Los viajes de Colón

Los viajes de Colón


Con el insólito traslado del monumento a Cristobal Colon, la señora presidente Cristina Fernandez de Kirchner pretendió convencer a su militancia que estaba dando otro paso en su «batalla cultural». Pero el procedimiento, en el fondo y en las formas, es un ataque a la identidad nacional, a los valores culturales argentinos y no solamente de la comunidad italiana, al mismo tiempo que implica un atentado al Estado de derecho. Pero es llamativo, por no decir preocupante, que la sociedad no reaccionó y parece indiferente, como anestesiada.

A lo largo de estos años, el gobierno kirchnerista se ha caracterizado por imponer su “revolución cultural” mediante el ataque y la degradación de nuestros símbolos , ya sea quitándoles el valor y su contenido real e histórico y reemplazándolo por un “relato”, o directamente a través de la demolición de aquellos; o, como en este caso, lamentablemente ambas cosas.

El traslado de la estatua de Cristóbal Colón, previo desmantelamiento, de la Plaza Colón donde estaba hasta hace poco emplazada, es otro ejemplo de imponer el “relato” a la fuerza por sobre la identidad cultural de toda una sociedad, y en particular de los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

No se trata de mover un monumento de un lugar a otro. No se trata de cerrar una plaza pública y darle una utilidad “privada”. No, lamentablemente se trata de otro acto de violación de nuestro Estado de Derecho, creer que el capricho de una Presidente es superior a las leyes de una Nación, creer que cambiando el relato de la historia se justifica un presente y se manipula el futuro, el creer que la identidad cultural de un pueblo está en los discursos por cadena nacional, y no en su historia –con sus luces y sus sombras- como en sus tradiciones, y especialmente a través de la vida y el ejemplo de sus antepasados.

En el año 1907, el Congreso de la Nación sanciona la ley 5105 que establece que la estatua de Cristoforo Colombo debía emplazarse en la actual Plaza Colón. Para cambiar dicho emplazamiento, por las causas que fueren, se necesita sí o sí otra ley del Congreso que disponga una nueva ubicación. Nada de esto ha sucedido. Simplemente una mera orden del Poder Ejecutivo de turno, con la complicidad del señor jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ha cerrado una plaza que era de todos los porteños y con el desplazamiento y reemplazo de una estatua por otra intentan vaciar nuestra identidad y llenarla de parcialismos históricos. Aprendí ya hace muchos años, que la verdad si no es completa, no es verdad.

La comunidad italiana en su conjunto ha reaccionado a este insulto, convocando a la sociedad a través de los medios, organizándose y recurriendo a la justicia porteña, quien a través de la Dra. Liliana Heiland ha dictado en diciembre pasado una medida cautelar prohibiéndole al gobierno nacional y de la Ciudad continuar con el desmantelamiento y el traslado hasta tanto se dicte sentencia definitiva. Recientemente, la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal ratificó la medida cautelar que prohíbe el traslado. Por supuesto, la señora Presidente cree que está por encima del Poder Judicial y que tiene más derechos que el resto de los argentinos; y consecuentemente, ignora abiertamente la orden judicial. Una nueva violación a la división de poderes, un nuevo desprecio por el sistema republicano de gobierno. Y van…!!!

Pero la comunidad italiana está sola. La sociedad en general ignora esta nueva manipulación de su identidad, y la clase política –en su mayoría- supone que es un problema de los “italianos”. Se equivocan, este no es un problema de los italianos o sus descendientes; no, es un problema de todos los porteños sin importar quiénes fueron nuestros padres o abuelos. Porque no está en juego el lugar de emplazamiento de un monumento, está en juego nuestra identidad nacional y el patrimonio cultural de nuestra ciudad.

Cualquier gobierno de turno tiene que entender que la identidad cultural de una Nación no se forja desde una tribuna política, sino desde el hacer cotidiano de cada uno de sus habitantes. Hoy está en nosotros, los porteños, los argentinos, no permitir este nuevo atropello.

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