La calle, la convivencia, la inclusión

La calle, la convivencia, la inclusión

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Hubo tiempos en que los cartoneros eran considerados delincuentes porque se apropiaban de los residuos que la entonces Municipalidad de Buenos Aires aseguraba que eran de su propiedad, debido a que las calles son municipales. Hoy son recicladores urbanos, se han ido organizando y los porteños entendieron que son trabajadores a los que hay que respetar en su dignidad e incluir en la legalidad.

También hubo tiempos en que prostitutas y travestis en las calles eran perseguidos por la moral de los edictos, al igual que los ebrios y los mendigos. No sin conflicto se ha regulado la actividad de los primeros y se respeta también la situación de los demás, siempre en pos de alcanzar niveles de comprensión, inclusión y algún escalón de dignidad.

Más de uno quiere “erradicar” a los abrepuertas o limpiaparabrisas o malabaristas.

Ahora tenemos declarada la guerra santa contra los “trapitos” y contra los “manteros”, cuando no contra los músicos callejeros que se ubican en una esquina y se ponen a tocar o cantar sin pedirle permiso a nadie. La libertad parece ser un bien difícil de ejercer en esta ciudad.

Con una eficiente regulación del sistema de estacionamientos, podría incluirse a los trapitos honestos en trabajadores de calle formalizados, identificados y con tarjetas de estacionamiento. De la misma manera, con un razonable ordenamiento de esas calles y plazas donde cultura popular, turismo y espacio público convergen con sus diferentes paradigmas de gestión, podría acordarse una convivencia digna para la mayoría.

Cuando hay conflicto de derechos hay también métodos para encauzarlo. La ley del más fuerte, del más gritón o del más mediático no son leyes democráticas.

Si la mayoría elige convivir en paz, de a poco y día a día se logrará echar raíces en el caos de nuestra porteña idiosincracia. La democracia requiere inclusión en el camino comunitario y no echar a la gente a la banquina. Y entender que el orden perfecto solo existe en cuarteles o cementerios. De todas maneras siempre habrá quejas de intolerantes recogiendo firmas o escribiendo cartas de lectores. Es normal.

(*) Defensora del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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