Enríquez renunció a la UCR y presidirá un nuevo partido
El legislador porteño Jorge Enríquez presentó este viernes 10, la renuncia a la Unión Cívica Radical, para asumir la Presidencia de su nuevo partido político denominado Unión Republicana. El acto de asunción se llevará a cabo el día lunes en el Club Español (Bernardo de Irigoyen 172), en el Salón Imperial, a las 19:30.
La carta que le envió Enríquez al partido dice lo siguiente:
"Me dirijo a usted a fin de comunicarle mi renuncia a la condición de afiliado a la Unión Cívica Radical. Es ésta una decisión dolorosa para quien militó desde temprana edad en el histórico partido de Alem e Yrigoyen, y por eso mismo ha sido largamente meditada. Las circunstancias han precipitado una determinación que habría debido adoptarse antes, si no fuera por el profundo desgarramiento afectivo que conlleva. He tomado conocimiento de que se han activado, por parte de algunos de los liquidadores de la Unión Cívica Radical, algunas solicitudes de expulsión, amparadas en una estalinista resolución de la Convención Nacional, dictada hace un par de años, que dispone esa sanción para aquellos afiliados que expresen ideas distintas a las de la mayoría circunstancial que gobierna al partido. Me honra saber que he sido incluido en ese Index infame. Quizás mi último servicio a esta fuerza política sea ahorrarle el engorroso trámite de dar curso a esas denuncias, que no tienen el menor sentido en los momentos que vive el país".
"Es hora de barajar y dar de nuevo. El ideario y el sentimiento radical no han de morir, porque integran el patrimonio histórico y cultural de la Argentina, pero los radicales deberemos decidir de una vez si esta estructura formal nos sigue representando, o es solamente un fósil, es decir, un objeto inerte, la cáscara de lo que alguna vez fue un ser vivo. Adopto hoy una decisión difícil en mi vida, que nunca imaginé que me vería forzado a asumir, pero lo hago con pleno convencimiento de que es necesaria. Lejos de abandonar el radicalismo, me libero de una organización desvinculada de sus afiliados, para ser más auténticamente radical. Hay que decirlo sin titubeos: la UCR abandonó al pueblo, y por eso el pueblo no respaldó a la UCR, cuyos dirigentes actuales no pueden levantar las banderas populares de Alem, Yrigoyen, Alvear, Lebensohn, Larralde, Balbín, Illia, Alfonsín y tantos otros correligionarios ilustres. Ellos, con un sentido exquisito de la militancia, marcaron a fuego en mi espíritu un claro sentido del sacerdocio laico que implica el servicio al prójimo y la solidaridad civil, privilegiando a los más desposeídos".
"No reconozco en la burocracia partidaria de estos días el temple republicano forjado en mil luchas cívicas, desde la adversidad, que le diera ese peculiar carácter ético al radicalismo. ¿Cómo conciliar el espíritu del legendario bloque de los 44 con esta oposición complaciente, mero apéndice del oficialismo? Por mi parte, continúo aportando desde mi posición, una contribución para el reconocimiento de aquellos dirigentes que supieron conducir a la Unión Cívica Radical a lo más alto de la política argentina. Prueba de esto son las resoluciones 214, 305 y 478 de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, promovidas por el suscripto en el corriente año, que resolvieron el emplazamiento de una placa al pie del monumento al Dr. Ricardo Balbín, la reinstalación de la placa en el solar de la calle Brasil donde nació Hipólito Yrigoyen, y la denominación al Salón Dorado de la Legislatura como Salón Hipólito Yrigoyen. Ojalá que el partido al que entregué sin retaceos mis mejores esfuerzos pueda hallar, a través de una profunda renovación, el camino que lo reconcilie con la mayoría del pueblo argentino. Sé que tarde o temprano ese camino confluirá con el de quienes desde nuevas organizaciones pretendemos mantener viva la llama que todavía late en muchos corazones argentinos. Creo que al dar este paso cumplo con el mandato de Alem: que se rompa pero que no se doble".