Karpetazo: nunca más

Karpetazo: nunca más


Se dio a conocer la conversación telefónica en formato de audio entre Cristina Fernández de Kirchner y el entonces jefe de los servicios de inteligencia, Oscar Parrilli. Durante la misma, la Presidente instruye al Secretario sobre empezar a buscar todas las causas “que le armaron”, incurriendo a su vez a los delitos de abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público. En otras palabras, se trataba de un carpetazo.

Más allá de analizar este caso, las implicancias y la raíz de esta cuestión (no podemos obviar el rol de Stiuso en los servicios de inteligencia, mucho menos que el revuelo surgió luego de la denuncia y posterior dudosa muerte del fiscal Nisman), es menester preguntarse si se trataba de un caso aislado de “carpetazo”; por parte del kirchnerismo o bien de un modus operandi habitual.

Durante 12 años, los K llevaron al máximo la lógica de amigo-enemigo en la política, no sólo para construir poder, sino también para ejercerlo y mantenerlo. La condena a quienes no comulgaban con sus políticas era moneda corriente, como también los carpetazos a políticos, jueces, fiscales y periodistas.

Podemos recordar cómo los K usaban los servicios para crear realidades paralelas y utilizar todo el aparato estatal y mediático para destruir a sus adversarios: en 2005 lo hicieron contra Enrique Olivera, haciéndolo perder una elección contra el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri con la bochornosa causa de las escuchas que inventó Néstor Kirchner y procesó Oyarbide, contra Francisco de Narváez en 2009 inventando que traficaba efedrina, en 2011 inventando un parentezco pro-dictadura a Pablo Walter (entonces candidato del PRO a Diputado Nacional), en 2013 contra Massa vinculándolo al narcotráfico y a Jorge Yoma acusándolo de corrupto, entre otros que en este momento no recuerdo o no salieron a la luz.

No fue magia, fue mafia. Durante 12 años nos gobernó una organización delictiva y eso duele. Duele saber que pusieron más energía en mentir que en decir la verdad, en destruir que en construir una patria desarrollada y mirando al futuro. Son un grupo de inadaptados que hasta el día de hoy utilizan los peores métodos para seguir extorsionando y atentando contra todo aquel que opine distinto.

No creen en la democracia y quieren bajar a este gobierno. Como no van a lograrlo, al menos quieren bajarnos los pantalones o nuestras convicciones.

Por la sabiduría del pueblo argentino, hace más de un año decidimos cambiar y dejar de lado esas prácticas. Es nuestro deber entonces tener memoria y trabajar día a día para que nunca más se use el Estado al servicio de una cofradía, sino al servicio de la gente.

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