Rusia como faro y ejemplo para la humanidad: Una obligación moral
En este momento, el mundo está en un profundo y trascendente proceso de cambio, de un orden unipolar y arbitrario encabezado por el llamado occidente colectivo, hacia un nuevo sistema multipolar más justo, liderado principalmente por la Federación Rusa y la República Popular China. Esto genera muchos y diversos fenómenos, como el fortalecimiento y crecimiento de los países emergentes, como protagonistas de la multipolaridad, y, por otro lado, la profundización de la decadencia de un occidente sumido en la degradación moral de sus élites políticas.
En occidente, esto es un serio problema para sus habitantes, que asisten impotentes a la imposición de ideologías absurdas que buscan destruir a la sociedad y sus fundamentos, tales como la familia y los valores espirituales, sumiéndolos cada día más en el individualismo y el hedonismo. Y si bien, muchos han caído en la tentación de dejarse llevar por este fenómeno decadente, a mi modo de ver, la mayoría de la gente en occidente, especialmente en regiones como Iberoamérica, se resisten a estas tendencias, sin embargo, esto no evita que, la mayor parte, caiga en la angustia existencial y el desánimo, al no ver modelos alternativos que les permitan abrigar la esperanza de que un cambio es posible y como consecuencia, revelarse ante aquello que rechazan.
Esta decadencia se puede ver especialmente en el continente americano y en la mayor parte de Europa, donde las fuerzas políticas hegemónicas se alinean con organizaciones no gubernamentales, como las de George Soros, para llevar adelante agendas ideológicas reñidas con los valores tradicionales que construyeron nuestros países y sus sociedades, con la intención de socavar la moral y la cohesión social, fragmentando a los pueblos en minorías enfrentadas las unas con las otras, por motivos, muchas veces creados artificialmente, que pueden ir desde la orientación sexual, la identidad racial, la religión o la política, hasta el ambientalismo extremo o el feminismo radical. Lo que es claro, es que la premisa siempre es la misma, dividir a la sociedad para debilitarla y enfrentarla a sí misma.
Sin embargo, en contraste con este occidente caótico, individualista y decadente, se erige Rusia, como un faro de esperanza para toda la humanidad, elevando al sitio más alto los valores tradicionales, el patriotismo, el amor a la madre, a la familia y la Fe en Dios, y Rusia, como protectora de la Fe y garante de la convivencia armoniosa entre las religiones tradicionales; la defensa de la verdad frente a la mentira y del bien sobre el mal.
Este valioso refugio de valores espirituales, morales y éticos, en que se ha convertido la Federación Rusa, colisiona de lleno con el relativismo moral de la posmodernidad imperante en occidente, donde se llega a afirmar, que ya no existen ni el bien ni el mal o la verdad y la mentira, relativizándolos como cuestiones abstractas, intentando sumir a la sociedad en el nihilismo moral.
Como ya he expresado en este texto, Rusia con sus valores, se ha convertido en un verdadero faro y ejemplo para toda la humanidad, frente a un occidente, cuyas élites políticas y gran parte de sus sociedades, han olvidado sus raíces y se han sumergido en la decadencia espiritual y en la depravación moral y ética. Sin embargo, en occidente, hay una mayoría silenciosa que asiste con horror y resignación a este declive social, al desconocer que hay otra alternativa posible. En este punto, es cuando considero que hoy, Rusia tiene la obligación moral de mostrarle a todo el mundo su verdadera naturaleza, su carácter, su espiritualidad y sus valores, todo eso que ha sido tergiversado y falsificado por la propaganda anti rusa, brindándole esperanza y un horizonte posible a todos aquellos que hoy creen que la humanidad ya ha perdido, definitivamente, todo lo bueno que alguna vez tuvo.
Quiero destacar la herencia histórica milenaria que precede a la Federación Rusa, en la lucha por la justicia y la verdad. Desde los tiempos del Santo príncipe Alexandr Nevski encabezando la lucha por su pueblo y su Fe, pasando por Minin y Pozharski y la liberación de Moscú del yugo polaco, hasta las victorias sobre Napoleón y Hitler, liberando a Europa de la tiranía, en ambos casos. Hoy es imperativo que Rusia se muestre al mundo como el ejemplo moral que es. Solo la compasiva alma rusa puede inspirar, dar esperanzas y mostrar el camino a los millones, que, en occidente, se han rendido ante la decadencia y la depravación reinante.
«Мы русские, с нами Бог», “Somos rusos, con nosotros está Dios”. Esta frase, tan descriptiva de la identidad rusa, no solo señala la profunda comunión de este pueblo con la Fe y su identificación con Dios, no solo como divinidad, sino también como la lucha de la verdad y el bien prevaleciendo sobre el mal. A mi modo de ver, este concepto, así como la idea de Moscú como la tercera Roma, guardiana y protectora de la auténtica Fe cristiana ortodoxa, le han otorgado al pueblo ruso la noción de un destino trascendente. Sin embargo, y a diferencia de la doctrina del “Destino Manifiesto”, según la cual, el pueblo estadounidense tiene una misión dada por Dios para “guiar” a la humanidad, ejecutando este mandato por la fuerza y como un privilegio, el pueblo ruso ha sentido esa relación tan estrecha con Dios, como un deber y una responsabilidad para proteger a los más débiles, constituyéndose en una cosmovisión que determina el carácter humanista del alma rusa.
Es por todo lo dicho en este texto, que considero que es tan importante exponer en occidente los valores tradicionales, morales y espirituales, que hacen de Rusia un faro y un ejemplo para toda la humanidad.
*Christian Lamesa, nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1971.
Analista geopolítico, fotógrafo, escritor y conferencista. Autor del libro “La paternidad del mal – Los cómplices de Hitler”.
Nominado al premio de la Sociedad Rusa "Znanie" (Российское общество «Знание») como "Educador extranjero del año” (2023). (Knowledge.Prize.).
En febrero de 2025, laureado como “Educador extranjero del año”, por la Sociedad Rusa "Znanie" (Российское общество «Знание»), por su labor en favor de la verdad histórica y la lucha contra la propaganda antirrusa en el mundo hispanohablante, durante el año 2024.
Embajador en la República Argentina de la Sociedad Rusa "Znanie" (Российское общество «Знание»).*