Publicado: 29/12/2006 UTC General Por: Redacción NU

La decadencia de la práctica política

La política se ha convertido en una profesión, y sus servicios se venden o se alquilan a clentes o prestamistas. En detrimento de la esfera pública, crece la pasión por acumular, consumir, juntar y malgastar, esa otra manera de llamar a la política, y no justamente a la política económica
La decadencia de la práctica política
Redacción NU
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El verdadero poder del ciudadano no procede de ser elector sino consumidor. El elector, tal como están las cosas, deposita su voto y muere. Su existencia política pasa a engrosar la materia de las encuestas, la masa que compone al sujeto abstracto sobre el que hablan los políticos en sus proclamas.

Es el sujeto al que se refieren con respeto los líderes. Al político le importa el ciudadano sólo como votante. Pero el onsumidor impone. Un consumidor actual, instruido en el ejercicio del consumo, escéptico respecto a los anuncios o los discursos, exigente en la relación calidad-precio, no es tan fácil de engañar.

A la idea de 'polis' sucede el 'domus'. Esta terminología -que usa el sociólogo francés Michel Maffesoli- se corresponde con el vector que traspasa el último libro del español Vicente Verdú.

La actual organización política, su ineficiencia y corrupción, eriva en un desengaño incurable y extensivo. Los sujetos desean formar comunidades y agrupaciones, pero desconfían de aquello que huela a negocio político.

Si la política es proyecto, el proyecto como tal concluyó. La existencia en la cultura del consumo carece de un trazo fijo y vertical. La vida empieza otra vez, elástica, móvil, variable.

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