Macri: su pensamiento vivo, en el 2005
Por primera vez en su historia, la derecha trasandina parece tener un líder civilizado y con capacidad de gestión, sin proyectos fundacionales ni modales militares. Se trata del ingeniero Mauricio Macri, electo diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires en las legislativas de octubre, ganadas -sin embargo- por la corriente de su enemigo político, el Presidente Néstor Kirchner.
A su pesar, Macri quizá se haya transformado en la última “esperanza blanca” de los radicales, de la centroderecha y del peronismo ortodoxo, todos con escasa representación parlamentaria e ideológica.
Hijo del empresario Franco Macri, casado en segundas nupcias con la ex modelo Isabel Menditeguy, padre de tres hijos y alguna vez secuestrado por una banda de rateros y policías, Mauricio Macri empezó a ser Mauricio Macri cuando -como Lázaro de la tumba- el equipo de fútbol Boca Juniors, bajo su presidencia, se levantó y transformó en una institución sólida y saneada.
Se lanzó a la política municipal, perdió la intendencia de Buenos Aires a manos de Aníbal Ibarra, pero ahora es improbable que esa historia se repita. Hablar con Macri es extraño: se tiene la impresión de que no es un político sino un hombre común, un hombre del sentido común. Haber sintonizado con esa imagen es, a la fecha, su más sonado éxito político.
-Usted es un hombre público, exitoso, millonario, casado, con hijos… ¿para qué meterse en el negocio de la política?
-Precisamente, para que deje de ser un negocio. Es que yo no soy feliz, no vivo feliz en un país donde a la mayoría de la gente le va mal. Argentina es un país en retroceso, es una sociedad que retrocede; cada vez hay más pobreza, más corrupción, más inseguridad. Así, no vale la penar vivir en Argentina. Hay que darse cuenta de que la única manera de cambiar esta situación, es dedicándose a la política, y no sólo a las cosas de uno. Porque entretanto tus hijos se están yendo al exterior en busca de una oportunidad de crecimiento profesional, de una serie de cosas que tu país no le está dando o no le quiere dar.
-Entonces, nada de altruismo.
-No, nada de altruismo. Hay que tener vocación de servicio para sacar el país adelante. A Argentina la vamos a sacar adelante si los que tuvimos la suerte de recibir la mejor educación nos comprometemos en política; es decir, si no dejamos la política en manos de los tuvieron la peor educación.
-Esos que tuvieron la peor educación, en política, no han hecho nada.
-Sin duda que no, sin duda que los que han participado en las últimas décadas, no. El resultado está a la vista. Es muy malo. Ha sido muy bueno para la clase política y muy malo para la gente. Hace falta una renovación. Y que los dirigentes honestos, los buenos dirigentes que están en política desde hace tiempo, se vean apoyados por una corriente de gente nueva que participe y se comprometa.
-Su opinión sobre la reciente Cumbre de las Américas.
-Bueno, creo que Argentina, como tantas otras veces, perdió una oportunidad. La oportunidad de mostrarse como un país serio, como un anfitrión agradable que necesita y quiere inversiones. Se arruinó un lugar turístico maravilloso como es Mar del Plata (el balneario sede de la reunión), y las imágenes que circularon por el mundo no fueron de concordia sino de violencia y desorden. Además, se perdió una oportunidad para fortalecer las relaciones con los hermanos norteamericanos (hubo reuniones verdaderamente muy tensas). Y, más allá de mi acuerdo en que el ALCA no puede avanzar hasta no resolver el tema de los subsidios agrícolas, se podía haber usado ese espacio para construir, acordar.
-¿Y algo para decir sobre la contracumbre?
-En principio, que fue pacífica. Eso es positivo. (Estuvieron Diego Maradona, Evo Morales y Hugo Chávez). Pero lo que resulta incomprensible es la incoherencia del Gobierno: mandar gente a la cumbre y también a la contracumbre (como el diputado peronista Miguel Bonasso y el piquetero oficialista Luis D’Elía). Hacia el mundo es un mensaje muy confuso.
-En diversas conferencias de prensa, notas ilustrativas, modelos a imitar, usted siempre habla de Chile. ¿Qué tiene Chile que le falte a Argentina?
-Coherencia, constancia, políticas de Estado, respeto institucional. En Chile a nadie se le ocurrió reformar la Constitución para ser reelecto. Además, hay estabilidad y seguridad jurídicas. Se han generado procesos de inversión muy favorables, confirmados desde hace veinte años, que ya son políticas de Estado: esa es la única fórmula para transformar la recuperación en crecimiento económico y desarrollo.
-¿Algo más?
-Sí, su política de asociaciones comerciales. Los chilenos se asociaron con Estados Unidos, India, la Unión Europea, el Pacto Andino y van rumbo a una zona de intercambio con China. Esto demuestra que hay una apuesta al comercio como medio de desarrollo económico, una apuesta que se ha demostrado probadamente exitosa. Chile ha tenido una política inteligente para explorar sectores donde creía tener ventajas comparativas.
-¿Qué opinión tiene usted sobre el actual estado del Mercosur?
-Si se va rumbo a una integración regional absoluta, el Mercosur es un paso obligado. Entonces, seguir con las trabas arancelarias y las excepciones a determinados productos entorpece el proceso, no es bueno. En mi opinión, deberíamos avanzar en políticas macroeconómicas conjuntas que -por ejemplo- no distorsionen los tipos de cambio. El mundo camina a pasos agigantados hacia integraciones de esta naturaleza.
-El futuro de Argentina, ¿cómo lo ve?
-Necesitado de cambios profundos. Se está creciendo, se puede crecer más, exportar valor agregado. Es cierto, es imprescindible que para países como el nuestro se terminen los subsidios agrícolas. Esa medida sería clave, muy importante. Pero respecto a los subsidios locales, bueno, deberían terminarse. Hay que transformar los subsidios en instrumento de recapacitación laboral. Argentina se está recuperando porque se ha montado a la ola de crecimiento mundial. Para derrotar al desempleo, a la pobreza, tenemos que poder ver que los que están recibiendo subsidios del Estado a cambio de nada, lo hagan a cambio de algo, de una capacitación mínima que permita su reinserción en el circuito productivo. Eso no pasa, ni siquiera se ha iniciado. Existe demanda laboral, y no hay gente preparada, no hay gente capacitada para ejecutarla.
-¿Y qué propone al respecto?
-Bueno, ordenar, organizar… si el Estado funcionara, claro, si no fuera una máquina clientelista. Pero insisto: si uno se mete en política, no puede resignarse a que un 50% de la población quede fuera del sistema productivo. Es una locura. Se supone que la política es todo lo contrario de esa resignación. Fácil no es, pero se puede hacer. Es que en Argentina el Estado no existe. Ha sido cooptado por la política. No existe la meritocracia. Se ha destruido la administración pública. Por eso siempre digo que esto no tiene nada ver con la ideología. En ningún país serio, sea liberal o socialista, se utiliza el aparato del Estado para hacer clientelismo político. Entonces, hay que lograr que el Estado funcione, hay que parar el clientelismo, hay que implementar un sistema masivo de recapacitación laboral.
-¿Eso no es pensar al país como una empresa?
-Es lo que dijeron cuando me hice cargo de Boca. Y fue al revés. El club creció, se afirmó en el mundo, afianzó su identidad histórica, y todo mediante una gestión austera, cuidando los recursos, con proyecto, con equipos. Eso mismo se puede hacer en el país y en la ciudad de Buenos Aires.
-¿En uno o en otra?
-En uno y en otra.