Desaparece el castillito de Villa Crespo
El castillito de Villa Crespo, la peculiar edificación visible durante décadas detrás del puente de la avenida Córdoba, se encuentra en la fase final de demolición. En la calma de la calle Darwin solo persisten un andamio y una malla protectora que cubre el predio para evitar la dispersión del polvo de los escombros.
Hace semanas que los obreros, a pico y pala, fueron derribando los ladrillos que sostenían las icónicas tres torres que copiaban el diseño de un castillo medieval. De a poco, fueron desapareciendo también las plantas superiores y, a mediados de este enero, solo permanecía en pie el primer piso y la planta baja.
Hoy, las imágenes del predio de Darwin 1251 ya no dejan rastros del perfil singular que durante décadas despertó curiosidad en el barrio. Tras los vallados metálicos, apenas se distinguen montículos de cascotes, restos de mampostería y tirantes apoyados contra lo que fue la medianera.
Desde la vereda, la escena contrasta con el recuerdo de las tres torres que se asomaban detrás del puente de la avenida Córdoba, convertidas en una postal reconocible de Villa Crespo.
La decisión de tirar abajo el “castillito” fue del Gobierno porteño en el marco de las acciones tendientes a garantizar soluciones habitacionales definitivas a las familias residentes de un sector de la traza que iba a tener la Autopista 3, una obra planificada por la dictadura militar que avanzó con expropiaciones de viviendas pero que quedó trunca.
El proyecto contemplaba una autopista central que atravesara la Ciudad de norte a sur y comenzó a diseñarse en la década del 60 a manos del expresidente militar Juan Carlos Onganía. Sin embargo, fue el intendente de facto Osvaldo Cacciatore quien, en 1977, ordenó los desalojos de las casas situadas a lo largo de lo que iba a ser el recorrido de la autovía.
Para ello, dividieron en sectores la extensión y comenzaron por las del norte, llegando a la mayoría de las viviendas de las Comunas 12 y 15, sobre todo en los barrios de Saavedra, Villa Urquiza y Ortúzar. Sin embargo, el proyecto quedó frenado poco antes de la vuelta de la democracia.
Durante décadas, esa zona quedó con una cicatriz urbana en la que cientos de familias permanecieron en un limbo judicial: sus viviendas habían sido expropiadas, pero el objetivo de la autopista ya no existía. Esa situación marcó una prolongada etapa de idas y vueltas con las autoridades porteñas en busca de una solución que garantizara condiciones dignas de habitabilidad.
Desde el 2000 en adelante, la Legislatura porteña sancionó tres leyes tendientes a dar respuesta a los residentes de lo que pasó a denominarse la Ex Au3. En paralelo, muchas viviendas quedaron sin mantenimiento, otras fueron demolidas o abandonadas y muchas fueron ocupadas, lo que generó también un problema vecinal y de deterioro urbano.
La última ley aprobada por la Legislatura en 2024 impulsa la generación de políticas que brinden soluciones habitacionales definitivas a las familias residentes en el sector 4, un tramo de extensa traza que impactó sobre todo en los barrios de la Comuna 15.
Y ahí aparece el predio de Darwin 1251, donde se levantaba el Castillito, junto a otras localizaciones como Tronador 1131, Córdoba 6520, Humboldt 1235, Córdoba 6210 y Forest 1083, que estarán destinadas a constituirse en las nuevas viviendas de los pobladores afectados.
En ese marco, el Gobierno porteño optó por la demolición del edificio de cuatro plantas —una intervención que demandó un gasto de $386 millones y quedó a cargo de Demoliciones Mitre— y la posterior construcción de una nueva estructura pensada específicamente para viviendas.
Según señalaron especialistas a Noticias Urbanas, fue descartada de plano la posibilidad de conservar el inmueble debido a las malas condiciones estructurales en las que se encontraba y a las dificultades para adaptarlo a un uso residencial acorde a los estándares actuales.
Por fuera, el operativo avanzó con un fuerte despliegue de andamios, redes de protección y cartelería de obra que cubrieron por completo la fachada durante las últimas semanas. Bajo las mallas que envolvían la estructura, el edificio fue perdiendo altura de manera progresiva hasta quedar reducido a su basamento.
La calle, habitualmente tranquila, convivió durante meses con el ruido de herramientas, la circulación de camiones y el movimiento de operarios, en un proceso seguido con atención por los vecinos, muchos de los cuales crecieron viendo ese volumen atípico como parte del paisaje cotidiano.
El edificio tenía, además, una historia cargada de versiones. A lo largo del tiempo se habló de una envasadora de perfumes, de un local de baile, de la sede de un partido político e incluso de un prostíbulo. Más allá de los relatos, su silueta formó parte del imaginario barrial durante generaciones.
En diciembre pasado, el Gobierno porteño adjudicó la obra para la construcción de la solución habitacional en Darwin 1251 a la firma De Jesús, que en un plazo de 20 meses deberá levantar una nueva edificación con un pago establecido en $1.700 millones. El proyecto prevé un edificio con planta baja, siete pisos y azoteas, con un total de catorce unidades de vivienda distribuidas en los distintos niveles.
El conjunto se completa con un local comercial ubicado sobre la calle e independiente del resto de las unidades, además de áreas de uso común parquizadas y equipadas con juegos para niños. Las catorce viviendas estarán compuestas por cinco unidades de cuatro ambientes al frente, siete de tres ambientes y dos de dos ambientes, todas con baño completo y expansión, y con toilette adicional en el caso de las más grandes.
El destino de las nuevas viviendas será la localización de los beneficiarios de la Ley 6769 que optaron por permanecer en el área de la traza.