El eterno deja vu de la ley de financiamiento político
La decisión de Mauricio Macri de no renovarles el contrato a unos 2.300 empleados públicos porteños por considerarlos "políticos", dio de lleno en el corazón del sistema de partidos. Pero de eso nadie habla. Casi ningún dirigente, colocó la discusión en el foco. Es decir en debatir lo que hay que debatir: el financiamiento de los partidos políticos.
La única que opinó sobre el particular fue la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, quien admitió que ?esos 2.300 contratos, prefiero llamarlos así y no ñoquis, están íntimamente relacionados con el financiamiento de la política?.
En la Argentina, según la ley nacional, a los partidos políticos los mantiene el Estado, y en la Ciudad, según la Constitución, también.
No obstante existe un circuito de financiamiento negro o ilegal, que son los llamados ?ñoquis", que cobran un sueldo de alguna institución, pero que no van a trabajar. O en el mejor de los casos son personas que van a trabajar, pero sucede que el mérito que tuvieron para poder acceder a un contrato fue el de haber militado para un determinado dirigente o partido.
En ese circuito ilegal están involucradas todas las fuerzas políticas de nuestro país. No hay ninguna que se salve. Es más, forzando el análisis, también cabría preguntarse si Macri no renovó esos 2.300 contratos para otorgárselos a sus propios militantes o si verdaderamente aspira a depurar un sistema por demás corrupto. Esta pregunta va a encontrar respuesta con el tiempo. Aunque en este sentido Macri ya dio una señal al tomar la decisión de poner un tope de 25 mil pesos para contratar asesores.
Por ahora lo que se puede decir es que en la Ciudad de Buenos Aires, no tenemos una ley de financiamiento de los partidos políticos. Nos las arreglamos con la normativa nacional.
Esto es así porque a pesar de que la Constitución porteña ya cumplió 10 años, la dirigencia política hasta ahora no demostró ninguna vocación, ni por sancionar una Ley Orgánica de los Partidos Políticos, ni un Código Electoral y muchísimo menos una norma que regule el financiamiento de los partidos. Y en esta bolsa entran todos.
En el mundo occidental y cristiano existen dos formas de financiamiento de las fuerzas políticas. Una es la de Alemania, en la que el Estado corre con todos los gastos. La crítica a este sistema es que ese dinero podría destinarse a salud, educación y otras áreas sensibles.
En cambio, en Estados Unidos se mantienen con el aporte del sector privado. En este caso, los cuestionamientos vienen de la mano de aquéllos que señalan que finalmente los candidatos terminan tomando decisiones que benefician a los que les dieron plata para enfrentar la campaña política. Al respecto, en la Legislatura porteña hay cinco proyectos sobre la ley orgánica de los partidos políticos presentados en la Comisión de Asuntos Constitucionales, de los cuales dos incluyen el financiamiento. El único bloque que presentó una iniciativa específicamente sobre el tema fue el macrista. ?Es que hay una discusión en el seno de las fuerzas políticas sobre si la cuestión del financiamiento debe salir por una ley aparte de la de los partidos o no, yo personalmente creo que debe estar incluido dentro de la ley de partidos?, explicó el diputado Alejandro Rabinovich (Autonomía con Igualdad) a Noticias Urbanas.
Sin embargo el ex legislador macrista Jorge San Martino presentó una iniciativa en la que se trata solamente el tema de la plata. Pero las novedades las trajeron Vérónica Gómez, diputada por el socialismo, y la ex legisladora Ana Suppa (Frente para la Victoria), ya que ambas incluyen alguna posibilidad de financiamiento privado en su propuesta de reforna política. Eso sí, ponen un tope de 30 mil pesos para que un partido político pueda aceptar una contribución de un particular.
A pesar de que son varios los proyectos en este sentido, la comisión de Asuntos Constitucionales ?nunca, durante todo 2007, consiguió formar quórum para dar esta discusión?, según admitió ante Noticias Urbanas el diputado de la Coalición Cívica y ex presidente de ese plenario, Enrique Olivera.
Así las cosas, en la Ciudad de Buenos Aires, los partidos políticos son meras herramientas electorales. Máquinas que se ponen en funcionamiento cada dos años para elegir cargos legislativos y cada cuatro, para los ejecutivos.
Todo esto sin contar que la crisis de 2001 hizo estallar en mil pedazos el sistema de partidos políticos. Por eso es que hoy vemos con estupor que hay radicales K, radicales-macristas, peronistas-kirchneristas, peronistas-macristas, peronistas del ARI, radicales también del ARI y radicales-peronistas-socialistas de la Coalición Cívica, que supieron aliarse a Jorge Telerman y ahora a Mauricio Macri. Es decir, la vieja maña de estar siempre bien con el oficialismo o con quien detente el poder. Y de esto los radicales saben un largo rato. Ya que si hay una fuerza política que tiene acólitos contratados en la planta permanente y también transitoria del Estado porteño, es la Unión Cívica Radical.
En este sentido los memoriosos gustan contar que desde que el radicalismo perdió peso político en la Ciudad, en la Legislatura porteña siempre vota con el bloque oficialista. Para no irnos tan atrás en el tiempo, solamente baste recordar que el radicalismo, por ejemplo, estuvo en contra del juicio político a Aníbal Ibarra. Sin embargo, ya asumido Jorge Telerman el único radical que había en la Legislatura, Carlos Lo Guzzo, votaba a favor del nuevo jefe de Gobierno.
Así las cosas, al ser consultado el flamante presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, el macrista Marcelo Godoy, dijo que la discusión sobre la reforma política les puede llevar ?como mínimo un año?. No es lo que piensa un conspicuo diputado de su bloque, que no viene al caso nombrar, por expreso pedido suyo, quien cuando se tratan estos temas suele desafiar a sus pares. ?Yo les juego lo que quieran a ¿que si apostamos fuerte con la reforma política se borran todos, y para hacer cualquier modificación en el sistema político necesitamos 40 votos, de dónde los vamos a sacar??, suele preguntar, sin que nadie acierte a darle una respuesta.