La inseguridad es muy grave como para seguir jugando a las escondidas

La inseguridad es muy grave como para seguir jugando a las escondidas

"El propio Presidente Kirchner habilitó la discusión de este tema con el Ministro Aníbal Fernández, pero de manera preocupante se dilata su tratamiento".


En 2007 se cumplieron once años de la sanción de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. En ella quedó plasmada la voluntad de los porteños de regir nuestro propio destino a través de la elección de autoridades propias y la asunción de responsabilidades inherentes a la autonomía ganada, entre ellas, las de ofrecer seguridad y brindar justicia. Lamentablemente, estas dos últimas obligaciones – verdaderos pilares del sistema de derechos y garantías de los ciudadanos – se encuentran lejos de concretarse.

Esta autonomía recortada no es el sistema que diseñaron los estatuyentes del ‘96 y por lo tanto, no es funcional a la arquitectura institucional allí elaborada. Y lo más importante, no es útil a los vecinos de la Ciudad. A pesar de que el servicio de seguridad se presta dentro de los límites de la Ciudad y que sus usuarios somos los porteños que elegimos democráticamente al Jefe de Gobierno, la Policía sigue dependiendo del Ministro del Interior, que no se elige por el voto popular.

Sucesivos gobiernos locales han olvidado el mandato constitucional, y al calor del oficialismo de turno, han construido una muralla de excusas para mantener el status quo. Por su parte, en el Congreso de la Nación, las mayorías políticas – esas que en sólo dos semanas pueden reducir el número de miembros de la Corte -, hace años que eluden el debate de la derogación de la ley Cafiero.

Nunca como ahora, el reclamo por el traspaso de la policía ha sido tan fuerte; todos los candidatos lo propusieron en las elecciones de la ciudad, en particular, Mauricio Macri, Jefe de Gobierno electo con el 61% de los votos. El propio Presidente Kirchner habilito la discusión de este tema con el Ministro Aníbal Fernández, pero de manera preocupante se dilata su tratamiento.

El problema de la inseguridad es muy grave como para seguir jugando a las escondidas con la principal preocupación de los porteños y desde el punto de vista político electoral, no parece prudente que el Gobierno Nacional haga oídos sordos al clamor de un millón de porteños que votaron por mas autonomía y en octubre volverán a votar para presidente.

Por Martín Borrelli
Vicepresidente del Bloque Frente Compromiso para el Cambio

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