El desafío de la juventud

El desafío de la juventud

*Presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA)


El sábado 24 lanzamos en la sede de ATE Capital la «Multisectorial Juvenil». Allí nos reunimos representantes de organizaciones gremiales, y jóvenes que forman parte de movimientos sociales, culturales y de derechos humanos. Llegamos desde distintos puntos del país, con la premisa de consolidar una historia de lucha de larga data, pensando y discutiendo de qué manera entendemos el presente y construimos el futuro, entendiendo que más allá de algunas diferencias debemos poner acento en lo que nos une.

Así es como los estudiantes – que veníamos de distintas Universidades del interior, o de algún colegio secundario – nos juntamos con los jóvenes trabajadores: del campo –como los chacareros federados, de pueblitos remotos- o de la ciudad –como los agremiados en la Central de Trabajadores de la Argentina- . Cada uno de nosotros, se ve reflejado en los demás: la realidad particular de cada sector se mezcla con la del otro, porque así como algún agremiado a la FAA que labura en el campo familiar deja su pueblo para ir a estudiar Agronomía en la UNC, alguna piba del interior se va a vivir a la gran ciudad y trabaja en un call center para poder estudiar. Nosotros sabíamos que tenemos ideas, culturas, prácticas y hasta ideologías distintas, pero nos unía una misma condición: ser jóvenes en la Argentina actual.

Desde el año pasado la Multisectorial conformada por la CTA, la FUA, la FAA y otras organizaciones y movimientos sociales, realizó en 2012 los Paros Nacionales del 10 de Octubre, 20 de Noviembre, 19 de Diciembre y el Paro del 29 de Mayo de este año, poniendo en el centro de la agenda pública una serie de reivindicaciones en defensa del trabajo y del salario dignos, de las economías regionales y el interior productivo, y en reclamo por el mejoramiento de la educación pública en todos sus niveles y la implementación del BEGU (Boleto Educativo Gratuito y Universal). La confluencia de espacios tan diversos bajo un mismo programa de 33 puntos, fue posible gracias a la premisa de “unidad en la acción”, entendiendo que la división de los sectores populares sólo atrasa la consecución de los objetivos necesarios para salir de la crisis sin lesionar los intereses del pueblo.

Es inaceptable que tras el discurso de la redistribución de la riqueza, existan 4 millones de jóvenes bajo la línea de pobreza y un puñado de funcionarios y amigos del poder se enriquezcan de manera obscena. Debemos encontrar una salida para el millón de jóvenes que ni estudia ni trabaja, hay que revertir de manera urgente la realidad de un 70% de niños que empiezan la primaria pero no llegan a terminar la secundaria y la de más del 90% de los jóvenes universitarios que abandonan las aulas sin llegar a graduarse. No podemos tolerar un día más en una Argentina cuyos jóvenes que tienen la suerte de trabajar, están castigados por la precarización y la informalidad. La realidad de los sectores juveniles del campo es alarmante: la política agropecuaria del Gobierno profundiza la concentración y la extranjerización de la tierra y la producción, teniendo como consecuencia la desaparición de 60.000 pequeños y medianos productores rurales entre el 2003 y el 2008.

Esta apretada síntesis de la realidad juvenil en nuestro país, se completa con un panorama negro en cuanto a la vigencia de los Derechos Humanos, con políticas de espionaje, represión y criminalización de la pobreza y la protesta social, que profundizan la brecha social y la marginación. Breves, pero importantes muestras de ello son la sanción de la Ley Antiterrorista, el “Proyecto X”, la práctica patoteril como moneda corriente en algunos Ministerios, la designación de Milani al frente del Ejército y la re-designación de Marambio en el SPF.

Sobre esas experiencias, los jóvenes de los distintos espacios empezamos a generar acciones conjuntas, a debatir temáticas particulares y a confluir en proyectos comunes, aprendiendo que la lucha de cada uno de nosotros es un aporte a la lucha de los demás y convenciéndonos de que la única forma de avanzar era haciéndolo juntos. Entendimos que era más importante ponerse de acuerdo en cómo construir, que encontrar excusas para destruir.

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