Publicado: 27/07/2006 UTC General Por: Redacción NU

Hay que pudrir la calle, ¿me copia?

“No hay nada mejor que un pistolero loco que en pleno Belgrano le dispare a cualquiera para sembrar terror en la gente”, ironizó un ex comisario para reafirmar que detrás de los hechos de inseguridad se esconden operaciones que rozan a miembros de la Federal
Hay que pudrir la calle, ¿me copia?
Redacción NU
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El tipo fue definido como un profeta urbano, pero él le escapa a las etiquetas y sabe que es sólo un cantautor eléctrico con una voz nasal que lija los oídos con frases demasiado actuales: “Vivimos en un mundo político, vivimos en una época en la que hombres cometen crímenes y el crimen no tiene rostro; donde la paz no es para nada bienvenida”.

Así aúlla, triste y solitario, Bob Dylan desde su tema “Politic World”, como si caminara por las peligrosas calles de Buenos Aires. “Hay una película de la década del ochenta que lleva ese nombre”, hace memoria y saca a la luz su costado cinéfilo el comisario mayor retirado, que se queda en silencio unos segundos como si su memoria estuviera en trance de recuerdos.

“No...es del setenta y de Martin Scorsese; es más, trabaja Robert De Niro y acá se conoció con el título de Calles Peligrosas”, se le infla el pecho a la fuente policial consultada por NOTICIAS URBANAS para conocer el entramado oculto detrás de los llamativos y mediáticos hechos de inseguridad que volvieron a ganar los primeros lugares de los medios.

“La interna entre Federicos (Policía Federal) y Guardianes (Guardia Urbana) por la caja de las infracciones de tránsito que ustedes contaron en una nota anterior es sólo la punta del conflicto. En lo único en que te caminaron los polis es en decir que se iban a quedar de brazos cruzados después del nuevo poder que les asignó a los Guardianes el jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Telerman”, hace una pausa para enorgullecerse de su sapiencia callejera y de manera socarrona continúa diciendo: “La calle la iban a pudrir un poquito para dejar en claro quien la tiene más larga. Además, mandaban un mensaje doble, uno al jefe comunal y otro a la Nación, para que no se confíen tanto, ni estén tan tranquilos creyendo que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, maneja la fuerza. No querido a pesar de las buenas migas, a la institución siempre la van a liderar los azules”.

La honestidad brutal que permite el off the record confirma las peores sospechas. La sensación de inseguridad que azotó a la Capital Federal las últimas semanas no es sólo una sensación. El mejor ejemplo de pánico indiscriminado se dio en las nuevas modalidades delictuales que tuvieron como centro al subte y a un pistolero callejero que disparaba contra todos como si hubiera salido de un film yanqui.

El comisario comienza a explayarse. Deja a un lado el diario que estaba hojeando y realiza figuras en el aire con su vistosa lapicera. “Si realmente querés meterle miedo a la gente y que la inseguridad esté en boca de todos nada mejor que un loco solitario que en pleno día y nada menos que en el barrio de Belgrano empieza a disparar contra los desprevenidos transeúntes, matando a una persona. Es genial. Además, el tipo se escapa en colectivo y para agregarle la última dosis de miedo los canas salen a decir que ya había cometido hechos similares en la misma zona y que no tenían ni idea de quién podía ser. Si les querían meter terror a los vecinos, el libreto no pudo estar mejor escrito. Encima cuando el caso estaba en boca de todos detienen a un perejil con un arma encima, con antecedentes y problemas con las drogas, el culpable es ideal para demostrar la efectividad de la Federal”, vuelve a sonreír con grandilocuencia el ex azul como si todo el clima de inseguridad fuera un relato que se arma en una oficina en penumbras a altas horas de la noche, e ideado por los tipos más duros de la Federal.

Sin embargo, la historia cierra. Martín Ríos de 27 años fue detenido el lunes en Munro con una pistola cuyo calibre era 3.80, igual al utilizado en Belgrano y además, el joven tiene en su haber una detención de hace cinco años en el barrio de Villa Urquiza, cuando se lo detuvo por portación de arma y tráfico de drogas. Ríos se negó a declarar ante la titular del Juzgado Criminal de Instrucción Número 45, María Fontbona de Pombo y sus allegados no se cansaron de repetir que es un chivo expiatorio.

La definición del caso la dará un grupo de cuatro testigos que deberán presentarse ante la magistrada. El otro suceso de alto impacto ocurrió en el subte. Lugar de gran concurrencia diaria y que hasta el momento se consideraba relativamente seguro, alejado de las páginas policiales de los diarios.

El viernes 16 de junio, debajo de la escalera mecánica de la Estación Callao de la línea B, una joven de 21 años fue violada. El hecho que tuvo amplia repercusión mediática fue relatado por la madre de la chica a cuanto medio se le pusiera enfrente. Lo peor es que la publicidad del ataque desencadenó una pequeña ola de casos similares, sólo fueron intentos de violación, que salieron a la superficie luego de que el vejamen sufrido por la joven tomara estado público. Dos de ellos ocurrieron en la misma Estación Callao pero esta vez de la línea D.

El encargado de enturbiar aún más el panorama, ante el testarudo silencio de Metrovías, la concesionaria del servicio de subterráneos, fue un federico: el comisario inspector, Edgardo Carlos Innamoratto, jefe del Departamento de Control de Líneas de la Dirección General de Seguridad del Transporte, quien afirmó ante periodistas, sin que se le moviera un músculo de la cara, que si la chica violada gritaba, el hecho no se consumaba. Ante estas palabras los que sí gritaron fueron los habitantes de Balcarce 50, quienes enseguida separaron al azul de su cargo.

“Los mensajes fueron claros y a buen entendedor pocas palabras”, da por concluida la charla el comisario ante este semanario aduciendo que tiene un almuerzo con un camarada de la fuerza en actividad. “Pero quedate tranquilo que esta vez no es para conspirar”, dispara rápido de reflejos antes de volver a calzarse las infaltables gafas negras.

CRÓNICA ROJA

En los últimos dos meses se sucedieron simultáneos hechos delictivos que elevaron la sensación de inseguridad de los porteños por lo novedoso e indiscriminado de su accionar. Esos sucesos tuvieron como epicentros las violaciones en los subtes y los disparos a mansalva que una persona realizó en plena calle Cabildo, durante la tarde del 6 de julio. Los incidentes causaron gran impacto en la opinión pública y según las fuentes consultadas por NOTICIAS URBANAS se sospecha de que la Policía Federal liberó zonas para que los mismos se produjeran.

El viernes 16 de junio una joven de 21 años fue violada debajo de una escalera mecánica de la Estación Callao de la Línea B. Luego de que la madre de la damnificada denunciara el ataque se conocieron los casos de dos mujeres más, que sufrieron diversos intentos de violación en la Estación Callao pero de la línea D. Ni la empresa concesionaria de los subterráneos MetrovÍas, ni la Federal supo explicar como se produjeron este tipo de delitos totalmente inusuales hasta la denuncia inicial.

El otro novedoso impacto mediático tuvo como escenario el barrio de Belgrano, más precisamente la intersección de las arterias Cabildo y José Hernández, cuando el 6 de julio, pasadas las 17, un hombre comenzó a disparar indiscriminadamente contra los caminantes desprevenidos matando al joven de 18 años, Alfredo Marcenac e hirió a otras seis personas. Lo burdo del caso es que el agresor escapó tomando un colectivo, sin que hubiera ningún uniformado en la zona.

Para que el susto de la población fuera aún mayor, la policía informó que este no era el primer hecho que realizaba el atacante de Belgrano, sino que se trataba del cuarto. Siempre en la misma zona, había disparado contra un bar ubicado en Cramer y Juramento, en pleno día, baleado a un chofer de la línea 67 y probado puntería contra una formación del ferrocarril.

La frutilla del postre fue la detención el lunes de un joven de 27 años, en Munro, con un arma del mismo calibre que la usada en los ataques callejeros y con antecedentes por tenencia de armas y drogas. “Es el tipo de perejil ideal, con prontuario, problemas con las drogas y que sirve para calmar a la opinión pública por un rato”, sonríe mordaz un ex comisario inspector que guarda en su silencio el final de la historia.

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