La influencia del papa Francisco en la política argentina

La influencia del papa Francisco en la política argentina


Gargamel se hizo Susanti Pancho, es decir, Bergoglio, el jefe de la oposición según Néstor Kirchner, se hizo líder espiritual del kirchnerismo, el cargo honorario que Cristina, arrugando, quiso darle. Se transformó en vicelíder del kirchnerismo cuando Scioli asumió la jefatura de hecho. Todo con la complacencia de Cristina.

Para colmo, Yahuar, hizo un papelón electoral en Chubut. Representado las políticas de subsidio a la oligarquía pampeana en esa provincia de sur. No sólo podía salir mal. Inevitablemente iba a salir mal. Y salió mal. Es el único no ministro que se presentó con los colores del gobierno, Ministerio de Oligarquí. Manzur, de pésima gestión, en un área (El Misterio de Salud) donde el gobierno no gobierna y la política la deciden los grandes laboratorios multinacionales y la iglesia católica, se escondió debajo de Alperovich, que estaba de paso por Tucumán. El resto de la campaña en Tucumán lo hizo el conservadurismo de la religión oficial católica.

Pero lo de Yhuar es importante, por Pérsico. Que es viceministro de ese ministerio de derecha creado, como concesión, al alzamiento de las clases altas durante la asonada rural del 2008. Para la repartija de subsidios luego Cristina crearía el Misterio De Industria, a cargo de otro mediocre como los que pueblan este gobierno castigado por el voto, Débora Giorgi.

Para ambos, se creó un Ministerio de Seguridad Jurídica, que tuvo a Garré, hoy despedida con jubilación de privilegio en el exterior. Reemplazada, para gusto de Susanti Pancho, por Arturo Puricelli; el que tenía que resolver la interna de Santa Cruz. Así le fue.

Hoy Pérsico está controlado. Más allá de que sea el único que no tiene un patrimonio bochornoso en ese gabinete del olvido. Por Susanti Pancho. Que hasta le bautizó el hijo.

Políticamente, Pérsico pasó de montonero a montoto. Está esperando que terminen las elecciones para irse del gobierno, y conducir al Movimiento Evita, estúpidamente marginado de las listas por Cristina, hacia las playas de Massa. La nueva Playa Girón. Pero el Girón es Pérsico. Que florezcan mil garrochas.

A favor de Pérsico hay que decir que nunca se comió lo de Bergoglio como jefe de la oposición. Y entre las pruebas está que cuando la iglesia le pidió a Cristina que eche a Ginés González García, más vale que Cristina los mandó al carajo. Y echó al Punto G: Ginés González García.

Y los retornos de la política, para algarabía de la juvenilia, siguieron su flujo hacia el multimedios católico. Incluso, en el área educativa, aumentaron. Aún cuando el mediocre de Sileoni haya parado el afano programado de Filmus y, también a diferencia de este megamillonario, mande a sus hijos a la escuela pública.

En Cancillería, un no católico puede inquietar al Opus Dei, los enemigos de Susanti Pancho. Los amigos de Massa. Y, algo, los jode. Por eso se durmió el expediente Irán. ¿Cuándo asumirá un católico (¿vuelve Taiana, que está en el Evita?) la Cancillería? Es de suponer que tras las elecciones y antes de Navidad. Esto no es un dato, es especulación, basada en un análisis. Que las relaciones internacionales irán virando…

Pero también están virando las de la dictadura europea, el Vaticano. Que, por la cobardía de Cristina, se mueven sueltas. Y acompañadas por Nicolás Maduro. Y Dilma. Y el indiecito Tom, Emo Vorales. Y por otro paraíso financiero, Uruguay. Es decir, por Estados Unidos. Con lo cual, Colombia, Perúi y Chile, acompañan. Con la secreta esperanza de «unirse» y liderar, cuando este proceso comience su agotamiento.

¿Comienza su agotamiento?

No hay, aún, indicadores objetivos. Sí, claro, la llanura, el vuelo bajo que se expresa tras la muerte de Kirchner y Chávez, hace, de vez en cuando, pensar que todo terminó. La alcahuetería que rodea a Maduro y Cristina, mamita querida…

Los pitufos de la izquierda peronista no pueden ilusionarse, inutilmente, pues se vienen tiempos jodidos.

¿Podría no haber sido esto así?

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