Interactivos

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La política y las nuevas tecnologías, un debate que atraviesa el mundo contemporáneo.


Nadie lo puede evaluar pero tampoco ignorar. El blackberry de Obama se ha convertido en una cuestión de Estado. El dispositivo, supuesto pilar del triunfo del demócrata en las últimas elecciones generales de los Estados Unidos, ha entrado en zona de turbulencia: se lo cuestiona por distraer (y eventualmente por provocar o acelerar una suerte de déficit de atención generalizada, que impediría al presidente concentrarse en los puntos centrales de su agenda), sino también de convertirlo en un blanco de ataque de los diversos hackers que proliferan al trote de esa modalidad de la política actual llamada militancia virtual (sobre la cual se explayó en este semanario el asesor de imagen Jaime Durán Barba).

El argumento del nuevo evangelio reza que los jóvenes se sienten más atraídos por esa forma de ser conectados y entusiasmados que por las movilizaciones colectivas, bajo el imperativo de una modernización de las anquilosadas estructuras partidarias, sin tener en cuenta que las últimas mediciones que hizo circular el diario La Nación, para el caso, hablan de una Argentina con doce millones de pobres. Otras mediciones indican que por cada habitante, existen 1,5 millones de celulares. Sin embargo, según la psicología cognitiva representada por los académicos estadounidenses Robert Stallman y Charles Tort, ambos de la Universidad de Berkeley, California, esas cifras no implican correlación sino ignorancia pura y dura: del sentido profundo de la participación democrática y de la tiranía tecnológica, que compone un nuevo mundo de esclavos. Dos preguntas: ¿cuántos de esos supuestos doce millones de pobres tiene acceso a Internet, ya no a un celular o a un blackberry? Las redes comunitarias, ¿no serán una estrategia que con la excusa de fomentar el compromiso, trafican ideologías (y patologías) de la expresión para votar cualquier cosa, aplastar el debate y promover la "asociación libre" de cualquier estupidez que al usuario se le pasa por la cabeza? Entrar a una gran mayoría de blogs es una prueba irrefutable de las afirmaciones de Stallman y Tort.

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