Los peronistas -como los gatos- mientras gritan se reproducen
Un grupo de dirigentes peronistas de la Capital -que en su mayoría dejaron la estructura partidaria para alinearse individualmente con Mauricio Macri o con Aníbal Ibarra- buscan ahora rearmar un espacio en el partido desde la transversalidad de ocasión, a tono con los tiempos que corren y los gustos del presidente Néstor Kirchner.
Ocurre que un hombre fuerte del distrito, el diputado nacional electo Jorge Argüello, que consiguió su banca acompañando a Mauricio Macri en las últimas elecciones porteñas, por estos días no se lleva muy bien con Alberto Fernández- quizás por eso mismo-, quien representa la mano derecha de Néstor Kirchner en la Ciudad y hombre que viene con fuertes ambiciones políticas en la Capital Federal.
De ahí su interés en juntar a algunos de sus viejos "compañeros" del peronismo porteño, diseminados en otras estructuras políticas, para ver cómo neutraliza las ansias del inquieto Fernández y genera "sin prisa pero sin pausa" un espacio alternativo.
Algo que para ellos "empeora las cosas" es que el PJ Capital está comandado por Miguel Ángel Toma, quien tiene un cargo hoy muy codiciado a pesar de los problemas que arrastra, y cuyo mandato recién vence en el 2004. Si bien Argüello sólo está tanteando el territorio, algo tiene a su favor: son muchos quienes rechazan la idea de intervenir el partido -impulsada por Alberto Fernández-, aunque también son muchos los que rechazan a Miguel Ángel Toma.
Obviamente que la pelea de fondo que aquí subyace, aunque resulte más que prematuro, es la Jefatura de Gobierno para el 2007.
Aunque parezca surreal y nadie nunca lo diga hacia afuera, lo cierto es que ya existen los primeros anotados para suceder a Aníbal Ibarra, quien no goza de nueva reelección. El primero es el propio Fernández, quien deseaba ese puesto para este turno, incluso antes de que asumiera el presidente Néstor Kirchner; otros en orden de cercanía al jefe de Gobierno son el vicejefe electo Jorge Telerman, Daniel Scioli y por último Mauricio Macri.
"Hay que juntar a la diáspora", sugiere, prudente como siempre, Guillermo Oliveri, actual secretario de Culto del Gobierno Nacional, y uno de quienes participó de las reuniones con Argüello. Oliveri, igual que otros referentes del distrito, como Eduardo Rollano (ex Frente de Unidad Peronista), no acepta que desde el Gobierno Nacional les impongan autoridades no consensuadas entre los siempre influyentes dirigentes del peronismo porteño.
Ocurre que uno de los hombres que propone Fernández para presidir el partido -en el caso de que no sea él mismo- es Víctor Santamaría, hijo de secretario general del SUTERH, José Santamaría, y presidente de la Obra Social de los encargados de edificios, quienes vienen acompañando a Kirchner desde su campaña nacional.
"Cualquiera que haya jugado con Macri se siente permanente observado por algunos sectores kirchnerismo", es una de las quejas más escuchadas de boca de Argüello y de otros dirigentes. Otros recuerdan que sin la "jugarreta electoral" de Toma con Servini de Cubría, Alberto Fernández no habría logrado imponer a su candidato, ya que por mayo Ibarra iba muy por debajo de Macri en las preferencias.
La situación en el PJ Capital es complicada por la resolución política que tuvieron las dos instancias electorales del año y las alternativas para el un reordenamiento son dos: la intervención, impulsada por el grupo mayoritario del Gobierno Nacional, o la renuncia masiva de sus autoridades, algo que debería amasarse con una paciencia y una amplitud de criterios que no resiste la actual relación entre Fernández y Toma.
De ahí que vayan surgiendo lentamente terceras posiciones que proponen un reagrupamiento que, liderado por los ganadores kirchneristas, contenga la mayor cantidad de peronistas, "sin caza de brujas", al decir de ellos, para así encarar con más fuerza -la Legislatura será en ello una prenda fundamental- la transversalidad tan declamada.