Ibarra: "Pónganse la camiseta y salgan a los barrios"
"En este punto de inflexión, sentí la necesidad de convocarlos. Les pido un compromiso político. Que no sea sólo el jefe de Gobierno, sino los propios funcionarios hablando en los barrios. Aprovechen los centros de gestión y participación. No le tengan miedo a la gente; ni a las críticas: podemos mejorar con ellas. Podemos mostrar todo lo que estamos haciendo, pero que el gobierno esté en la calle y que la gente lo perciba", arengó Aníbal Ibarra este martes, en un discurso interno que siguió el ibarrismo en pleno en el Centro Cutural San Martín.
La idea de la convocatoria ibarrista tiene algunos ejes que conviene resaltar. Apuntó a marcar un cambio de agenda en la gestión; poner a la obra pública como nuevo y claro emblema, a través del recientemente lanzado programa Buenos Aires 10; aceitar la comunicación interna y lograr que a cada funcionario sea una suerte de "gladiador mediático" de lo que hace el Gobierno porteño.
En el largo plazo, el objetivo de Ibarra consiste en fortalecer el espacio para estar en mejores condiciones de direccionar el voto y generar una alternativa con mayor autonomía, de cara al 2007.
Según el jefe de la Ciudad, su gestión tuvo a partir de la puesta en marcha de Buenos Aires 10 un "vuelco fenomenal". "Buenos Aires 10, que generó un debate por el número que le pusimos, significa una mezcla de cosas: una calificación de óptima en las nuevas obras que estamos desarrollando y la ciudad que queremos de aquí a diez años".
Al hacer un racconto de las obras que se pondrán en marcha en los próximos meses, afirmó: "No estamos haciendo obra pública para quedar bien con la gente sino con un sentido transversal, aunque esta palabra haya sido tan vapuleada. Transversal, en el sentido de integrar los distintos sectores sociales en la Ciudad".
"Tenemos que dejar atrás la política del voto", le reclamó a su tropa.
"Tenemos que hacer política en un nuevo sentido, comunicando esta integración. Tenemos que hacer política conociendo lo que estamos haciendo, en primer lugar. Luego, teniendo una visión integral del gobierno, y siendo defensores de los que estamos concretando", precisó en otro tramo de su convocatoria.
Detrás Ibarra podía verse el logo de Buenos Aires 10, que había quedado de un spot proyectado con anterioridad al discurso del jefe porteño. En la primera fila del salón, se sentaron el vicejefe de la Ciudad Jorge Telerman y el jefe de Gabinete, Raúl Fernández, el cerebro detrás del nuevo rumbo en el timón del ibarrismo.
Los funcionarios -la primera plana y las segundas y terceras líneas de la administración porteña- recibieron al final del acto un kit con nueve cartillas y un CD (10 en total, a tono con la convocatoria) explicando los contenidos del programa de obra pública.
Pero en la arenga también hubo autocrítica, aunque no demasiada. Un toque, digamos: "No puede ser que entre la decisión y la realización de los proyectos pasen meses, y a veces años", pareció sincerarse Ibarra. "Yo sé que hay trabajas burocráticas en la administración, y me hago cargo. Por eso, hay en marcha una reforma administrativa para aligerar los procesos burocráticos", anunció.
Para rematar, apuntó que, en los resultados de la gestión, "no se trata de falta de recursos sino de darnos una nueva estrategia". Fue allí cuando volvió a autoelogiarse: "Estamos desarrollando una estrategia fenomenal. Nosotros mismos nos sorprendimos de las cosas que estamos haciendo. Aprendimos en la gestión; aprendimos en las peores circunstancias: aprovechemos esto. Yo me enorgullezco de tener un gobierno plural, y nosotros lo hicimos cuando todavía nadie hablaba de transversalidad en Argentina".
En una comunicación destinada exclusivamente al corazón del ibarrismo, en otro momento le dijo a su gente: "Tenemos un gobierno bueno, y me atrevería a decir que muy bueno, aunque algunos nos hayan subestimado diciendo que otros eran mejores. Tenemos un gabinete en el que, a pesar de sus diferencias, todos se pueden dar la espalda. Hay una fuerte unidad de gobierno", arengó.
Finalmente, casi al final de su convocatoria, rozó la cuestión de las encuestas. Ocurre que, según los sondeos que se encargó de difundir el Gobierno porteño, la figura de Ibarra creció a partir de la puesta en marcha de Buenos Aires 10.
"Las encuestas me interesan poco y nada" dijo, en tono confesional. "Y no me interesan demasiado porque siempre tengo la sensación de que estas cosas pasan. Aunque quizá hago mal en no interesarme. Yo estoy satisfecho desde este lugar. Pero, les digo: tenemos todas las condiciones para no conformarnos. Nos quedan tres años de gobierno, y es mucho tiempo. Estamos haciendo las cosas bien, pero podemos hacerlas mucho mejor".
Al final del encuentro, todos salieron apurados a la caza del kit ibarrista. Ajenas a los vaivenes de la política, las chicas que entregaban la folletería en el Centro Cultural San Martín sólo estaban interesadas en saber si era cierto que el jefe porteño estaba de romance con Lola Berthet. Ibarra, muy serio, hizo caso omiso de la comidilla subterránea. Puso cara de estadista, se montó en su van, y desapareció por la avenida Corrientes junto con algunos de sus colaboradores.