Michetti: "Macri tiene que pelear la Ciudad"
Si hay algo que desvela hoy a Gabriela Michetti es que la sociedad vuelva a creer en las instituciones públicas. Su afán de renovar la política la llevó, en junio de este año, a dejar en una entrevista del diario La Nación frases como "si la gente viera en qué tipo de discusiones se pierden horas en la Legislatura, la incendiaría" y "dudo que los legisladores hayamos hecho algo para mejorar la calidad de vida en lo que va de este año". Autocrítica como pocos, sin embargo, se apresta a recibir el año nuevo con cierta satisfacción por algunos logros que, según entiende, acercan a los diputados al resto de la sociedad.
NOTICIAS URBANAS: ¿Qué balance hace del año hace del trabajo de su bloque en la Legislatura?
GABRIELA MICHETTI: Para hacer un balance, primero hay que definir un parámetro. Yo creo que lo importante es establecer si hicimos cosas por la gente o no. Y desde ese punto de vista el balance es positivo. No es perfecto, se podrían haber hecho más cosas y mejor, pero yo siento que se trabajó en ese sentido, por ejemplo, con la sanción del Código Contravencional. Su redacción demandó mucho esfuerzo profesional, técnico, de legislación, de análisis de estudios comparados, de horas pasadas acá adentro. Todos, no sólo nuestro bloque, se lo tomaron en serio. Eso me pareció muy valioso, más allá de las valoraciones que posteriormente se puedan hacer sobre el Código. Otro tema importante es la rebaja impositiva (NdR: la sanción de una ley que promueve el descuento de la última cuota del ABL y la patente automotor para los contribuyentes que paguen en término). Haber logrado que el Ejecutivo y los diputados oficialistas aceptaran que en un momento de superávit se podía devolver dinero al bolsillo a la gente para reactivar el consumo es algo que merece ser destacado. No es la panacea de la reactivación económica, pero es un signo hacia la sociedad que se premie a la persona que cumple.
NU: Usted tuvo conceptos muy críticos hacia la Legislatura y en alguna oportunidad reconoció que la imagen que la sociedad tenía de esta institución no era la mejor. ¿Cree que en el transcurso de este año la gente recuperó, aunque sea en parte, la confianza?
GM: No. No me parece, porque esto es un proceso que va a llevar más tiempo. Pero voy a hacer uso de cualquier instrumento que tenga al lado mío para transmitir las cosas buenas que se hicieron, aunque sea un granito de arena en una playa de diez kilómetros de largo. No digo que se haga todo bien, pero es importante que la gente sepa que acá hay diputados que llegan a las ocho y media de la mañana y se van a las diez de la noche todos los días. Si uno mete todo el tiempo a todos en la misma bolsa, nunca vamos a recobrar la confianza de la gente ni vamos a lograr que haya ciudadanos más participativos. ¿Pero qué visión tiene hoy la gente? Que los diputados son todos una manga de vagos y que encima cobran. Poder empezar a transmitir que no todo es malo o corrupto es importante, porque si no, nunca vamos a destrabar la relación con la sociedad.
NU: ¿Qué leyes lamenta que no se hayan aprobado?
GM: Un intento fallido fue la Ley de Voto Electrónico. No hubo tiempo para trabajarla como se debía porque coincidió con el tratamiento del presupuesto. El voto electrónico también era un signo importante para que la gente volviera a tener confianza en que uno se está ocupando en hacer más transparentes las instituciones. Es una de las prioridades para el año que viene.
NU: ¿Y la Ley de Comunas?
GM: También se quedó por la mitad. Hubo un avance en el compromiso, pero me da la sensación de que con la Ley de Comunas, si bien la aprobación en general es importante, la discusión del perfil de la descentralización no está terminada. Todos coincidimos que para el vecino, un gobierno descentralizado, sobre todo en términos de control de la gestión, es mejor que un gobierno centralizado. Pero hay que tratar de que no termine siendo lo contrario, un obstáculo más en la rueda de la gestión. Ese tema me parece que todavía no está maduro y que también habrá que definirlo el año que viene.
NU: Pero el voto electrónico forma parte de una cuestión mayor, que es la sanción de un Código Electoral que regule también el financiamiento de los partidos políticos. Eso aún está en veremos...
GM: Sí. Pero nosotros queríamos, como táctica, empujar el voto electrónico como una primera señal de cambio, porque siempre parece que la reforma política sólo es una muletilla para hablar de la transparencia. Hace mil años que se viene hablando de lo mismo y como es un paquete tan complicado, entonces no se hace nada. Por eso dijimos: desprendamos una de las cosas más simbólicas y más simples de concretar, que es el voto electrónico, como para dar un primer paso y desatar el paquete de la reforma política. Una vez que diéramos el primer paso, íbamos a estar encaminados para tratar las otras cuestiones. Pero cuando se definió que el voto electrónico tenía que ir dentro del Código Electoral se empantanó todo y no nos dio el tiempo.
NU: Y a nivel nacional. ¿Piensa que el pueblo recuperó la confianza con el gobierno de Néstor Kirchner?
GM: Yo creo que la gente, más que confianza, lo que tiene es necesidad de seguir creyendo. No quiere que se le vaya todo al diablo otra vez. Como hay un contexto favorable que alivianó la carga, la necesidad de tener esperanza, sumada a algunas cuestiones que el Gobierno no ha hecho mal, hace que todavía haya credibilidad. Pero de fondo no se hicieron cosas para devolverle la confianza a la gente. Me refiero a transparentar la gestión de los funcionarios públicos, la acción de los políticos, la forma de repartir los planes sociales. En el tema de la deuda, el ministro de Economía hizo una buena gestión. También estuvo bien la reivindicación de algunas cuestiones vinculadas a los derechos humanos, hasta que se pasó a la demagogia. Pero insisto, es un buen momento para profundizar la gestión y no se está haciendo. Se está desperdiciando una oportunidad.
NU: ¿Cómo piensa que debería posicionarse Macri frente al gobierno de Kirchner?
GM: Como se posiciona actualmente. Él no está ligado políticamente a ningún sector, aunque se lo tiende a ubicar en la centroderecha, y tiene la cabeza muy abierta para escuchar a los que piensan diferente a él. Su posición pasa por decir qué cosas se hacen mal y apoyar las que piensa que están bien. Y tratar de colaborar, aunque sea algo difícil de creer.
NU: Me refiero al posicionamiento electoral. ¿Debería integrar un polo opositor al Gobierno nacional que, quizás, lo lleve a endurecer su discurso contra Kirchner?
GM: Yo creo que Mauricio tiene que seguir peleando por la Ciudad de Buenos Aires. Nosotros nos preparamos para eso. Él tiene una convicción muy seria de que esta ciudad debería ser un millón de veces mejor de lo que es con los recursos que tiene. Macri posee un perfil ideal para posicionarse en la Capital, desde el punto de vista de la gestión, de la proyección de la Ciudad. Yo soy de las que piensa que Mauricio podría transformar la Ciudad de Buenos Aires y, a partir de esa plataforma, lanzarse a nivel nacional. Ahora es un buen momento para plantarse fuerte en la Ciudad porque, la verdad, es muy mediocre lo que acá pasa y no tiene que ponerse de punta contra nadie. En todo caso, sólo deberá seguir mostrando la cantidad de cosas que se pueden hacer y que no se hacen.
NU: Se dijo que iba a presentarse como candidata a diputada nacional. ¿Qué hay de cierto?
GM: Mi nombre apareció en muchos medios como una posible candidata, pero lo tengo que charlar con Mauricio y ver qué conviene que hagamos para mejorar la Ciudad. La verdad, me cuesta mucho pensar la política en términos de candidaturas.
NU: Pero teniendo en cuenta que su mandato como legisladora dura cuatro años. ¿Aceptaría una candidatura a diputada nacional? ¿No siente que si renunciara a su banca en la Legislatura estaría traicionando al electorado que la votó?
GM: Lo primero que pensé fue eso. Pero gente de la política que yo respeto me hizo comprender que si yo tengo un proyecto para la Ciudad de Buenos Aires, lo puedo seguir desde el Congreso de la Nación. Quiero decir que, si esa candidatura tuviera un sentido que fuera compatible con lo que la gente eligió para que yo haga, si pudiera trabajar para la Ciudad desde el Congreso y manejar cuestiones similares a las que trabajo acá, lo pensaría... Igual, no es algo que me obsesiona.
NU: ¿Y qué la obsesiona hoy?
GM: Por ejemplo, lograr que el año que viene se apruebe la Ley de Compras de la Ciudad, un proyecto que estoy trabajando con los diputados (Julio) De Giovanni (Partido de la Ciudad) y (Carlos) Araujo (Recrear). Es importante por dos cuestiones: la primera es que las normas con las que nos regimos son tan obsoletas y burocráticas que, finalmente, el Gobierno de la Ciudad termina justificando la no obra porque se tardaron mil años para hacer una licitación. Y otra es la transparencia. No puede ser la falta de transparencia que hay en la Ciudad de Buenos Aires con este tema.
NU: Este año el tema de la educación sexual generó mucha polémica. Usted es una católica practicante. ¿Qué piensa de la postura de la Iglesia en relación al uso de anticonceptivos?
GM: Yo estoy en contra del aborto y entiendo que, para poder defender la vida en todas sus dimensiones, la política pública tiene que ocuparse de educar a la gente en los criterios anticonceptivos y el uso del preservativo. Hay que entender de una vez por todas que no todas las personas son católicas y que, incluso las que lo son, no se van a mantener vírgenes hasta el matrimonio y después de casados, utilizar el Método Billings.
NU: Durante este reportaje mencionó el tema de los derechos humanos. ¿Qué opina de las declaraciones del diputado nacional Guillermo Cantini, que en un acto político reivindicó el rol de las fuerzas armadas durante la dictadura milhtar?
GM: Me parecen un horror. Hay familias que quedaron marcadas por la represión, hubo desaparecidos, fue una cosa espantosa. Reivindicar eso es un disparate total. Yo soy de las que piensan que también la subversión y todo lo que tenga que ver con la violencia es una cosa terrible. Pero el terrorismo de Estado es una de las peores cosas que le pueden pasar a una nación. Porque del Estado uno espera la contención, la ley, la norma. Por eso, que el Estado sea un violador de las cuestiones más básicas de la defensa de la vida es inadmisible.