Para los niños ricos que tienen tristeza

Para los niños ricos que tienen tristeza

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Mauricio Macri es indudablemente un presidenciable para el 2011, salvo que algo extraño entorpezca de manera abrupta su carrera política. El escenario que se le presenta es auspicioso. No quiere decir esto de ninguna manera que vaya a ser el nuevo Presidente, ni que en el turno 2011 sea imbatible. Tampoco es algo que vaya en gustos, intenciones o deseos. Sólo intuyo que es así y que será un jugador de fuste, alguien a quien sólo un tren bala de excelente elaboración y alto nivel político podrá derrotar. Y para ver si habrá algo de eso en el 2011 habrá que esperar: lo de Macri ya es visible, tanto que hasta el peronismo lo mira. Prefieren uno propio pero lo miran.

¿Y a qué viene esto? Pasa que la sociedad argentina, luego de tanta convulsión interna, agigantada tras el interminable conflicto que enfrentó al Gobierno nacional con el campo el año pasado, ha tomado mayormente partido por la moderación en los actos y en el discurso, por una búsqueda de consensos hacia un crecimiento de las instituciones, que definen el desarrollo sustentable, o sea, la paz social y lo que a todos los seres humanos les cambia la vida.

No es casual que Julio César Cleto Cobos sea otro de los políticos en ascenso, y eso que proviene de un partido que después de la desastrosa Alianza, en lugar de los cien años de democracia que esperaba Don Raúl, el vacío que quedó representó cien años, sí, pero de frustración. Un crecimiento de popularidad insólito luego del voto "no positivo", hace de Cobos una rareza política que, aprovechando las necesidades de los demás y sus virtudes, ya pide un lugar en la grilla. De avance callado y modos serenos, con sus socios radicales va demoliendo las ilusiones fáusticas de Elisa Carrió todos los días, minuto a minuto. Kirchner lo quiere bien arriba y le hace campaña. Confía en que no será rival. Pero quizás se equivoque. Macri -poniendo esa cara de yo no fui- acertó cuándo y por dónde llegaría la desesperación del Gobierno nacional y fue en busca de la Provincia de Buenos Aires a complicar todavía más a Kirchner y a Daniel Scioli. Dos rivales directos. Contento en su versión "cartonero", tener que enfrentar una elección y no dos, quedó en gracia absoluta con su "joya electoral", Gabriela Michetti (un milagro parecido al del Cleto mendocino), para asegurarse el distrito, y con una sorpresiva diagonal (muy peronista), sumó sus cañones amarillos a la artillería duhaldista y le propuso a Felipe Solá jugar las pocas balas que le quedaban. Si acercarse al peronismo era un desafío pendiente, lo hizo con la sangre fría que lo caracteriza. Saltó la valla en el momento justo, donde florecen peronismos disidentes de todos los pelajes, y el suyo bien PRO queda disimulado en la intifada general desatada desde las provincias más poderosas.
Si Santa Fe, Córdoba y Mendoza se la juegan, la Capital debería entonces ponerse al frente y dar la madre de todas las batallas. Y anexó Buenos Aires a ese desafío.

Desde la Casa Rosada intentan generar la sensación de que sólo ellos son el antídoto contra el caos del futuro económico y social. Y algo de eso hay. Digo: caos en el futuro; por eso no hay que dejar de pensar en el día después de las elecciones y en el nuevo marco que encuadrará a la política local. Quizá entonves volvamos a tener una Presidenta con poder, si es que se apropia de alguna partícula de la que diseminó su marido en cada una de sus aventuras mientras ella miraba de afuera.

¿Quién gobierna hoy este país? Kirchner prepara la estrategia para el plebiscito que adelantó no cinco meses sino dos años, y eso que su protagónico está reservado para 2011. Plebiscitar a CFK, eso tal vez corresponda. Pero la titular del Ejecutivo nacional no parece ser la que era. El ideólogo, Alberto Fernández, trabaja en silencio y reaparece con timidez. Julio de Vido quedó solo; con Carlos Zannini y conforma el doble que devuelve todas las pelotas que puede, pero por más buena voluntad que ponen, ambos sufren el partido. Nadie da órdenes pero todos obedecen.

En Argentina soplan vientos de cambio. Kirchner, acorralado, también sube la apuesta. Su especialidad es ésa y mal no lo hace. Pero como siempre, jugará a matar o morir. Me pregunto: ¿quién será el muerto, quién el vivo? Esperen al día después.

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