Publicado: 06/03/2011 UTC General Por: Redacción NU

A todo o nada

Por Antonio Lizzano
A todo o nada
Redacción NU
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La frase no fue nada menor. Más, si se toma en cuenta que 2011 es un año electoral. Pero no es un año electoral común y corriente. Todo lo contrario: es un año clave para la mayoría de las figuras de peso de la política argentina, ya que puede significar el fin de un período, el del kirchnerismo, y el principio de uno nuevo, si llega al poder alguna de las alternativas de la oposición. A eso se suma que para muchos dirigentes la elección que se avecina definirá de una manera radical su futuro político: la gloria o el fin de la permanencia en las grandes ligas.

Y el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, sabe eso mejor que nadie. Por eso la frase que pronunció al cerrar el discurso que inauguró las sesiones ordinarias de la Legislatura, el martes por la mañana, es tan importante y decisiva para saber lo que hará el ingeniero en los próximos meses. ?No sé si es el último discurso como Jefe de Gobierno. Es el último discurso de mi período de cuatro años. La diputada nacional Gabriela Michetti piensa que soy el mejor candidato a presidente que puede tener la Argentina, pero también quiere que siga en la Jefatura de Gobierno?, dijo el titular del Ejecutivo porteño, al concluir el mensaje que brindó ante los legisladores.

Minutos antes, el jefe comunal les pidió a los diputados porteños que trabajaran para modificar las leyes para que este año los vecinos de la Ciudad no se vieran obligados a concurrir a las urnas varias veces y, además, se comprometió a fijar las fechas para las elecciones de autoridades locales y comunales en cuanto estos cambios a la normativa se hayan sancionado.

El interés inicial y principal del líder de Propuesta Republicana (PRO) es presentarse como candidato a presidente de la Nación y en ese escenario prefiere que los comicios se unifiquen para arrastrar bajo su nombre a toda una larga lista de candidatos a diputados, legisladores, autoridades comunales y a quien sea su sucesor en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad.

Así, el ingeniero exigió ?simplificar? el calendario electoral. La puerta abierta que dejó Macri al no descartar del todo la posibilidad de buscar su reelección al frente del Gobierno porteño tiene su origen en la difícil encrucijada que le plantea el panorama electoral.

Si se juega por entero a la Presidencia e hipotéticamente enfrenta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, si ésta se decide a ir por un segundo mandato, las mediciones más serias pronostican una polarización del electorado que le depararía alguna chance de llegar a un ballottage con Cristina, cumpliendo de esa manera el objetivo planteado de mínima.

Aunque la performance del postulante PRO sea muy buena, más si se tiene en cuenta los pocos años de vida que tiene el espacio macrista, existe la muy razonable alternativa de que Macri pierda en segunda vuelta con la candidata kirchnerista y en ese caso el jefe comunal se quedaría sin nada.

Para dejarlo en claro: no tendría ningún cargo electivo, salvo el de ser el líder de su partido. Esa hipótesis es analizada profundamente por varios allegados al Jefe de Gobierno, quienes creen que debido a la división de la oposición y al empuje K, que según ellos aumentó luego de la muerte de Néstor Kirchner, la Presidenta derrotaría a cualquier postulante opositor sin descartar que lo haga en primera vuelta.

En ambos escenarios, a Macri le convendría ir por su reelección que, según las encuestas, obtendría sin dificultades, cualquiera sea el rival que tuviera enfrente. Siguiendo esa lógica, el ingeniero tendría cuatro años más para acrecentar su partido a nivel nacional, aprovecharía la experiencia de su primer mandato para intentar realizar una gestión un poco más convincente en la Ciudad y llegaría al fin de su administración con chances concretas de ser el nuevo presidente de los argentinos luego del fin del kirchnerismo.

Esos dos escenarios son los que llevan a que Macri dude, porque su apuesta presidenciable lo obliga a jugarse a todo o nada. La Ciudad y las internas de su partido hoy no le brindan las garantías de antes. Y el jefe comunal es absolutamente consciente de ello. Por eso, duda.

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