Jóvenes al poder

Jóvenes al poder


La política porteña no carecía de caras jóvenes antes de que llegaran La Cámpora y los Jóvenes PRO. Pero de lo que sí carecía era de organizaciones en las que la juventud fuera una exclusividad y tuvieran políticas de poder que hicieran temblar a las viejas estructuras partidarias. De todos modos, la Ciudad ya venía con un deterioro importante de los partidos tradicionales, como el Partido Justicialista, la Unión Cívica Radical, la UCeDé y el Partido Intransigente, el cuarteto que dominó la salida posdictadura.
Este escenario produjo dos fenómenos emergentes: Aníbal Ibarra y Mauricio Macri, un clásico que dominó la última década, definido por demolición hace unos meses a favor del ingeniero xeneize.

De todos modos y siguiendo con la lógica de hace dos semanas, cuando dijimos que todo en la Ciudad es divisible por dos entre el oficialismo local y el kirchnerismo, es justamente en estas dos fuerzas donde asoman los jóvenes dirigentes con una fuerza que trasciende lo testimonial y que en la mayoría de los casos se ponen objetivos de gran envergadura para su crecimiento. Nacieron con la mira alta y desde el poder mismo los ayudan a sostener el objetivo.

Si hay algo que las une es que ambas están ejerciendo una parte del poder, quieren ser los mejores custodios de sus respectivos líderes políticos y no tienen límite. Van por todo, viven siempre forzando situaciones, corriendo los alambrados y ganándose enemigos con rapidez, por lo que, de vez en cuando, se encuentran con vueltos importantes.

La Cámpora es una organización juvenil sub-35 que reivindica como líderes –tal como otras corrientes kirchneristas– a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández. Pero lo hacen de una manera muy especial, y la causal son diferentes factores. Con bajo perfil, Máximo, el hijo de los dos últimos presidentes de la Argentina, es el vértice de la construcción, lo que desde ya le brinda un handicap importante a la agrupación. Siguiendo con los temas familiares, es bastante probable que Cristina intente revertir desde el gobierno lo que le negaron en su momento a esa “juventud maravillosa” que ella y su marido integraron y que bien podrían haber sido los custodios de un proyecto transformador de haber sido incluidos en lugar de combatidos a sangre y fuego por el Estado terrorista de José López Rega primero y de la dictadura después, ya de manera oficial.

Pero también hay materia gris en esta construcción, aunque venga todo muy “manijeado” desde arriba. No hay duda de que están creciendo los niveles organizativos de la agrupación política, que vio su bautismo de fuego en la Ciudad de Buenos Aires en la lucha por cada una de las comunas, allí donde pusieron buena parte de las fichas. Su líder en Capital es el hijo de desaparecidos, Juan Cabandié, hoy cabeza indiscutible del bloque legislativo y a quienes muchos sindican como uno de los posibles candidatos para reemplazar a Juan Manuel Olmos en el justicialismo porteño. También busca un lugar (lo tendrá seguro) como diputado nacional por Capital el jefe nacional Andrés “Cuervo” Larroque. Como “popes” de la agrupación se destacan las autoridades de Aerolíneas Argentinas Mariano Recalde y Eduardo “Wado” de Pedro, con buena llegada a la Presidenta, al igual que Cabandié. Completan el cuadro de “los más conocidos” Iván Heyn desde la Corporación Puerto Madero y Aluar, y Paula Penacca, una militante de la Ciudad que quedó en junio en la puerta de la Legislatura porteña. Se fijaron como prioridades en el distrito el protagonismo en la Legislatura, en la Auditoría y en el PJ. El tiempo ya corre para ellos y, al decir de uno de sus cuadros de conducción, los militantes “parecen extraterrestres, tienen una convicción y una capacidad de trabajo descomunal”.

La muerte de Néstor fue el punto de inflexión, según coinciden todos. “En estos cuatro años que vienen daremos qué hablar”, aseguran. Mientras que en PRO el proceso es totalmente diferente. El motor del movimiento joven en la fuerza de Mauricio Macri es el secretario general Marcos Peña, uno de los más influyentes del actual gobierno.

La diputada nacional Soledad Martínez, por la provincia de Buenos Aires, empezó a fogonear el tema de los Jóvenes PRO y rápidamente Peña organizó un grupo de dirigentes que lo secundaron con éxito: Fernando de Andreis (podría presidir el bloque al igual que Cabandié), Fran Quintana (legislador electo y presidente de Jóvenes PRO) y el actual diputado porteño Ezequiel Fernández Langan son las cabezas más visibles. Su trabajo en la campaña, ligado a las cuestiones de las redes sociales, la comunicación y la difusión, sumado a la militancia “en las mesas multicolores” en las esquinas, le dio a este espacio un poder interno que antes no cotizaba.

Cristian Ritondo y su “Solano Lima” crearon un frente de militancia peronista PRO que conducen Vanessa Posse, José Romello y Raúl López, hijo de un militante montonero que nació exiliado en Francia. La particularidad de este grupo es que mezcla profesionales con militantes barriales y de villas. Son capaces de “competir” mediáticamente con la estructura PRO oficial, con la cual conviven sin problemas a pesar de sus orígenes.

Los terceros en discordia son un grupo de jóvenes que conducen Esteban Bullrich y Enzo Pagani, y que es encabezado por Ezequiel Sandoval Dubarry. A pesar de su corta edad, conducen el Ministerio de Educación junto a su jefe.

Así, una camada de jóvenes de alrededor de 30 años está ocupando cargos clave o va por ellos. Todo con el aval de la conducción de sus espacios. Sangre nueva que, esperemos, oxigene la política con sus mejores prácticas. Tienen la oportunidad, ojalá sepan aprovecharla.

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