Publicado: 07/08/2010 UTC General Por: Redacción NU

El detector de metales PRO

Por Martín Rodríguez
El detector de metales PRO
Redacción NU
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La situación crítica de la Ciudad supone separar un poco las aguas entre lo que es el delito estricto de las escuchas (y la asociación ilícita) y la parte política. Es decir, el delito existió y está probada su existencia. El interrogante es si Macri es culpable o no. Ahí entra la dimensión política del asunto y cómo se construye la causa a partir de la investigación. La política, esta vez, tuvo este ?detector de metales? sobre una práctica que es común, ordinaria, que incluye a la SIDE. Es decir, Macri podrá pensar que se subraya algo ?naturalizado? en la política argentina? y algo de razón tendrá.

Hagamos un poco de historia en la historia de PRO. Buceemos en sus primeros días de gobierno. Primeros días decisivos como ningunos otros, cuando Macri se proponía la colosal tarea de despedir a 2.000 empleados públicos.

Gabriela Michetti ?en declaraciones? medía el impacto de la medida con una frase insolente: ?Estamos gobernando?. Era un modo gestual de solapar la fuerza, de reconocer un estilo áspero, duro, que respetaba a rajatabla su mandato electoral más bien de derecha. ?Gobernar es despoblar?? por lo menos el Estado, parafraseando la consigna del alucinante Alberdi.

Asumía el gobierno que el statu quo progresista debía ser arrancado atacando su corazón, su Estado bobo, las capas de programas que mantenían pequeños nichos de militantes. El PRO decidía sacarse de encima 2.000 trabajadores.

Sutecba y ATE se rebelaron. Todo era previsible y feliz para la masa fina de funcionarios nuevos que venían a cumplir su misión. Pero para el racimo de jóvenes profesionales que venían de fundaciones privadas, y con los que se empezaban a ocupar las dependencias y las coordinaciones intermedias? no.

Y uno de los nuevos coordinadores de la dirección de un área ambiental enfrentó aquel día de verano caliente con cara pálida. Era joven, con poca experiencia, y recién había dado el salto a lo público. Pero el clima de paro y movilización lo desconcertaba. Él conocía a la junta interna de ATE de su sección, los conocía de cara. Ese día llegó con el diario en la mano, lo tiró arriba del escritorio y abrió la agenda para buscar el celular de Maxi, uno de los pocos trabajadores del área con el que sentía que ?se podía hablar?.

No había nadie alrededor. Quizás alguna de las secretarias de la mesa de entradas, que no lo vio llegar y que seguía chateando. Llama a Maxi, que era cercano a ATE. Maxi atiende a los gritos: la calle, los cantos, los bombos, los bocinazos, lo obligaban a gritar. El coordinador oye el quilombo y le dice, tragando saliva: ?Maxi, ¿yo tengo que ir a la marcha??. Silencio.

Durante aquellos primeros días, cuando su ideal estatal volvía a ser achicar el Estado, echar ñoquis, ganarse en eso el sentido común que así lo dicta, ¿qué es lo que falló? La fórmula que falta en ese ideal duranbarbista es que menos Estado significa más política. Menos Estado es más rosca.

Toda idea de ?reducción? estatal a la que está limitada una parte de la idiosincrasia de derecha significa una compensación política que no es otra cosa que una capacidad de rosca infernal que ate cabos y apacigüe al extremo los efectos.

A su vez, en este caso de escuchas, lejos de aquellos prometedores primeros días, el síntoma se repite. La política está llena de detectores de metales: nadie pasa con los códigos empresarios al mundo político como si nada. La política es un lugar de invenciones sofisticadas. Estado es muñeca y cintura.

La década menemista fue dominada políticamente por un visionario de esa conjugación. Y Menem tenía entre sus filas a políticos que jerarquizaban el estigma menemista, como Corach o Bauzá.

Macri mezcló sin gracia a gente buena como Montenegro, a algunos cuadros peronistas de esos que ?parecen hacerlo todo fácil?, a jóvenes que quieren ?dar una mano?, a gente de la derecha pura y dura, y no supo darle mito, leyenda, mística, un destino a ese barco. Macri actuó como una derecha sin Estado, sin reglamentos, sin experiencia. Como si su barco se llamara "Titanic".

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