Caputo y Sturzenegger apuestan a un fondo para “ganar” apoyo sindical
El ministro de Economía, Luis Caputo y su par de Desregulación, Federico Sturzenegger, están frente a su nueva gran criatura. A partir del 1° de noviembre, el mercado de capitales le dará la bienvenida al Fondo de Asistencia Laboral (FAL), una pieza clave de la Ley de Modernización Laboral. Es su apuesta, su diseño y, en última instancia, será su responsabilidad. En el Gobierno se respira una mezcla de optimismo y tensión; saben que se juegan mucho.
La lógica detrás del FAL es simple pero ambiciosa: dejar de ver a la indemnización como un "susto" imprevisible y transformarla en una cuota manejable. El sistema reemplaza el desembolso traumático del despido por aportes mensuales recurrentes. Básicamente, se busca que las empresas dejen de tener miedo a contratar. “El objetivo es que el pasivo laboral deje de ser una mochila que hunde a las pymes y pase a ser un flujo financiero previsible”, explican desde el entorno de Economía.
¿Cómo funciona en la práctica? Las empresas -salvo las de construcción y servicio doméstico- podrán armar estos fondos individuales. La plata sale del patrimonio de la empresa, es inembargable y solo se toca para pagar despidos o preavisos. Las grandes aportarán el 1% de la masa salarial, mientras que las micro y pequeñas irán con el 2,5%. Es un sistema voluntario, pero la zanahoria que ofrece el Gobierno es tentadora: reducir la incertidumbre judicial y financiera.
Sin embargo, el movimiento tiene un costo que no todos ven con buenos ojos. Para que el empleador no sienta el peso del nuevo aporte, el Gobierno compensará ese gasto reduciendo otras contribuciones patronales que hoy van directo a la seguridad social. Es un juego de suma cero para la caja pública: lo que antes entraba a la Anses, ahora irá a estas cuentas individuales. El oficialismo confía en que “la mayor formalización y el crecimiento económico compensarán el bache inicial”, pero en los despachos de los economistas más ortodoxos hay dudas sobre qué pasará con los ingresos previsionales en el corto plazo.
Lo que realmente entusiasma a Caputo y a los operadores de la City es la aparición de un nuevo "jugador de peso" en la Bolsa. Con una proyección de entre 3.000 y 5.000 millones de dólares en el mediano plazo, el FAL tiene el potencial de convertirse en un inversor institucional gigante. El aroma a las viejas AFJP flota en el aire. Si bien el fin es distinto -aquellas eran jubilaciones y esto es previsión para despidos-, el impacto en el mercado será similar: una montaña de pesos buscando bonos, acciones y proyectos productivos de largo plazo.
Pero cuidado. Una masa de dinero de este tamaño es un arma de doble filo. Bien administrada, puede financiar infraestructura y crecimiento. Mal gestionada, podría transformarse en combustible para la especulación financiera o, peor aún, en una nueva herramienta de presión sobre el mercado cambiario.
Hay un último giro interesante: la posibilidad de ver nacer "sindicatos capitalistas". El esquema abre la puerta para que los gremios se sienten a la mesa a decidir, junto a los brokers, dónde invertir la plata de los trabajadores.
El Gobierno está intentando resolver un problema histórico de la Argentina: lo caro que resulta despedir y, por ende, lo difícil que es contratar. Sturzenegger puso la teoría y Caputo pondrá la ejecución. El resultado dirá si estamos ante una modernización real o ante un nuevo experimento financiero con final abierto.