Al borde de la fractura total
Ibarra está arriba del avión que lo traslada a París para presentar ante los banqueros e inversionistas franceses el plan de expansión de subtes de Buenos Aires. Parte de la comitiva lo espera en la capital gala y palpita a 14.000 kilómetros la crisis política desatada en la Ciudad.
Voceros del jefe de gobierno admitieron a NOTICIAS URBANAS desde el viejo continente que, con estas movidas, se "ha sincerado la situación. Cuando nuestro espacio definió públicamente su posición encontró como respuesta el distanciamiento del kirchnerismo con miras a las elecciones de octubre".
Algunos politólogos hablan del efecto "mancha venenosa". Mientras casi nadie del Gobierno se quiere acercar ni salir en la foto con el jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, éste reinvindica desde España la alianza y la voluntad de continuar en ese espacio político. Desde el kirchnerismo -y al decir de muchos empezando por el Presidente- la maniobra fue intolerable.
"Reaccionaron como un marido golpeador", dicen cerca de Ibarra, en referencia a las declaraciones publicadas por otro de los matutinos, precisamente el del periodista que se ha convertido en el enemigo público número uno del Gobierno.
"Nosotros somos parte de ese espacio político y como es obvio pretendemos acordar una participación electoral razonable", dicen los negociadores de Bolívar 1. Pero en la filtrada reunión con Alberto Fernández, éste le comunicó a Ibarra que debido a algunas posiciones dentro del Gobierno, los K porteños "iban a tomar distancia del ibarrismo" en el plano electoral, lo que en buen criollo significa que los marginarían a la hora de las candidaturas.
La respuesta de Ibarra fue rápida en función de mantener la institucionalidad con buen respaldo político. Ofreció a sus ¿ex? socios algunos puestos de relevancia en la estructura de gobierno porteña. "Más adelante", habría contestado Fernández, convencido de que esa propuesta era contradictoria con el mensaje que había llevado. Para Ibarra el "adelante" tiene color oscuro. En el futuro cercano sólo espera dolores de cabeza, con la citación del juez Julio Lucini como el primer escollo difícil de evitar. Y decidió a actuar en consecuencia.
"Tendremos una política agresiva también en el plano judicial", revelaron en el entorno del jefe de Gobierno. La misma podría llegar hasta el pedido de juicio político de Lucini si se evaluara la decisión judicial como "incorrecta y con intencionalidad política". Aunque no lo digan, confían más en la Cámara que en Lucini.
Mientras que desde el campamento de los K mantienen un prudente silencio, la crisis que se instaló en la Ciudad amenaza con llegar para quedarse. La intervención federal fue lo primero que se descartó en Balcarce 50, habida cuenta de que en octubre Elisa Carrió y Mauricio Macri los borrarían del mapa con el discurso de "exceso de autoritarismo y avasallamiento de las instituciones". La renuncia, a partir de la postura de Ibarra, es inviable, a menos que suceda algo tan fuerte como imprevisto, que supere la resistencia montada en el Gobierno porteño.
La situación más incómoda parece ser la de Roberto Feletti que se jugó abiertamente con Kirchner, luego en contra del "Colorado" Raúl Fernández y con un abierto guiño hacia el Partido de la Victoria que contiene a la senadora Vilma Ibarra, otro de los grandes problemas que afrontará el jefe de Gobierno a su regreso. ¿"Quedará "la Princesa" enfrente de su hermano en este nuevo escenario? Por ahora sólo dispara sobre Raúl.
"Si la política electoral genera tensiones con el oficialismo (nacional) tendremos que sacarlo de la agenda común, ponerlo bajo un paraguas por un tiempo", dice el vocero ibarrista dejando un hilo de comunicación entre las dos fuerzas. De ambos lados saben que es casi imposible. El kirchnerismo, salvo Alberto Fernández, no lo puede ni ver a Ibarra y éste quiere tener política electoral sobre todo para fortalecerse en la Legislatura. El futuro de los dos ya no será más la sociedad una vez pensada, la "mejor transición" como definiera Héctor Capaccioli alguna vez en este medio. Otro Fernández marcó la cancha que eligió Ibarra para jugar el partido más difícil de su vida.