"Lo de Kirchner fue un mazazo"
Cuando Néstor Kirchner expropia la ESMA, baja los cuadros y decide convertir este espacio en otra cosa, le otorgó a varias instituciones de DD.HH. los edificios que hay ahí. A las Madres les dan el Liceo Naval. Ellas tenían la intención de crear un espacio que transformara ese lugar oscuro en otro que fuera vital: sembrar vida donde hubo muerte.
Así es que Hebe de Bonafini llama a Teresa Parodi (actual directora del Ecunhi), quien convoca a un grupo de profesionales para crear allí un espacio cultural. Se trata de llenar un espacio que estaba vacío y vaciado. A esa suerte de mausoleo había que convertirlo en otra cosa. Hicimos talleres, recitales, pero sentía que el teatro no había plantado allí su bandera. Como se trata de restaurar la pertenencia, se nos ocurrió hacer un festival de teatro, con obras de distintas partes del país a intercambiar; celebrar la vida y hacer que en esas paredes suenen risas, palabras, aplausos.
La idea de este Festival es invitar a la comunidad teatral que es tan vasta, ecléctica y cuenta con tantas aristas. Queremos obras que permitan ese acto milagroso que es el encuentro del artista y el público. En mi caso, voy a estrenar Palo y a la bolsa, que surge así: mi hermano Camilo, que está en Bodas de sangre, con Juan Carlos Gené, me cuenta que una vez le preguntaron a Gené por el peronismo. Contesta que no sabía si era peronista pero que toda su generación estaba atravesada por ese primer peronismo. Esa anécdota me golpeó y me dejó pensando. Con mi mujer, Carla Llopis, que es coreógrafa, descubrimos que hasta nuestra generación estaba atravesada por ese primer peronismo. Las discusiones de domingo de sobremesa entre peronistas y antiperonistas eran acaloradas. Queríamos trabajar esa época, y nos dieron las respuestas para plantear esos hechos.
Impasse 1: Llego al bar Británico y lo veo a Guille Parodi tomando un cortado. Me disculpo por la demora. Prendo el grabador y hablamos sobre el Festival.
No sé si se puede decir que el teatro no tiene participación política. Tenés el teatro comunitario, el de Catalinas, la gente de Barracas y hay toda una movida. Es cierto que hay un costado posmoderno que ha quedado de los 90, ¿no? A ver, en los 80, con la vuelta de la democracia, había un costado de los grandes maestros, como Teatro Abierto, pero también estaba esa parte que se reía y descreía de esa solemnidad y seriedad, con el Parakultural y Batato (Barea), Urdapilleta, las Gambas al Ajillo. Se reían y descontracturaban ese teatro ideológico, rígido, de izquierda y combativo. Vienen los 90 y su impronta quizás dejó huella en algunos autores pero tenías el grupo Caraja-ji, de donde surgieron tipos como (Alejandro) Tantanian. El Periférico de los Objetos hizo Máquina Hamlet, que es emblemática y también política. No estoy tan seguro de que haya habido un alejamiento. Quizás sí de lo directamente político pero no creo que los artistas que hacían teatro en los 90 hayan dejado de tener una mirada y una opinión.
La relación del Ecunhi con los medios es? (se ríe pícaramente) ¡qué sé yo! A ciertos medios no los vas a ver mientras que hay otros que acompañan, se solidarizan y comparten. En cambio, la gente está viniendo, lentamente. Le cuesta venir. Estuvimos haciendo una nota con Marcelo Subiotto y Fernando Rubio y los dos, que vinieron a hacer otras cosas antes, dijeron que la primera vez que fueron les resultó muy fuerte y movilizador. A todos los que van por primera vez ahí les cuesta pasar el cerco. Nuestro trabajo es romper el cerco y ayudarlos a que lo rompan. Hay que prender una luz y hablar de lo que nos atraviesa. Hablar y discutir sobre eso.
Impasse 2: Recordamos obras y situaciones en medio de una charla distendida. No puedo evitar preguntarle acerca de sus comienzos.
Si miro hacia atrás, me doy cuenta de que tendría que haber confiado más en mí. Acerté en la intuición que tenía de que el teatro es un camino, pero no tendría que haber sido frívolo ni quedarme mucho en un mismo lugar. Vos pensá: mi vieja, de la noche a la mañana, en 1984, se convierte en Teresa Parodi. De estar en el patio de mi abuela en Corrientes, pasé a estar en el Luna Park, lleno de gente, y mi mamá arriba del escenario. Creés que es fácil y que está bueno ser famoso sin comprender que lo interesante es la formación y el estudio. Por suerte mis viejos siempre me bajaban de un hondazo. Me fui a estudiar con Alejandra Boero que tenía muy claro esto, quizás ?en exceso?. Estuve mucho tiempo sin poder ver otras maneras de pensar lo teatral y lo político. Me di cuenta de eso y salí a beber de otras aguas ya que estaba muy casado con una sola forma de lo teatral.
El 27 de octubre, me desperté a la mañana con el teléfono. Era mi hermano que me dice: ?Se murió Kirchner?. Lo primero fue decirle que no rompa las pelotas tan temprano, que era el día del Censo. ?Boludo, ¡prendé la televisión ya!?. Fue un mazazo. El mismo día, o el jueves, me fui a la Plaza solito y lloré mucho. Se había muerto un tipo del que, hasta ese momento, tenía resquemores de, como dice Barragán, ?decir que sos la mierda oficialista?. En algunas discusiones, sobremesas o colas de banco, uno prefería callarse. Ese día perdí los escrúpulos. Cuando Néstor Kirchner termina su mandato, comprendí que Cristina iba a ir por un lado y él se iba a encargar de armar de vuelta a los cuadros. Lo hizo. El 27 se vio una juventud militante, que había desaparecido en los 90, en los que se cambiaron hasta los programas de enseñanza con tal de que no tengamos educación. Se vio a las claras que ahí estaba el pueblo, que le dio fuerza a la Presidenta. En estos años volvimos a encontrarnos con el deseo y la esperanza en los jóvenes.