Claves detrás de una indagatoria

Claves detrás de una indagatoria

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La citación a indagatoria (¿por qué ahora?, ¿encuestas?) por parte del juez federal Norberto Oyarbide al jefe de Gobierno Mauricio Macri, a un ministro clave en su estrategia política actual, como es el de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro (ex juez federal), y, en menor medida, a un ya vapuleado Mariano Narodowski, completan un cuadro de preocupación que sin embargo, por ahora, no denota desesperación visible dentro de las filas del macrismo.

A Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina, es sabido que no se les puede dar ventajas de ningún tipo, ya que han demostrado una y otra vez que logran estirar al infinito las potestades del “manejo discrecional” de las instituciones. Más allá del aire fresco que le proporciona a la sociedad argentina la Corte Suprema de Justicia que ellos mismos impulsaron, la realidad marca que a pesar de haber perdido las elecciones el pasado año, la capacidad de daño para defender la gestión y, si es posible, proyectarla, parece estar intacta mientras transcurre el mandato de Cristina Fernández en una negociación permanente y ajustada en el Congreso Nacional.

Macri cometió un concierto de errores poco comunes en el lanzamiento de la única política que, desde la Ciudad, lo puede depositar en los libros de historia por su poder transformador: la Policía Metropolitana. Esto alteró un statu quo que reinó en la República desde el advenimiento al sistema de seguridad de la Policía Federal en todo el país y su Capital Federal. El nombramiento del comisario Jorge “el Fino” Palacios al frente de la fuerza condensa la génesis de algo que no se convirtió en un fracaso estrepitoso sólo por la pericia política de Montenegro y la autocrítica oportuna del propio Macri.

Si algo había que agregar al cúmulo de problemas que la creación de la nueva institución conlleva, el nombre de Palacios es uno de los pocos que unifica, en el rechazo, a la feroz interna que viven en la Secretaría de Inteligencia del Estado. Para hacer inteligencia hay que ser inteligente. Ni hablemos del conflicto que la aparición de la nueva fuerza generó con la Policía Federal, por la seducción salarial a su gente y la pelea desigual por las “cajas”. Tampoco de las internas actuales en la Metropolitana que generarán nuevas críticas a partir de las cesantías. Palacios fue un error grave.

Dicen los gurúes del oficialismo que las pruebas contra Macri son pocas e inconsistentes, que el espía Ciro James alguna vez pasó por la calle Patricios al 1100, que hay llamados de su celular desde Barrio Parque (zona donde ya no reside el jefe porteño), que la ficha clave para todo es Néstor Leonardo, cuñado de Macri, escuchado por “orden judicial misionera”, y que el imprevisible juez y el Gobierno nacional sueñan con armar, con lo que tienen hasta ahora, una asociación ilícita a la que le están buscando jefe. Sí, en cambio, reconocen que podría haber incurrido en incumplimiento de deberes de funcionario público, una figura mucho menos grave que la de asociación ilícita. Los oficialistas admiten que con Oyarbide puede haber proceso pero, optimistas, sostienen que lo que no mata fortalece. Igualmente, para algunos, el fantasma de Aníbal Ibarra ronda por Bolívar 1. En lo objetivo, las escuchas ilegales existieron y es poco probable que hayan sido digitadas desde el vértice político. Por ende, la política y la familia judicial deberán dirimir quién es el que paga los platos rotos de esta fiesta ilegal. No hay que descartar la palabra de Palacios, quien se ha llamado a silencio hasta llegar a la puerta del cementerio. Allí quizás recupere la memoria, o no. Ni tan fácil ni imposible. Habrá picos de estrés y un Mundial de fútbol en el medio. La política espera agazapada su momento. Ahora, jugó Oyarbide.

(*) Director General de Noticias Urbanas

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