Ibarra y Macri se miran al espejo

Ibarra y Macri se miran al espejo

.


Macri procesado, Ibarra absuelto, Ibarra condenado por la Legislatura, Macri quizás zafa porque tiene los votos. Macri quiere usar el juicio político para influir en la opinión pública ya que advierte un posible resultado adverso por la vía judicial. Ibarra quiso hacer lo mismo, pero al revés, decía algo así: la Justicia lo había sobreseído, entonces, el juicio político no tenía valor. Pero juicio político y juicio judicial son dos caminos diferentes. Así las cosas, los dos movimientos porteños razonan invirtiendo los órdenes… pero razonan igual.

Ibarra quiso evitar a toda costa el juicio político. Macri lo impulsa porque quiere cortar por lo sano para llegar mejor a 2011. Macri sabe que la vía judicial lo compromete y pretende mostrar un triunfo por la vía parlamentaria, un triunfo político para fortalecer su acusación de que los jueces son kirchneristas.

 La gravedad de cada caso incide en los porteños: detrás de las maniobras de Ibarra había 194 muertos, a diferencia del affaire de Macri. La presión en el caso Ibarra tenía centro en los familiares de las víctimas y en una opinión pública que, si bien estaba dividida, no podía estar abiertamente ajena al reclamo descarnado de las familias heridas. El mismo cardenal Bergoglio jugó fuerte aquellas jornadas diciendo cosas como “Buenos Aires no ha llorado lo suficiente”, durante la homilía que dio en la Catedral cuando se cumplió un año de Cromañón. El caso Macri parece no afectar tanto la opinión de los porteños, aunque tenga una fuerte gravedad institucional. Bergoglio (para “alivio oficial”) recorre una ciudad a la que distingue arrasada por la opresión del trabajo esclavo y la prostitución. Y el dogma macrista se basa en el predicamento sacro duranbarbiano: a la gente no le importa el caso de las escuchas.

 Echemos un vistazo a las matemáticas complicadas (que tengo dos votos, que me faltan cuatro, que sumo ocho de no sé dónde). Ibarra tenía sólo tres votos propios. El resto eran sólo aliados. Igualmente, la muñeca de algunos de sus mejores operadores le hizo perder 30-15 en la Sala Acusadora y 10-5 en la Juzgadora. Es decir, con lo justo, porque se necesitan dos tercios en cada sala para acusar y condenar. Si ahora el caso de las escuchas termina finalmente en juicio político, Macri tiene 24 votos propios. En la Sala Acusadora tiene 19 votos (es decir, tiene los 16 que necesita, más 3). Peeeero, eso también implica que si pierde 4 votos… chau. No está exento de riesgos: se está jugando el gobierno por 4 votos. Macri aspira a que la oposición más blanda lo banque. Si pierde y pasa a la Sala Juzgadora, está prácticamente listo. Ocurre que en esa instancia, lo más probable, es que lo dejen solo. Allí tiene sólo 5 votos propios. No le alcanzan. Sólo lo podría salvar De Narváez.
 Macri usó el caso Ibarra para destituirlo. Si bien los diputados aliados a Macri (los que venían del PJ y de “la política”) no estaban convencidos al principio de la destitución, finalmente torcieron su voto por la presión que se fue dando. Pero el núcleo duro de Macri (quienes eran conocidos como el grupo Festilindo) siempre quiso destituir a Ibarra. Basta recordar la agresividad de Gabriela Michetti, Martín Borrelli y Soledad Acuña en la interpelación y en el juicio político.

La venganza es un plato que se come frío. Y todos saben y conocen de la paciencia y la frialdad con que suele cavilar Ibarra.

Recordemos que en su caso, previo al juicio político, hubo una Comisión Investigadora. Ahora parece que va a ocurrir lo mismo aunque las motivaciones son diferentes. La Comisión Investigadora fue, al principio, un intento de salida para Ibarra para evitar el juicio político. En el caso de Macri, es al revés. La creación de la Comisión lo perjudica, porque dilata todo y lo obliga a seguir bajo la lupa mediática y política por demasiado tiempo.

Más columnas de opinión

Qué se dice del tema...