Al tiempo se para
La tradición, la pacatería y la posición de provincianos periféricos en un mundo global, se vio algo descompuesta este año en la TV local que se animó a mostrar más cuerpos con menos ropa y más costumbres que rarezas.
La tendencia se hizo evidente, y se acantonó -en su momento más "caliente"- en el unitario "Doble vida", que lunes tras lunes del primer semestre subía el voltaje erótico y retorcía el argumento con el objeto de medir más, y con el supuesto de escandalizar a la clase media, su público "natural".
La idea misma de doble vida ya daba el tono: todos, todos nosotros, los pequeñoburgueses progresistas y bienpensantes, también tenemos algo que ocultar: un cadáver en el ropero, una amante, un amante, un incesto, un abuso, otro abuso y mucha infidelidad, la sal de la vida. Es que potencialmente, todos somos cornudos.
Escenas de prostíbulo de lujo (o muy exclusivo) donde fungen sus calculados movimientos Pamela David, cuyos guiños son capaces de enroscar a una jirafa ciega, más dedicada al chantaje que a la felación (y todo indica que debería haber sido al revés).
Y tampoco faló una muerte por accidente, una madama (la señora Casán, que ya era hora), y sus chicas, la "inocente" Romina Ricci, que simulaba o parecía simular no haber visto en su vida un pene, o Valentina Bassi, que simulaba o parecía simular no haber visto en la vida otra cosa que penes.
Por supuesto, la incitación al ratón no podía prescindir del lesbianismo insinuado y acusado entre Juanita Viale y Patricia Viggiano, muy ducha en esos cortes, parecía moverse (Mao dixit) como el revolucionario entre el pueblo o el pez en el agua. Pero todo muy civilizado.
Tampoco falta el sexo (casi) exolícito, un bello seno, una bella pierna sin entrepierna, un largo beso de lengua, largo, largo como un cuerpo, detenido el lenguetazo donde se debe detener, mientras en foco, los ojos desorbitados de la agraciada todo lo dicen: doble vida.
El chileno Gonzalo Valenzuela se dio el gusto de tener un protagónico de lujo: testigo de mala praxis, medio dealer, medio adicto pero todo un galán o galancete, sobre todo por el soplete (valga la redundancia, le dicen "Manguera").
Pero argentinos hasta la muerte, como Roberto Rimoldi Fraga, "El Tigre", Carolina Ardohain, "Pampita", de fugaz paso por nuestra doble vida, pasó al acto y blanqueó la suya: se separó de Martín Barrantes, un polista, y se fue a vivir a Santiago, donde se juntó con un chileno, es madre, recuperó la figura y no tiene que escuchar que en los desfiles le susurren en los oídos...mucamita.
El cierto fue tan grande que hasta Roberto Carnaghi, uno de los pocos actores argentinos dignos de respeto, se animó a dar vida a un narco colombiano. La verosimilitud no existía, pero ¿qué importa cuándo uno, cualquiera tiene una "doble vida"?