Los radicales que adhieren a Ibarra lo invitaron a Lalín
Refugiados en el reducto que les dio identidad en tiempos pasados -Hijos de Lalín-, los radicales expatriados invitaron el viernes 8 de agosto a la gente del Frente Grande a una cena de confraternidad, como para darle nuevos aires a la alianza que llevó al poder a Aníbal Ibarra el 6 de agosto de 2000.
Hasta la una de la mañana, de todos modos, el jefe de Gobierno aún no había arribado al restaurant que hizo famoso Alfonsín, retenido por su participación en el programa televisivo "Arde Troya". Mientras tanto, la espera de los radicales no careció de matices folklóricos y toques de color.
Entre los presentes estaban Roberto Feletti, Enrique Carelli, Laura Moresi, Daniel Maglioco -esta vez sin González Gass, de quien se dice que está alejado-, Daniel Siciliano, Sandra Dosch, Eduardo Hecker, Roque Bellomo, Marcelo Vensentini -que, para aventar a las malas lenguas, se sentó junto a Raúl Fernández-, Mónica Desperbasques, Ana Maiorkevich, el "Indio" Franco, el veterano dirigente Oscar Di Filippo -a quien Costanzo destacó en su discurso.
A las 22, cuando el vino comenzaba a hacer efecto sobre los espíritus radicales, surgió la nostalgia con el coro: "¡Alfonsín!, ¡Alfonsín!". No importaba, en este caso, que el ex presidente esté ahora apostado en la trinchera política de los que no sacan los pies del plato partidario. Coincidentemente, se hizo notar la ausencia de la secretaria de Desarrollo Social, Gabriela González Gass, una de las preferidas del ex presidente en el distrito porteño. Alegó ante los organizadores de la cena que no había tenido tiempo de discutir con sus correligionarios la conveniencia de asistir o no al evento, pero todos saben que ésa fue sólo una excusa. González Gass llamó a votar con conciencia, pero no a votar por Ibarra. Quizás busque de esta manera evitar verse implicada en la casi segura expulsión masiva que van a sufrir prácticamente todos los que militen a favor de la causa ibarrista. Mientras tanto, la secretaria del gabinete oscila entre el apoyo a su partido -hoy en manos enemigas-, sin sacar los pies del plato, o someterse a las sanciones si los quita de allí.
Mientras los radicales esperaban, matizaban su vigilia con cánticos y chascarrillos. De repente, como para diferenciarse del joven candidato que representará al partido en la elección del 24 de agosto, arreció el estribillo: "Por el Ruso, Por Amaya, Por el Pueblo, La derecha que se vaya". El Ruso fue Sergio Karakachoff, un dirigente radical platense que fue asesinado por los militares el 10 de septiembre de 1976. Mario Amaya, por su parte fue un diputado que falleció el 19 de octubre de 1976 en la cárcel de Devoto, debido a las torturas a las que había sido sometido por los militares en el momento de su detención.
A las 22:30, Jorge Telerman cumplió el sueño de todo político que se precie: un ingreso casi estelar, entre vítores, cantitos y aplausos. Tan motivados estaban los asistentes que hasta sonaron los acordes de la Marcha Radical, que fue coreada por los presentes, aunque no completa.
Mientras tanto, desde sus retratos, colgando a la vista de todos, sonreían los reyes de España, Juan Carlos y Sofía y su hijo, el pequeño príncipe Felipe. Hay que destacar que Lalín es una localidad ubicada en Galicia, de la que es oriunda la familia del ex presidente Raúl Alfonsín. De todos modos, en el evento, la sonrisa que más se destacaba era la de Antonio Alegre, el ex presidente de Boca Juniors, contento con seguir siendo el más acérrimo enemigo de Mauricio Macri.
Un poco para distender la espera, Telerman tomó el micrófono. Comenzó manifestando su emoción por el cálido recibimiento que recibió al entrar y su convicción de que en Lalín estaban "los mejores hombres del radicalismo". Durante su discurso, el secretario de Cultura utilizó en varias ocasiones la palabra "Concordancia", sin reparar quizás en que los radicales de la Concordancia fueron en la década del 30 los que traicionaron a Hipólito Yrigoyen y permitieron la llegada de Agustín Justo al poder, gracias a un escandaloso fraude y a la proscripción de la fórmula presidencial radical que conformaban Marcelo Torcuato de Alvear y Adolfo Güemes.
Telerman reconoció "esas pequeñas diferencias" que existen entre su fuerza y los radicales, aunque destacando "las concordancias" para pelear "contra ese enemigo que se niega a irse". Luego destacó el aporte que hicieron los radicales al gobierno de Aníbal Ibarra -que mientras tanto se divertía con Matías Martin, Paula Trapani, Maru Botana y "Ronnie" Arias, sin pensar siquiera en Lalín- y la tradición radical del lugar que los albergaba.
Entretanto, Héctor "Tom" Costanzo y Silvana Giúdici, en una charla con el periodismo, manifestaban su convicción de que Caram piensa apoyar a Macri en la segunda vuelta, que ellos aportan a un proceso "que el radicalismo acompañó desde un principio" (Giúdici) para insertar a su partido "en un espacio progresista" (Costanzo) y que el 15 de septiembre "ya estaremos reconstruyendo el radicalismo, porque, de seguir así, Caram se va a quedar sólo con el sello y la bandera y nada más".
"Hay gente que tiene posiciones trotskystas en el radicalismo -continuó Costanzo-, que dicen que Macri tiene que ganar para que luego los radicales se conviertan en una oposición salvaje y apostar a crecer nuevamente desde allí. Esto es una barbaridad". Silvana Giúdici, mientras tanto, afirmó que "muchos radicales piensan como nosotros y piensan votar a Ibarra y no lo hacen público".
Luego, los dirigentes destacaron su desacuerdo con Raúl Alfonsín -que planteó que los que apoyan a Ibarra "están fuera del partido". Para abonar su tesis, los dirigentes surayaron que apoyaron a Caram en la interna, que "Nito" Artaza llegó al radicalismo de la mano de un antiguo socio de Aldo Rico -Santiago Cúneo-, que cuando Francisco Manrique fue candidato a diputado por la Capital tuvo que ser aprobado por una elección interna y que es necesario frenar a Mauricio Macri ahora, porque si ganara, sería el candidato de la derecha en el 2007 para las elecciones presidenciales.
A la medianoche, el jefe de la campaña electoral de Fuerza Porteña, Carlos Campolongo, tomó la posta en el micrófono para asegurar la presencia de Ibarra. Algunas personas se retiraron, precedidas por el propio Telerman, que estuvo en el lugar un poco más de una hora. Mientras la espera se prolongaba en exceso, el propio Costanzo tuvo que tomar el micrófono, mientras uno de sus colaboradores ordenaba una ronda de café para todos.
Costanzo comenzó negando el mote de "traidores" que les adjudican sus rivales partidarios. "No queremos que la Ciudad sea gobernada por un menemista. Éste es un gobierno progresista y los radicales lo acompañaremos porque defendemos ideas. Ibarra no es menemista, en cambio, Caram fue el primero en decirnos que había que votar a Macri. Yo no soy un traidor, estoy comprometido con el gobierno de Aníbal Ibarra".
A la una de la mañana, cuando la nocha aún era joven, Aníbal Ibarra aún no había cesado de hacer travesuras en su periplo televisivo, por lo que su esperada presencia aún no se había producido en el restaurante. Pero los radicales seguían allí, dispuestos a esperar contra viento y marea.