La Coordinadora Barrios en Lucha generó una grave interna en el Gobierno
Una pulseada de alto voltaje político vivió el oficialismo porteño la pasada semana en ocasión de ser removido de su cargo de delegado comunal del Centro de Gestión y Participación número 9 de Mataderos, Carlos Muñoz. Todavía se desconoce quién será su reemplazante, pero hasta el propio jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, tuvo que intervenir para bajarle los decibeles al conflicto.
Todo empezó cuando el 4 de abril pasado, la Coordinadora de Barrios en Lucha realizó su acto en la Federación de Box con una concurrencia aproximada de 3000 personas. Los referentes de esta mesa son los hermanos Fernando y Carlos Muñoz, junto al dirigente Rubén Saboulart. En dicho acto hizo uso de la palabra, entre otros, el presidente del Club Nueva Chicago, Alberto "Tito" Guerra, un símbolo del barrio del "Torito".
Quien no pudo asistir ni subirse al escenario en ese acto fue el actual secretario de Descentralización y Participación Ciudadana, Ariel Schifrin, con quien los organizadores vivían hace tiempo una etapa de "desacuerdos políticos", al decir de ellos mismos. Otros dirigentes como Roberto Feletti, José Luis Calvo y Alejandro Otero apoyaron abiertamente la iniciativa de esta Coordinadora.
El 16 de mayo pasado, mientras -en plena caza de brujas- se esperaba el desplazamiento de la Directora del CGP 9, Mirta Roca, que figuraba como candidata a legisladora en la lista del radical Cristian Caram, sorpresivamente a quien le llegó el telegrama de despido fue al delegado comunal, Carlos Muñoz, ese viernes a las 6 de la tarde. Fuentes de Barrios en Lucha adjudicaron el salvataje de Roca a una gestión del diputado UCR-ARI, Daniel Bravo, junto con su renuncia a la lista de Caram. Algo parecido se pretendió hacer con Cristina Ezcurra, pero en el territorio de los Larrosa no resultan tan fáciles los desplazamientos.
La Coordinadora planificó para el miércoles pasado una movilización -asistieron 1.500 personas- para conseguir la revocación de los despidos, que tenía como destino la secretaría que ocupa Schifrin. No se descartaba la toma del edificio si no se lograba el objetivo. Alterado por una puja que ya había trascendido a los propios protagonistas y prometía comprometer aún más una paz interna que el ibarrismo nunca había alcanzado a disfrutar, el propio jefe de Gabinete, Raúl Fernández tuvo que entrar en acción para que las esquirlas del conflicto no llegaran a su superior inmediato.
Cuentan en la Coordinadora de Barrios en Lucha que el motivo del desplazamiento de Muñoz, según Schifrin, "fue por actividades irregulares en la entrega de alimentos" en los 14 comedores que atiende. Pero las mismas fuentes aseguran que desde la Secretaría de Promoción Social -ante la consulta de Fernández- respondieron que las entregas "habían sido ejemplares en lo referente a organización y transparencia".
Ya rayando el malhumor, Aníbal Ibarra -a quien ambos bandos en pugna reconocen como el conductor-, encomendó a su amigo y escribano de la Ciudad, Carlos Gaitán, que acercara a las partes y evitara de cualquier forma la movilización y la toma de la Secretaría de Schifrin, por el escándalo que esto produciría. El escribano cumplió con eficiencia, ya que la sangre no llegó al río y el silencio se adueñó del conflicto.
Desde la Coordinadora dicen que la política de Schifrin es funcional a los enemigos de Ibarra, concretamente a Mauricio Macri y a Ricardo López Murphy.También dicen que el reemplazante de Muñoz seguramente responderá al sector en el que milita este último, por la presión en ese sentido que ejercen distintas organizaciones sociales y que las autoridades del Gobierno están evaluando en estos momentos.