Los medios argentinos en terapia intensiva

Los medios argentinos en terapia intensiva

La dualidad informativa en la que conviven los medios de comunicación es por lo menos nociva para la sociedad. En primer lugar, porque para formarse una opinión más o menos acabada y realista de lo que acontece, el consumidor debe leer más de un medio y gastar mucho de su valioso tiempo. En el caso de que consuma la información de los portales y no de la prensa gráfica, como muchos todavía prefieren, deberá saber en todos los casos decodificar los intereses de los medios que está leyendo para entender algo de lo que lee. De otra manera, será un imbécil útil de cada bando.

Los dueños de la Opinión Pública


La verdad es que es bastante molesto tener que escribir acerca del tratamiento de la información en los medios, pero es imprescindible, dado lo asfixiante de la pelea desatada entre el Gobierno Nacional y el Grupo Clarín. En ese combate, estelar se diría en el idioma del boxeo, los contendientes se preparan para una batalla que se desarrolla en todos los frentes, que tiene a la Ley de Medios como un herramienta parcialmente utilizada, a veces por motivos judiciales y otras por motivos políticos y que tardará todavía bastante en llegar a su fin. Y es abierto.

La novedad del 2012 es que las cabezas de Clarín, de La Nación y de Perfil, Hector Magnetto, Julio Saguier y Jorge Fontevecchia respectivamente, en forma clara han empezado a coordinar la acción de sus medios audiovisuales y publicaciones varias para convertirse en arietes punzantes de los que no existe hoy en el país: una oposición creíble y con manejo de poder como la crisis que se avecina lo requiere. Estos tres grupos son naturalmente más poderosos que los partidos minoritarios (por algo lo serán) y decidieron defender sus intereses con sus propias armas, aquéllas con las que intentan manipular la opinión pública. La guerra ahora es total.

Así, es bastante insoportable leer todos los días que todo lo que realiza el Gobierno está mal, que los funcionarios son todos corruptos, que el futuro en todos los rubros se viste de negro velorio y que ya no quedan en el mundo gobiernos y empresas a las que les interese en algo este país. Los tres grandes del buen humor en el periodismo ya cansan con sus campañas forzadas, en las cuales se reparten coordinadamente las tapas de sus ediciones del domingo. Una le toca al vicepresidente Amado Boudou, otra a la Cámpora y otra a cualquiera, aunque Guillermo Moreno ya se está subiendo al podio, como consecuencia de su coherencia desde el año 2003, algo insoportable para el anti Modelo.

Noticias para Todos

Ello es tan insoportable como los medios que manejan Diego Gvirtz o Sergio Spolszky en su cruzada de apoyo irrestricto al Gobierno y su tan mentado Modelo, que no ven un solo error en todas las políticas desarrolladas por el Ejecutivo Nacional, que los funcionarios lideran sus áreas con total sabiduría y honradez, y que la Patria Liberada con la que soñamos está a la vuelta de la esquina.

Son muchos los medios y pocas las ideas, todas conseguidas a partir del dinero público, pero al menos dan trabajo, aunque se convierta en un plan Trabajar de lo más intelectual, ideal para chicos y chicas de Palermo Hollywood.

Más allá de que poco le importe al bueno de Spolszky, lo cierto es ya se desprendió por doce millones dólares a manos de Matías Garfunkel de la mitad del multimedio que supo edificar con la manguera oficial de la pauta infinita. Es sabido que ante tanta incertidumbre, el hombre está interesado en vender la otra mitad y tomar algo de distancia del rol asignado, aunque tiene claro de que ya no fluirá todo ese dinero. Todo cambia.

Quizás el disparador de esta nota fue “la novedad” que se produjo después de seis meses, lo que duró la negociación entre dos pesos pesados de esta historia. Ambos hombres que “juegan a la mancha con los aviones o fuman debajo del agua”. Estamos hablando obviamente de Daniel Hadad y Cristóbal López, otro duelo de fondo si seguimos con la metáfora del cuadrilátero. El mega empresario cercano al Gobierno terminó con éxito el sitio que le impuso a quien en sus primeros años defendiera con ahinco al Gobierno y que ahora se situaba más lejos del calor que emana de la “Rosada”. El otro se fue finalmente con la “guitarra” que quería. Todos a mano.

La situación es bastante compleja para los lectores del presente político de la Argentina. Los medios, la política y los negocios se cruzan de manera irracional al punto tal de tener en el terreno de lo masivo medios que militan a favor o en contra del Gobierno Nacional. Nadie se pone por afuera del conflicto. Es incomprensible que algunos medios líderes como Clarín funcionen en espejo con Tiempo o El Argentino. Algún interés importante y no el de la gente con toda seguridad, estará defendiendo el señor Magnetto para colocar al mayor diario de habla hispana a la altura de un joven diario que nació miope. Raro.

De mi compatriota Víctor Hugo Morales, en honor a la Celeste y al paisito, prefiero abstenerme. La historia lo absolverá o no. Prefiero recordarlo gritando el gol de Maradona a los ingleses en 1986, su última gran ópera.


La dualidad informativa en la que conviven los medios de comunicación es por lo menos nociva para la sociedad. En primer lugar, porque para formarse una opinión más o menos acabada y realista de lo que acontece, el consumidor debe leer más de un medio y gastar mucho de su valioso tiempo. En el caso de que consuma la información de los portales y no de la prensa gráfica, como muchos todavía prefieren, deberá saber en todos los casos decodificar los intereses de los medios que está leyendo para entender algo de lo que lee. De otra manera, será un imbécil útil de cada bando.

Los dueños de la Opinión Pública

La verdad es que es bastante molesto tener que escribir acerca del tratamiento de la información en los medios, pero es imprescindible, dado lo asfixiante de la pelea desatada entre el Gobierno Nacional y el Grupo Clarín. En ese combate, estelar se diría en el idioma del boxeo, los contendientes se preparan para una batalla que se desarrolla en todos los frentes, que tiene a la Ley de Medios como un herramienta parcialmente utilizada, a veces por motivos judiciales y otras por motivos políticos y que tardará todavía bastante en llegar a su fin. Y es abierto.

La novedad del 2012 es que las cabezas de Clarín, de La Nación y de Perfil, Hector Magnetto, Julio Saguier y Jorge Fontevecchia respectivamente, en forma clara han empezado a coordinar la acción de sus medios audiovisuales y publicaciones varias para convertirse en arietes punzantes de los que no existe hoy en el país: una oposición creíble y con manejo de poder como la crisis que se avecina lo requiere. Estos tres grupos son naturalmente más poderosos que los partidos minoritarios (por algo lo serán) y decidieron defender sus intereses con sus propias armas, aquéllas con las que intentan manipular la opinión pública. La guerra ahora es total.

Así, es bastante insoportable leer todos los días que todo lo que realiza el Gobierno está mal, que los funcionarios son todos corruptos, que el futuro en todos los rubros se viste de negro velorio y que ya no quedan en el mundo gobiernos y empresas a las que les interese en algo este país. Los tres grandes del buen humor en el periodismo ya cansan con sus campañas forzadas, en las cuales se reparten coordinadamente las tapas de sus ediciones del domingo. Una le toca al vicepresidente Amado Boudou, otra a la Cámpora y otra a cualquiera, aunque Guillermo Moreno ya se está subiendo al podio, como consecuencia de su coherencia desde el año 2003, algo insoportable para el anti Modelo.

Noticias para Todos

Ello es tan insoportable como los medios que manejan Diego Gvirtz o Sergio Spolszky en su cruzada de apoyo irrestricto al Gobierno y su tan mentado Modelo, que no ven un solo error en todas las políticas desarrolladas por el Ejecutivo Nacional, que los funcionarios lideran sus áreas con total sabiduría y honradez, y que la Patria Liberada con la que soñamos está a la vuelta de la esquina.

Son muchos los medios y pocas las ideas, todas conseguidas a partir del dinero público, pero al menos dan trabajo, aunque se convierta en un plan Trabajar de lo más intelectual, ideal para chicos y chicas de Palermo Hollywood.

Más allá de que poco le importe al bueno de Spolszky, lo cierto es ya se desprendió por doce millones dólares a manos de Matías Garfunkel de la mitad del multimedio que supo edificar con la manguera oficial de la pauta infinita. Es sabido que ante tanta incertidumbre, el hombre está interesado en vender la otra mitad y tomar algo de distancia del rol asignado, aunque tiene claro de que ya no fluirá todo ese dinero. Todo cambia.

Quizás el disparador de esta nota fue “la novedad” que se produjo después de seis meses, lo que duró la negociación entre dos pesos pesados de esta historia. Ambos hombres que “juegan a la mancha con los aviones o fuman debajo del agua”. Estamos hablando obviamente de Daniel Hadad y Cristóbal López, otro duelo de fondo si seguimos con la metáfora del cuadrilátero. El mega empresario cercano al Gobierno terminó con éxito el sitio que le impuso a quien en sus primeros años defendiera con ahinco al Gobierno y que ahora se situaba más lejos del calor que emana de la “Rosada”. El otro se fue finalmente con la “guitarra” que quería. Todos a mano.

La situación es bastante compleja para los lectores del presente político de la Argentina. Los medios, la política y los negocios se cruzan de manera irracional al punto tal de tener en el terreno de lo masivo medios que militan a favor o en contra del Gobierno Nacional. Nadie se pone por afuera del conflicto. Es incomprensible que algunos medios líderes como Clarín funcionen en espejo con Tiempo o El Argentino. Algún interés importante y no el de la gente con toda seguridad, estará defendiendo el señor Magnetto para colocar al mayor diario de habla hispana a la altura de un joven diario que nació miope. Raro.

De mi compatriota Víctor Hugo Morales, en honor a la Celeste y al paisito, prefiero abstenerme. La historia lo absolverá o no. Prefiero recordarlo gritando el gol de Maradona a los ingleses en 1986, su última gran ópera.

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