Publicado: 14/11/2010 UTC General Por: Redacción NU

El presupuesto y la verdad

Por Martín Rodríguez
El presupuesto y la verdad
Redacción NU
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Un presupuesto es una radiografía. Es una carta de intenciones pero algo más que eso: debe ser una demostración de la fuerza del Estado. De a qué cosas se compromete el Estado, de cuántas vidas se propone cambiar. Diseñar un presupuesto, además de la dura muralla contadora que dice hasta cuánto se pueden estirar las cifras, debería ser el momento donde el Estado sueña. Es el momento donde el Estado habla en números y, por ende, un momento de lo más parecido a cuando alguien dice la verdad. Un presupuesto es una de las pocas acciones del Estado que inexorablemente nos ordenan la ideología del gobierno en cuestión, nos dicen dónde pone sus prioridades, dónde comienza a sacar peso, en qué platillo.

Por ejemplo, si en el caso concreto del área educativa desaparece el programa que atiende la problemática específica de la educación sexual hay una toma de posición en algo sensiblemente ideológico que no da lugar a dudas: es una opción que deja en claro los valores de los hombres de Estado. Bien, esa ?extinción? contempla el presupuesto porteño 2011. Se trata de una decisión que pasa por alto una ley nacional (la Ley 2.110) que le da carácter de obligatoriedad a la educación sexual.

A su vez, no se prevén aumentos salariales a docentes en el presupuesto. Y permanecen congelados los subsidios a las cooperadoras escolares.

En estos tres vértices se puede pensar que cabe el modo en que el macrismo contempla la educación pública y donde incuba problemas para el próximo año. Y este dato no es menor: porque es en la educación donde la gestión porteña mantuvo constantes conflictos. Parece el placer de una insistencia.

Las quejas incluyen cuestiones presupuestarias en el área de Salud. Y es tedioso enumerarlas. La conclusión es que se quiere poner menos plata que la que se necesita. Y que, en materia social, nunca es claro el número de cuánto es todo lo que se necesita. Siempre piden más, parece razonar.
Sin embargo, es interesante poner la lupa en la estricta cobertura que Noticias Urbanas hizo del despliegue escénico y del contenido del presupuesto en estos días, porque es ahí donde un gobierno habla de verdad. Después pasamos el año oyendo el campeonato de chicanas habituales. A la vez, el momento del debate del presupuesto puede ser donde un gobierno muestra sus debilidades más tontas. El diputado Aníbal Ibarra se tomó bastante poco en serio la presentación del presupuesto de salud. Más que continuidad, dijo, ?copiaron y pegaron las acciones programadas para 2010 en 2011?.

Las preocupaciones son muchas. Las deudas son muchas. El macrismo se ha revelado incapaz de tener una política ofensiva sobre los problemas estructurales de la Ciudad. Su política de vivienda ha tenido una enérgica y meticulosa tarea: desarmar la política que existía hasta 2007. Que era horrible (ya se sabía), que era un nicho de corrupción (lo decía todo el mundo), pero era por lo menos una garita con luz prendida, una de esas oficinas públicas y roñosas donde se podía ir a golpear la puerta y que alguien te abra, te hable de la evolución sincera y tediosa ?del expediente?, y que, por lo menos, fue capaz de poner un ladrillo, de alegrar la vida de una familia pobre y perdida en la Ciudad alguna vez. Hablo de la triste historia de la que supo ser la Comisión Municipal de Vivienda, hoy IVC. Una esquirla del Estado benefactor que el macrismo se encargó de matar como a perro rabioso.

Así, la tarea de un gobierno de derecha en un país donde la corrección política domina con sus fantasmas la opinión pública debería ser disimular un poco.

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