Se viene un 2018 duro

Se viene un 2018 duro


Las elecciones zanjaron una “grieta electoral”. Octubre marcó un punto de inflexión entre el resultado de las elecciones y la realidad imperante a la hora de buscar consensos para la gestión oficialista. Pero Cambiemos creyó que el resultado electoral avalaba casi cualquier decisión que pudiera tomar en materia de gestión, y ahí es donde se llevó un chasco.

Sin embargo, una alianza a la que se la veía con mucha capacidad de gestión, especialmente a nivel económico, y con poca cintura política demostró que tiene más capacidad para aprender rápidamente en esta materia (el estado paupérrimo de la oposición así lo demuestra) y que necesita una brújula, o dos, en materia de política económica y financiera.

La inflación, que es la daga que oprime a las clases media, trabajadora y beneficiaria de planes sociales; el endeudamiento, que crece a niveles peligrosos; las Lebacs, que son una bomba que podría detonar en cualquier momento, y la falta de reactivación de la mano de inversores que no llegan son las principales angustias del Gobierno.

De todas formas, casi más por acción de la oposición que del oficialismo, la mayoría de la gente aún conserva expectativas favorables.

Se viene un 2018 duro, de aumentos fuertes, de inminente reforma laboral, de cierre de paritarias con inflación descontrolada, de mayor necesidad de búsqueda de consensos y de lucha política territorial, ya que nadie quiere perder su capital político, y los que lo perdieron trabajan arduamente para recuperarlo.

La «pero-oposición», peronismo como alternativa opositora con Cristina o sin ella, según convenga más, se reúne sin una estrategia clara. El verano ya nos tiene acostumbrados a las cumbres en traje de baño.

Mientras tanto, el Presidente descansa y realiza actividades tendientes a mantener esa imagen de cercanía de campaña que también lleva adelante María Eugenia Vidal. Claro que para trabajar su imagen esta debe ser creíble. En cambio, el grotesco se instaló como el carro delante del caballo y se apeló a abrir jugueterías para la foto y a recurrir a amigos para sentarlos alrededor de la mesa de té. Así no funciona, menos aún en épocas de medidas económicas inconexas y desesperadas para sembrar esperanzas de mejoría.

Por ahora la oposición no es un tema a resolver para el Gobierno, y mientras sigan los casos de corrupción y los pedidos de captura en pantalla, el eje de la transparencia está asegurado para Cambiemos.

Al menos nos queda la ilusión de la Argentina campeona mundial de fútbol. Eso, por ahora, no se toca.

*Daniela Aruj es consultora en imagen pública e institucional.

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