Publicado: 20/11/2010 UTC General Por: Redacción NU

Kirchnerismo: ¿nacimiento o resurrección?

Dice que recién con la muerte del ex presidente es posible hablar de la existencia real del kirchnerismo. Y del ámbito porteño, que a la Ciudad hay que “rescatarla de sí misma”.
Kirchnerismo: ¿nacimiento o resurrección?
Redacción NU
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Sociólogo, ensayista, antiguo militante de ?la gloriosa Jotapé?, director de la remozada Biblioteca Nacional y referente de Carta Abierta, el principal nucleamiento de intelectuales kirchneristas, Horacio González fue uno de los primeros en advertir que la muerte de Néstor Kirchner estaba ligada al asesinato de Mariano Ferreyra y que si éste es bien resuelto existen las condiciones para la manifestación de un potente movimiento kirchnerista.

Noticias Urbanas fue directo al grano.

?Es una paradoja que el kirchnerismo parezca a punto de cuajar como identidad política a partir de la muerte de Kirchner. En sus últimos escritos usted afirma que un requisito para que eso pase es que se esclarezca el asesinato de Mariano Ferreyra y se castigue a los culpables.
?Asombran los efectos que tuvo la muerte de Kirchner. Una cosa era el Kirchner encerrado en Olivos llamando a todo el mundo desde su celular y otra cosa es ahora que ?camina entre la gente?, como dijo Cristina. Aquel Kirchner pertenecía a la operación política habitual (aunque hecha con un grado de excepcionalidad muy interesante), y éste a la elaboración de una leyenda. Acá, claro, se presenta un problema. Siempre habrá quien diga que no hay derecho a elaborar nuevas leyendas habiendo tantas que cumplen un papel asfixiante en la política argentina. Podemos responder que nadie elabora premeditadamente una leyenda. Que pertenecen al pensamiento social colectivo. Hay, sí, una paradoja: que en vida de Kirchner no se podía hablar de la existencia de un kirchnerismo porque Kirchner actuaba en las líneas del peronismo, se había refugiado dentro de sus pliegues. Tendría sus razones, pero el pensamiento anterior de Kirchner era menos un pensamiento de estructuras políticas y más de gestos, de signos. Como revolear el bastón de mando, descolgar el busto de Videla?

?O tocarle un muslo a Bush después de haberle hundido el ALCA en sociedad con Hugo Chávez.
?Sí, sí. Pero después, ¡zas!, se topó con las estructuras de comando, de dominio, de hegemonía. Y ahí encontró nuevamente al Partido Justicialista. Que era y es un problema evidente por su naturaleza. Porque, siendo muy generosos, el PJ es un partido conservador popular. Pero una vez muerto, Kirchner, pronuncia Cristina una frase interesantísima: ?camina entre nosotros?. La leyenda del caminante entre la multitud establece una gran diferencia respecto a las estructuras anteriores, las del PJ, y coloca a Kirchner en diálogo con porciones materiales de la vida social: la juventud, los más dispuestos a las transformaciones, los no partidarios, lo cual no quiere decir que no haya también un tema de herencias del peronismo. En este sentido hay una paradoja vinculada a las formas del dolor, de las cuales saben bien los místicos, las religiones y los teólogos de la política. Por más que la Argentina no viva un momento teológico-político, está esa paradoja: la muerte de Kirchner genera un gran dolor, se habla sobre el dolor, la Presidenta reflexiona sobre su propio dolor y lo distancia, diferencia lo íntimo de lo público. Y al mismo tiempo, se da la paradoja de que recién ahora es posible pensar en resolver ciertos nudos de la política argentina en los que Kirchner estaba inmerso. El principal nudo es el del PJ, algo que lo sostenía, que era una fuerza propia y que al mismo tiempo era un obstáculo. Resolver ese nudo es un gran tema de la historia argentina contemporánea.

?¿Cuál es su papel dentro del kirchnerismo naciente?
?Ya se verá. Fui uno de los tantos invitados por Kirchner a participar de la escena política que se movió alrededor de ciertos signos que destilaba la fábrica de signos que tenía Kirchner, quizá un productor involuntario de esos signos, pero, aún así, a mi juicio, esa producción de signos fue lo mejor que tuvo. Los que queríamos a Kirchner estamos inmersos en un dolor sereno, pacífico. Y también estamos inmersos en esta paradoja. Porque para mí la idea de seguir teniendo un diálogo imaginario con Néstor Kirchner es una idea duradera. Por lo que su muerte significó una herida profunda en mi propio pensamiento.

?¿Cuál es la paradoja?
?Que muchos de los obstáculos de los procesos de transformación impulsados por los Kirchner, muchos de estos nudos, provienen de quienes aparecen en una situación de apoyo.

?Precisamente, en sus últimos artículos, usted se refiere a la imperiosa necesidad de continuar y profundizar las transformaciones y al ?desmonte de las gavillas mafiosas que ensombrecen la república?. Lo dijo a propósito del asesinato de Mariano Ferreyra, tras estimar que su completa resolución es un requisito para que el kirchnerismo pueda nacer. Me llamó la atención que tanto Máximo Kirchner como Jorge Altamira coincidieran con usted acerca del fortísimo impacto que tuvo en Kirchner el asesinato de Ferreyra.
?La política es una. Es un despliegue de cuestiones que tienen una fuerte unidad y comparten un mismo universo, por lo que no es de extrañar que coincidamos en esta apreciación. Respecto a la política argentina, los temas del Partido Obrero están planteados con una relación causa-efecto con la cual no coincido porque presentan una fuerte condensación en temas muy arquetípicos. Pero expuestos de otra manera, ampliados, diseminados en la sociedad, son temas de gran interés. La acción de asambleas constituyentes, la cuestión del capitalismo y su asfixia, la configuración de espacios de pensamiento político alrededor de lazos sociales? El PO tiene un pensamiento que se atribuye a un arquetipo fijo. Que desplegado históricamente es interesante. Altamira afirma que Kirchner murió a causa del impacto que generó en el sistema político el asesinato de Ferreyra. Y su hijo intuyó bien porque compartía la intimidad de Kirchner. Sabemos que Kirchner sintió fuertemente este asesinato, un crimen que atentó contra su construcción política, una construcción precaria, que no era un palacio sino algo hecho con los defectuosos ladrillos que provee la sociedad argentina. En este sentido, y más allá de que eso asuste, me parece que hay que pensar ambas muertes en común.

?Kirchner fue muy tajante en el hecho de que había que aclarar sí o sí este asesinato.
?Y es imposible que al decir eso, siendo él, no cuestionara un modelo político que tiene profundas raíces en la historia argentina. Porque no hay que escarbar mucho para encontrar relaciones entre el palco de Ezeiza y el asesinato de Ferreyra. Por eso, este crimen tiene una fuerte resonancia y obliga a tratarlo con la profundidad que merece, relacionándolo con una serie de hechos que hacen a la memoria política argentina. Hay que ser muy cuidadosos porque la emergencia de este matonaje, por llamarlo de alguna manera, esos ?muchachos? que van a fiestas, que rondan el PJ y los sindicatos, la escena política, a Kirchner no se le podía escapar. El mundo globalizado es un mundo fotogénico, de imágenes tomadas con camaritas a cada paso, un mundo de fotogramas permanentes. Y Kirchner era una persona de gran sensibilidad y no puede haberlo ignorado. Sabemos que se sintió profundamente vulnerado. Lo que dijo su hijo es cierto: ese disparo fue también contra él, aunque el cuerpo muerto fuera otro. Porque el hecho es que, a ese cuerpo muerto lo siguió el suyo pocos días después. Con todas las profundas diferencias que hubo entre ambas muertes. Porque la muerte de Kirchner afectó a la política nacional en su conjunto, ocurrió en la historia plena de la Nación. Y la de Mariano Ferreyra ocurrió, como quien dice, al borde de las vías. Y en un sector que hasta ahora no conocíamos bien, que estaba tapado o al menos relegado: la lucha de los tercerizados que cortan las vías del tren. No parecía un hecho central de la política argentina, pero si lo tomara un gran narrador trágico, un Sófocles argentino del siglo XXI, tendría que poner estos hechos, el marginal y el central, mancomunados. Nunca hubiéramos estimado tanto a un tipo como Kirchner si hubiera sido incapaz de pensar estas cosas. Aunque no las dijera de este modo.

?Es un alivio ver que el asesinato de Ferreyra parece estar en vías de esclarecerse.
?Parece estar resolviéndose, sí. Están los artilugios y lentitud propios de la Justicia, pero da la impresión de que el caso está en manos de una fiscal y de una jueza competentes. Y que, como en tantas novelas policiales, el o los asesinos están en la ronda de los ya detenidos. Y que es evidente que todo apunta a una estructura sindical.

?Que a su vez se imbrica con esas mafias instituidas que son las barras bravas. Que a su vez tienen departamentos enteros de las policías dedicados a relacionarse con ellas, departamentos con los que, como es de pura lógica, terminan asociadas. Si en la Argentina no hay maras o pandillas es porque existen estas estructuras: mafias más sofisticadas.
?Para la Presidenta, gobernar va a ser tratar tanto la deuda externa y la producción de automóviles y como bien decís, también los núcleos de poder que anidan en la cultura popular. La nuestra es una gran cultura popular por su lenguaje e imaginería, y sin embargo debe ser redimida del peso que tienen estas formas oscuras de generar poderes ocultos que hablan con sus términos. Nuestros populismos pasados deben revisar ese comportamiento que tenían, muchas veces, de justificar los comportamientos más oscuros. La figura del hincha de fútbol hace mucho que no es el compuesto por Discepolín, ni siquiera el retratado en los 60 por Martínez Suárez. Es necesario desanudar las estructuras económicas de las hinchadas de hoy. Tiene que ser una política nueva, porque evidentemente, la trama entre sectores policiales, de las hinchadas, del empresariado del fútbol y de los estamentos sindicales no es fácil de desmontar. No imagino cómo deberán ser los nuevos conceptos ni las nuevas acciones que desarrollen esto, pero aún así pienso que éste es el período histórico en el que puede hacerse, que no va a haber otro. Y que lo primero es derribar el lenguaje ocultador que caracteriza a la política argentina.

?Raúl Zaffaroni aboga por cambiar el sistema presidencialista por el parlamentario. Otros defienden a capa y espada la concentración del poder en el presidente, tal como consagra la Constitución. ¿Cuál es su posición?
?Considero que el presidencialismo es la garantía de la democracia. Creo que si el parlamentarismo se instalara en la Argentina, ésta no podría evitar ciertas formas de golpismo. Y que eso de algún modo ya quedó demostrado. Los personajes del parlamentarismo son oscuros, como (Julio Cleto) Cobos. En cambio, la herencia presidencialista es épica y transformadora.

?Usted es uno de los principales animadores de Carta Abierta, que siempre procuró tener posición en lo que hace a la política doméstica, la de nuestra ciudad, a la vez autónoma y capital de todos los argentinos. ¿Cuál es su visión de su presente?
?A la Ciudad hay que rescatarla de sí misma. Su vida política es muy asfixiante. Lo dejó claro que, en su momento, una porción mayoritaria de sus ciudadanos haya votado a Macri. La Ciudad es muy interesante. Es la sede latente de los procesos de emancipación que van más allá de la Argentina, tal como demuestra su historia. En 1810, en 1973, en momentos muy importantes de la vida política argentina, la Ciudad de Buenos Aires evocó a la Comuna de París. Es decir, a una ciudad en la que una porción importante de sus habitantes, movilizados, encabezaron procesos emancipatorios. Hoy vive otro momento, que es la otra gran veta para pensarla: un momento en el que se destacan las fuerzas más egoístas, más tacañas, más cobardes frente a la vida social, expresadas por enjambres de taxistas que ofician de voceros del miedo. Hay que emancipar a la Ciudad de Buenos Aires del miedo, lo que no es fácil porque, efectivamente, hay elementos comunes a todas las grandes metrópolis contemporáneas que habilitan cierta idea de que el ciudadano debe necesariamente tener miedo. Pero la verdad tangible es que los ciudadanos con miedo son la fuente de gobiernos autócratas, por un lado, y por otro, de gobiernos empresariales y gerenciales como el que tiene hoy la Ciudad de Buenos Aires. Ante esta situación, se demora en aparecer un estilo nuevo en la oposición. El modelo de Macri consiste en confinar la política dentro de departamentos en los que se encierran ciudadanos asustados que escriben e-mails insultantes. Una política que tuvo éxito. Y aunque no tengo nada contra los que escriben en Twitter, su fanatismo de algún modo también expresa esa forma de hacer política.

?¿En qué puede afectar a la política ciudadana la emergencia de un movimiento kirchnerista potente?
?La Ciudad de Buenos Aires no puede ser una ciudad europea encastillada, enemiga de los inmigrantes. Hasta el momento, el Gobierno nacional percibió claramente que Buenos Aires tiene que ser una ciudad abierta. Si bien carece de una política clara para la Ciudad, implícitamente defiende la existencia de una ciudad porosa, en la cual los ciudadanos bolivianos y paraguayos tienen derechos, entre ellos el de que se los provea de documentos de identidad. Hay una tensión en Buenos Aires entre una ciudad que plantea la ciudadanía universal emancipada respecto a los migrantes latinoamericanos y una ciudad atrincherada, encastillada, una fortaleza de ciudadanos asustados. Macri expresa eso y todavía no está elaborado el lenguaje capaz de producir una conversión/convulsión espiritual colectiva que permita derrotarlo.

?¿Qué es lo que debería hacer la oposición a Macri para derrotarlo, según usted?
?Existe la posibilidad de honrar el legado de Kirchner si evitamos ponernos lacrimógenos y sensibleros y pensamos en los destellos que ha dejado. Hay una posibilidad cierta de forjar una alianza social y política que exprese a los sectores progresistas y nacional-populares. Debemos actuar decididamente en esa dirección. Hoy prima una política menuda, pequeña, en Buenos Aires, llena de pequeñas operaciones, de runflas, de configuraciones estamentales, incluso dentro del propio kirchnerismo. Se dirá: son aspiraciones legítimas, pero falta la gran tarea, que es la conformación de un gran frente social y político, en la Argentina y en la Ciudad. Aún no sabemos su nombre, pero sí que su memoria es nacional-popular con agregados progresistas.

??Kirchner? era hasta hace unas semanas una mala palabra para muchos hipócritas que ahora lo recuerdan cálidamente como ?Néstor?. No cabe duda de que es una marca fuerte. ¿Cómo la ve?
?La palabra ?Kirchner? es muy sugestiva en estos momentos. Aunque el propio Kirchner no era partidario de generar forzados personalismos, el modo en que su muerte sacudió las conciencias juveniles y también las de nosotros, los más viejos que no estábamos dispuestos a subirnos a cualquier carro ni mucho menos a abonar el largo capítulo de la sensiblería nacional, algo tiene que significar, evidentemente. Digo, significar respecto a la posibilidad de dar un golpe de timón en la sociedad argentina hacia un destino mucho más abierto y diáfano. Creo que la Presidenta está reflexionando sobre estas cosas. Y muchas de las frases que dice van en esa dirección. Por ejemplo, ?Kirchner camina entre nosotros?.

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