Las desventuras de Cabrera
El atildado ministro de Desarrollo Económico, Francisco "Pancho" Cabrera, adolece, según sus enemigos, de dos defectos que oscurecen su gestión: una cierta displiscencia en el trato que roza la soberbia y un escaso apego a la gestión diaria de los asuntos gubernamentales.
El primero de sus "karmas" sólo ha logrado el enojo de algunos de sus colegas y no mucho más, pero el segundo lo lanza hacia un destino de conflictividad permanente al interior de un gobierno que hace -o pretende hacer- de la gestión el eje de su propuesta política.
Cabrera formó parte antes del área de marketing de Hewlett - Packard y luego fue director ejecutivo del diario La Nación y fundador y gerente general de Máxima AFJP. Gran parte de su carrera empresarial la desarrolló dentro del Grupo Roberts, por cuenta del que integró los directorios de La Buenos Aires Seguros y la compañía de medicina prepaga corporativa Docthos, hasta que estas empresas fueron adquiridas por el banco HSBC.
Este lunes, Cabrera, que arribó a los 55 años, conmemorará posiblemente el cumpleaños más amargo de su vida, cruzado
por la pérdida de la confianza que le dispensó durante dos años Mauricio Macri y por una larga serie de cuestionamientos
que le vienen disparando desde hace varios años algunos dirigentes del PRO, basados especialmente en su escasa
disposición a la gestión y en lo que entienden como un excesivo apego a las tareas de la Fundación Pensar, dedicada a la confección de los planes de gobierno para la campaña Macri presidente 2011.
Bajo la línea de flotación
Pero el tema que más afecta a Francisco Cabrera es, indudablemente, la desconexión que fue detectada después de la caída del gimnasio -quizás una metáfora del futuro del ex CEO de La Nación- entre el área de control del trabajo y la
Agencia de Control Comunal.
En efecto, Cabrera es el jefe del ahora cuestionado subsecretario de Trabajo Miguel Ángel de Virgilis, que era el
responsable directo del director general de Protección del Trabajo, Ángel Rodríguez. Éste fue el que recibió la denuncia de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA) acerca de la falta de aputalamiento en las medianeras, que jamás fue
retransmitida a la Agencia de Control Comunal. En esta falla surge la sombra de una corrupción no comprobada, pero que
alienta las sospechas.
De todos modos, una cosa es segura. Ésta no es la primera vez que los vientos azotan a Francisco Cabrera, pero la suma
de cuestionamientos esta vez ponen en peligro su continuidad en el cargo. Lo mismo, pase lo que pase, nada se hará de
inmediato, por lo que el desenlace de esta situación quedará en suspenso. Por el sí o por el no.