Bergenfeld, preocupada por la educación
Indignada, la legisladora kirchnerista Sandra Bergenfeld (o alguien muy cercano que susurró en sus oídos eso que la indignó), decidió que no podía, que no soportaba admitir que un candidato a jefe de Gobierno no hubiera terminado una carrera universitaria, y que había que denunciarlo.
Ella, Sandra, es abogada. Ella, que conoció las mieles del éxito de la mano de Jorge Porcel, Sandra, la gatita, empleada de Socma y la Fundación Bicentenario, que no dudó en abrazar las veinte verdades, no pudo con su genio.
En un arrebato dirigido a todos nosotros, electores, Sandra quiere enterarnos qué falsario esconde el apellido Telerman, y entonces apretó las teclas del celular última generación y dio con sus amigos de perfil.com, ávidos de destapar ollas después que a los dueños del portal se las destaparan todas.
Sandra dice que iniciará el procedimiento para pedir una citación a la Legislatura y Telerman diga lo que ella ya sabe. El jefe de Gobierno la felicitará porque su preocupación pedagógica es un imperativo en un país con 20 millones de pobres.
Esos 20 millones de pobres que la empresa donde trabajaba, prosperaba y deglutía, endeudaba al Estado, alimentando el circuito de la deuda que transformaba al asalariado en flexibilizado, al flexibilizado en desocupado, y al desocupado en excluido. Son 20 millones pero van a ser más. ¿Cómo no solidarizarse con Sandra la solidaria?
"Ya preparé los proyectos de pedido de citación a Telerman, que voy a presentar el miércoles en la Legislatura", dijo Sandra, y más: que recibió apoyo.
En rigor, lo de Sandra está muy bien: pensando que la clase política argentina es un hato de honorables que con suerte terminó la primaria, que el candidato a jefe de Gobierno opositor al sociólogo Filmus sepa qué es la semiología, la química y la teoría del discurso, que haya sido embajador en Cuba y que hable tres idiomas, es una barbaridad que no hay que volver a permitir. Nunca más.