la compleja jugada financiera “salga”.