Publicado: 17/09/2010 UTC General Por: Redacción NU

En el borde del camino

El 23 de este mes la central obrera renueva autoridades: Hugo Yasky buscará la reelección, contra la lista de Pablo Micheli, bancada por Víctor De Gennaro. Se disputan dos miradas sobre cómo posicionarse frente al kirchnerismo y la CGT.
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Redacción NU
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Las elecciones de CTA enfrentan a sus principales dirigentes y angustian a sus militantes. Tienen épica superestructural y congoja en las bases. ¿Cuáles son los temores y fantasmas? ¿Que la reelección de Yasky acelere la supuesta reincorporación a la CGT? ¿Seguir sosteniendo un modelo alternativo que no distingue los pisos razonables de distribución obtenidos desde 2003? Es decir, el centro del debate es el kirchnerismo.

Dice Florencia, joven militante de ATE Capital: ?Estoy con Víctor (De Gennaro) porque la CTA no se casa con ningún gobierno?. La renuncia al análisis de ese enunciado funda un modo de lealtad que condicionará mucho a los militantes y afiliados a la hora de votar. Se está viviendo un momento al rojo vivo. Y aunque no es la primera vez que esta central sufre una turbulencia, sí es una de esas jornadas excepcionales en donde la tensión surge de sus propias entrañas y amenaza con ir por todo.

?Mirá, el panorama viene cada día más complicado, hay dos posiciones muy fuertes: una, liderada por el sector oficialista de ATE, con Pablo Micheli (candidato) y Víctor De Gennaro (que apoya) a la cabeza (lista 1); y después está el otro sector liderado por Hugo Yasky (lista 10), que va por la reelección como secretario general de la CTA.? Ese panorama binario lo entonaba a Noticias Urbanas, hace casi tres meses, Pablo Genaro, delegado general de ATE en la Legislatura porteña. Consultado hoy sobre sus temores, el dirigente aliado a Yasky expone un punto de vista interesante: ?Una de las banderas que la CTA siempre ha defendido es el esquema de la autonomía, que es una cuestión que luego fue bastante bastardeada, porque hablar de autonomía no es hablar de neutralidad?. Y ahí sujeta el carro a todos los logros que se obtuvieron en materia social durante los años kirchneristas.

La pregunta se le formula a la ?autonomía?: ¿cómo se relaciona la CTA con una agenda de conflicto que no protagoniza pero de la que puede ser parte central, de acuerdo a la calidad de su representación? Las estimaciones del resultado de sus próximas elecciones del 23 de septiembre no siembran sólo el misterio natural de su posible resultado, sino que están enmarcadas en un proceso agotador en el que se vislumbra el mayor riesgo: la ruptura de su unidad. En los jugadores visibles de su juego se escenifica una ruptura que estaba en el ADN de esta central. Sin embargo, una afilada militante de la Juventud de la CTA que prefirió el anonimato señala: ?En 1952 ya se dio la discusión, al interior de la propia CGT, acerca de la autonomía: particularmente en relación al control de los trabajadores sobre las obras sociales. Somos muchos los compañeros que creemos que fue por perder esta discusión en 1952 que nuestro pueblo no pudo resistir al golpe del 55 y los años de restricción democrática que abrió ese golpe. La discusión por la autonomía en la Central no es una novedad: sí lo es el hecho de que los trabajadores podamos dirimir esta discusión por medio de una elección directa. Pase lo que pase, se defina lo que se defina, lo vamos a decidir los trabajadores votando. Estoy orgullosa de ser parte de este proceso?.

Un síntoma inicial de la incomodidad de la militancia de la CTA fue la carta abierta que les dedicó a los dirigentes Milagro Sala. Les habló con el corazón y ellos le contestaron con el silencio. ¿Qué dijo? ?La Central es una herramienta que el pueblo adoptó y construyó con mucha lucha y sacrificio, es una construcción colectiva que no podemos permitirnos debilitar con enfrentamientos que muchos de nosotros no terminamos de comprender. Yo no pretendo decirle a nadie lo que tiene que hacer, simplemente recupero, con toda humildad, las enseñanzas que ustedes me dejaron y quedaron atesoradas en mi corazón de colla.? Directo al corazón blanco de los dirigentes.

El domingo pasado, Horacio Verbitsky metió cuña en la interna: ?Mientras los docentes están unidos detrás de Yasky, los estatales se fragmentaron entre las dos listas. Si Micheli no resultara electo, el año próximo debería defender también su asiento en ATE, que renueva su conducción. En cambio Ctera acaba de reelegir por el 76 por ciento de los sufragios a Stella Maldonado, de la lista de Yasky.? El as bajo la manga de la lista de Micheli es la amenaza continua (por lo menos desde 2002) de la candidatura a presidente de la Nación de Víctor de Gennaro.

Karina Arellano, con amplia trayectoria en el trabajo de formación dentro de CTA, es una gema que pone en palabras el discurso de la incomodidad: ?Para mí hay una instalación de las elecciones de la CTA que es netamente espectacular. Colmada de pujas, de mala leche, de operaciones que subestiman la trayectoria y el entramado de una construcción como es la de esta central obrera. Es muy fácil identificarla porque en esa instalación se habla de candidatos presidenciales, de ex intendentes, de partidos políticos, de diputados; que seguramente estarán afiliados a la CTA y conocerán sus realidades pero bajo ningún punto de vista tienen noción de la vida y la sensibilidad de nuestra organización?. Así surge una palabra inesperada para quienes mascullan el vocabulario contemporáneo: sensibilidad. CTA es una experiencia sensible que recubre las espaldas de lo que en los años 90 ?resistió?. Para Karina, la interna es ?el punto más bajo de nuestra discusión. Atravesamos la misma situación que tienen todas las orgánicas actuales: sufrimos del problema del autogoce de las verdades?.

El problema de fondo toca la cuerda filosófica de la praxis: ?Para hacer sindicalismo fuera de la CGT hay que tener una capacidad muy grande. La capacidad que tuvo CTA de asumir la desnudez, pelear y escuchar. Eso es básico, hasta que no haya conducción colectiva con claridad en esto los trabajadores aparecemos como los monigotes de dos periodistas viejos. Lo que hay que bancarse, como cuando nos fuimos de la CGT, es la situación de fragilidad. Como el otro día decía (el legislador) Martín Hourest: ?Una situación de fragilidad sólo puede ser resuelta colectivamente. Y eso lleva, a la vez, a otra cosa, que es que cuando la debilidad puede ser resuelta colectivamente las diferencias de la estética del desnudo se tornan irrelevantes o hasta ofensivas?. O sea, cuando nuestra discusión no era la venta del modelo de ropa interior, sino la asunción de la desnudez con las imperfecciones y características de cada uno, habíamos construido un umbral de visión política.?

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