Campañas mediocres, porteños desinformados, futuro incierto
Las campañas políticas que se están desarrollando con vistas a las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires del 24 de agosto próximo, están cruzadas por una insoportable chatura, motivada en especial por el miedo a equivocarse que sufren los dos candidatos que lideran las encuestas.
Este "efecto terror" está generado por la paridad que marcan los números de las encuestas para las posibildades de ambos postulantes. Es así que cada vez que éstos recitan una frase ante un periodista giran inmediatamente sus miradas para observar las columnas de los números de las consultoras, devenidas de esta manera en la frontera entre la felicidad y la tristeza.
En el último tramo de sus campañas electorales, ambos candidatos entraron en una incómoda etapa de denuncias y acusaciones, en algunos casos cercanas al insulto. Mientras tanto, la expectativa por el debate entre los principales postulantes a la Jefatura de Gobierno se mantiene vigente, porque hasta este martes 12 de agosto, éste aún no ha sido confirmado.
Es que quizás en esta instancia -la del debate- se definan los números finales de la elección definitiva, la que se producirá el 14 de septiembre. Ibarra, que al principio no quería el debate y eludió elegantemente el desafío que le lanzó Macri, hace unas semanas, poseído por el inusitado fervor de los conversos a la causa de los polemistas, lanzó su desafío a los cuatro vientos. Entretanto, Mauricio Macri, poseído ahora por una prudencia de la que adolecía en los albores de la campaña, promete que debatirá solo cuando se haya producido la primera vuelta.
Estas especulaciones casi "de mesa de dinero" -sólo números, sin alma-, dotaron a la campaña por la Jefatura de Gobierno de una medianía difícil de superar.
Los mensajes que ambos dirigentes enviaron hacia la ciudadanía dicen poco: "Nuevo Ibarra", "Progreso Para Todos", "Pasión por Hacer", "Mucha Experiencia, Mucho Futuro", "Por lo que Hicimos, Por lo que Vamos a Hacer". En todas estas consignas aparecen apelaciones superficiales y sin contenido político, típicas de dirigentes desorientados y proclives a trabajar sin sacar los pies de un plato imaginario, que sería el límite ideológico de lo que piensa "la gente".
Hablando de la gente, muchos se preguntan adónde están las ideas, los programas de gobierno, las especulaciones políticas, las medidas que cambiarán de alguna manera la vida de los porteños, o la mejorarán, o la empeorarán. En una palabra, todos desean que, aunque se equivoquen, digan algo. Que dejen de hablar en idiomas extraños y con los jueces -las denuncias judiciales se suceden- y se dignen a hablar con los ciudadanos, que ocupan el desagradable rol de los convidados de piedra.
Sorprende también la pobrísima oferta política de la izquierda vernácula, que pareciera añorar los viejos tiempos en los que echarle la culpa de todo al "imperialismo yanqui" permitía obtener pocos votos, aunque casi siempre los suficientes para seguir existiendo.
Desde la derecha, si bien apareció la UCeDé blandiendo un duro discurso ideológico, no abunda la originalidad y sus declaraciones se originaron más bien en sucesos del orden nacional, sin ahondar mayormente en sus propuestas sobre la Ciudad.
En una palabra, si de lo que dijeron hasta ahora los candidatos, lo que más interesó a la opinión pública fueron las acusaciones de "Lilita" Carrió sobre Mauricio Macri -le llamó contrabandista- y los carteles que se preguntan "¿De Nuevo Ibarra?", ¿en base a qué ambos candidatos les piden a los porteños su voto?; ¿qué van a hacer los ganadores con el poder que nace del sufragio de sus concuidadanos?; ¿qué cosas van a cambiar para los porteños de aquí en más?. Si nos atenemos a lo que dijeron en la campaña, no hay respuesta a estos interrogantes, por lo que, una vez más, los porteños votarán a ciegas.
Ante tanta ausencia, Ibarra apuesta casi todo al apoyo del presidente de la Nación, Néstor Kirchner, en tanto que su rival, Mauricio Macri, intenta contrarrestar esta ventaja de su rival con un fuerte despliegue económico. A alguno de ellos les servirá para ganar, pero ¿qué ganarán los porteños?.