"Me defino como una payasa y me banco la pelusa"
Esta vuelta de Povnia es muy deseada. Había empezado a pasar algo muy fuerte con la prensa porque no había hecho ninguna movida ni nada y, de pronto, empezó a venir gente y a salir notas. Quedé embarazada y sentí una especie de contradicción porque la niña era muy esperada y Povnia estaba saliendo como pan caliente, con gente que se quedaba afuera de la sala. Entonces fue muy abrupto dejar de actuar. Después, durante el embarazo, me conecté con eso y me olvidé de todo lo otro. Ni hablar cuando nació Juana, mi hija, que viví en un mundo paralelo de cinco meses. No existí. No iba al súper ni nada. Pero justo tenía el Festival de Teatro de Rafaela. Me habían invitado el año anterior y no había ido por el embarazo. Este año me volvieron a invitar y en un momento me pregunté: ?¿Voy o no voy??. Además, tenía funciones contratadas en Europa, a fin de año, por lo que sabía que iba a volver, pero digamos que dudé. Igual, hicimos el esfuerzo familiar de volver y fue alucinante. Ensayar y hacer las funciones me hizo muy bien a mí, más allá de mi carrera de payasa, a mi historia humana.
El clown tiene mayor legitimidad entre la gente y con los medios, aunque todavía no jugamos en las ligas mayores. Ni hablar de los festivales. Por eso rescato mucho lo de Rafaela, que está buenísimo por su pluralidad. En algún momento, con Darío Levin hicimos una movida para que el FIBA brindase espacio para payasos y que se lo tome más en serio, pero nos pinchamos un poco con eso. Hay todavía un dejo de que el clown es un género menor, pero eso dentro del teatro. La gente ya se dio cuenta de que el payaso es tan difícil como el teatro del otro. La gente va a ver los espectáculos sin el prurito con el que se maneja la intelectualidad teatral. Los espectáculos se llenan pero hay más legitimidad.
Impasse 1: Quedamos en encontrarnos a tomar un café en un bar en Villa Santa Rita, pero estaba cerrado. Finalmente, recalamos en un bar en la esquina de Nazca y Magariños Cervantes. Lila cuenta cómo son los preparativos para esta vuelta de Povnia.
No le hice ningún retoque a la dramaturgia de la obra. No sé si se lo voy a hacer. Tuvimos muchas dudas a nivel dramatúrgico. Me costó seleccionar el material. Fue superplacentero el proceso. Improvisé, improvisé e improvisé sin saber adónde iba a ir, qué es lo que íba a escribir ni lo que quería. No había una idea sino un montón de imágenes. Si hay algo difícil en la creación de un espectáculo de clown es que el material es infinito y que, en general, uno va engarzando momentos y situaciones que le gusta y que son necesarios para el payaso. En Povnia siento que si sacamos algo, tenemos que sacar todo un pedazo. No es posible recortarle cinco minutos. Creo que soy la única que está preocupada porque es una obra larga. Tenía el berretín de que fuera de una hora porque me parece que las obras de más de una hora no se soportan. Por ahí siento que hay dos obras en una, con un cambio muy abrupto cuando ella descubre que está en un teatro. Por otro lado, me gusta que Una, mi payasa, acepte lo que hay, sin negar lo que pasó. Se reconstituye desde la catástrofe más absoluta. No se suicida sino que sigue para adelante. No necesita deshacerse de lo que dejó atrás. Lo lleva un poco con ella. Por eso me pareció muy importante contar de dónde venía, todo lo que le había pasado y cómo eligió quedarse acá, donde cayó. Ella tenía un mundo y ahora viene a otro, que es la aceptación de vivir en otro lugar. Ahí es donde se nos complicó hacerla una obra corta.
Hoy hay más gente haciendo clown. Cuando algo se vuelve muy masivo empezás a tener de todo, como varietés con números que no están terminados. No está mal que la gente haga sus números, está bueno curtirte y eso, pero se hacen en reductos muy pequeños, adonde van tus amigos y se ríen. El problema es cuando salís de ahí y pensás que está buenísimo lo que hacés porque todos te festejan los chistes. No es tan fácil. También pasa cuando cae alguien en ese reducto, pensando que va a ver payasos, y ve una varieté deshilachada. Lo que me gusta del humor teatral, callejero y de circo es que se diferencia del humor de la tele. Si voy a una varieté y veo lo que se ve en Tinelli, me quedo en mi casa, donde encima elijo no ver la tele y mucho menos a Tinelli, con ese humor que está para reírse del otro, faltándole el respeto a alguien. Hay algo del no-éxito y del error que el payaso rescata. Una reivindicación. Te enamorás del fallido, del accidente y de cómo sea la persona, porque te das cuenta de que todos somos así en un punto. El payaso elige rescatar eso.
Impasse 2: Lila muestra su temperamento cuando hay cosas que no le gustan y ríe con ganas cuando la situación lo amerita. El café con leche aguanta el frío mientras la charla se desarrolla.
Me defino como payasa pero cuando también depende un poco del lugar. Si estoy con ánimo de explicar, me defino como payasa y me banco la pelusa: escucho todas las preguntas, estereotipos y contesto. Pero si estoy en un momento en que no tengo ganas o escucho un ?qué lástima que no hacés nada de teatro?, digo que soy actriz. Me gusta decir que soy payasa porque es fundamental en mi modo de actriz. Eso de las etiquetas me pone un poco de mal humor. Tengo amigos que se lo toman más livianamente y se cagan de risa, yo no puedo. Me enojo bastante cuando me dicen que soy clown y no payasa porque estudié, y que los payasos son los que están en el circo. Clown es una palabra inglesa, no me define. Soy payasa y me molesta cuando dicen que los payasos no hacen teatro. Decir todo esto, en la era de la globalización, donde todo es más o menos lo mismo... No vale la pena andar explicando y dividiendo aguas. El teatro se nutrió tanto de la multimedia, del cine, de la danza, que dejó de ser una cosa pura.
La nariz, para mí, es un elemento pedagógico superfuerte. Es una minimáscara, por lo que, pedagógicamente, es maravillosa. Le permite a la persona revelar un montón de cosas que, sin esa máscara, no podría. Después, si usás la nariz o no, todo bien. Hubo veces en las que tenía que trabajar en eventos, hacía números de payasa sin nariz y estaba todo bien. No la usaba porque te la ponés para un evento y al toque piensan que sos Piñón Fijo. Entonces, eso te juega en contra. Es como un código. Te bardean, cae el tío borracho de la novia y te saca la nariz, un embole. Para otros, sí la he usado. No sos más payaso o menos payaso por usar o no nariz. Es una decisión estética.