Postales de un mundo desigual y una plaga que no cesa

Postales de un mundo desigual y una plaga que no cesa

Por Horacio Ríos

¿Llegarán las vacunas de México, por fin? Una de piratas. Argentina vacuna, aunque sufre. Vacunas con Precios Descuidados.


Un cuento mexicano

Parece mentira, pero es verdad.

El 17 de agosto de 2020, la empresa mAbxience anunciaba el acuerdo con el laboratorio AstraZeneca, el laboratorio mexicano Liomont y la Fundación Carlos Slim para fabricar la vacuna patentada por la Big Pharma anglosueca y distribuirla en Latinoamérica.

Esta crónica está siendo producida el 28 de abril de 2021 y, si bien hay en México –en la localidad de Ocoyoacac, donde se ubica Liomont- 18 millones de dosis que fueron enviadas a Liomont desde Garín, adonde se encuentra la sede de mAbxience, a la Argentina no llegó ninguna.

El laboratorio mexicano y el canciller Marcelo Ebrard le echaron la culpa por la demora al desabastecimiento de los insumos necesarios para envasar, como filtros, bolsas estériles y viales, que se fabrican en Estados Unidos de Norteamérica, pero este país no permite que se exporten. Adicionalmente, también alegaron que AstraZeneca tampoco cumplía con su parte del acuerdo firmado con Liomont y mAbxience.

En realidad, todo eso es mentira. Hace poco se supo que en febrero de 2021, la agencia regulatoria de México –la ANMAT de allá- que se denomina Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) realizó una inspección en la sede de Liomont y le realizó 185 “observaciones”, que obligaron a una larga serie de modificaciones en el edificio.

El propio canciller mexicano reveló que se esperaba que a principios de abril se regularizara las entregas que habían sido pactadas en los contratos firmados, pero tampoco este punto se cumplió.

El 20 de abril pasado, hace apenas un poco más de una semana, una crónica del diario El País, de México, daba cuenta de que “el Gobierno mexicano anunció que ya se contaba con los insumos necesarios y que los primeros lotes ya estaban bajo revisión del ente regulatorio para empezar a distribuirse”.

Quizás sea excesivo reclamar, pero el acuerdo se firmó en agosto de 2020, por lo que las demoras son inadmisibles, dada la gravedad de las consecuencias de la pandemia.

Si Liomont no estaba en condiciones de producir, quizás en Argentina se podría haber cumplido con los requisitos exigidos por las autoridades sanitarias. Un desastre.
Para cuenteros, preferimos a Juan Rulfo.

Si de guerra se habla…

Se suponía que la lucha contra un virus que ya mató a tres millones de personas en el mundo provocaría algún llamado –aunque fuera algo tímido- a la cooperación, a alguna clase de altruismo y a la unión de los científicos del mundo, pero todos ellos trabajan para las corporaciones y ¡minga! de cualquier tipo de renuncia al dólar.

Para muestra, bastan unos pocos ejemplos.

La lucha por el mercado de las vacunas provocó la concentración de inyectables en unos pocos países –los que los pueden pagar- y, por tanto, el desabastecimiento más cruel y más feroz para casi todo el resto del mundo.

No por nada pocos países consiguen vacunas y no por nada los partidos de derecha centran sus campañas políticas en acusar a los gobiernos “populistas”, “progresistas” o directamente “izquierdistas” de no vacunar a suficientes compatriotas.

Existe otro ejemplo, al que hicimos referencia en números anteriores. Jonas Salk consiguió un éxito gigantesco al descubrir la vacuna contra la Poliomielitis, que azotó a los niños –y a algunos mayores- por 30 años a muchos países del mundo, entre ellos a la Argentina.

Cuando un periodista lo entrevistó y le preguntó: ¿Quién patentó la vacuna? Salk le contestó: No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?

El ejemplo contrario ocurrió también en los Estados Unidos. El once marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró al Coronavirus como una pandemia y seguidamente el Congreso de los EE.UU. formuló varios proyectos de ley que contenían un paquete de ayuda de ocho mil millones de dólares, de los que tres mil millones fueron a parar a las arcas de las Big Pharma norteamericanas, para investigación sobre las vacunas.

Al principio, en los proyectos de ley existían dos cláusulas. Una le daba poder al Gobierno para obligar a los laboratorios a bajar el precio si éste era demasiado elevado. La segunda instituía que la financiación excluía el derecho de patentar el medicamento resultante. Cuando una semana después el presidente Donald Trump firmó las leyes, ambas cláusulas habían sido birladas por manos veloces y las compañías farmacéuticas seguirán acumulando millones, poder y capacidad de desarmar toda protesta que surja por sus manejos.

El último ejemplo es trágico. Desde hace tiempo se levantan voces que cuestionan al Gobierno por no cerrar acuerdos con el laboratorio Pfizer, que comercializa una vacuna que se distribuye profusamente en algunos países del Hemisferio Norte.

La farmacéutica negoció hacia fines del año pasado con Argentina la compra de su producto, pero, a pesar de que se dictó una ley que eximía a la empresa de los males eventuales que pudieran causar en el público sus vacunas, el acuerdo naufragó, en ese momento por causas desconocidas.

Hace apenas unos días, el periódico New York Times publicó algunos puntos del acuerdo que firmó Pfizer con Brasil, que incluían como garantía la cesión de activos soberanos, que podían ser las reservas bancarias del Estado, los edificios de algunas embajadas y aún las bases militares de ese país de habla lusitana. Éstas oficiarían como “garantías contra juicios”.

En diciembre último, el médico asesor de la gobernación de Buenos Aires, Jorge Rachid, había asegurado que Pfizer le pidió a la Argentina «una ley con garantías, con bienes inembargables cómo son los glaciares y permisos de pesca».

«Cuando digo los glaciares no es casual –agregó entonces Rachid-, porque hace dos semanas el agua dulce comenzó a cotizar en Wall Street. No nos olvidemos de que el dueño de Pfizer es el fondo Blackrock, el mismo que trató de impedir la reestructuración de deuda argentina», terminó.

La geopolítica sanitaria es, indudablemente, paralela a la geopolítica del poder de los países centrales, que imponen a los países “en desarrollo” (o, como se decía antes, a los países “del tercer mundo”) la pobreza estructural como sistema, que les permite el saqueo de las materias primas. Si un país poseyera pleno empleo y salarios altos, necesitaría esas mismas materias primas para cubrir sus necesidades internas.

En este marco, Argentina vacunó al 14 por ciento de su población, aproximadamente. Hasta la mañana del miércoles 28 de abril, 8.900.408 vacunas se habían distribuido en todo el país. De ellas, habían sido aplicadas 7.557.986, de las cuales, a su vez, 6.672.739 correspondían a la primera dosis y 885.247 a la segunda.

Coronavirus hoy en Argentina

La segunda ola de la pandemia está haciendo padecer a las autoridades sanitarias, pero especialmente está obligando a miles de argentinos a vivir en zozobra permanente.

Hay distritos, como la ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y casi todas las grandes ciudades, en los que las camas de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) apenas alcanzan para internar a los infectados más graves.

Como colofón, pareciera que la difusión del virus comenzara a disminuir, pero con un promedio diario muy alto de infecciones, que se situaban este miércoles en 23.178 nuevos contagiados y totalizaban 62.947 muertos desde el inicio de la pandemia, en marzo de 2020. El grado de gravedad lo daban, mientras tanto, la gran cantidad de internados en camas UTI, que totalizaban 5.178 personas. Este detalle define que nuestro país se encuentra al borde de la catástrofe sanitaria.

En este marco, Argentina vacunó al 14 por ciento de su población, aproximadamente. Hasta esta mañana del miércoles 28 de abril, 8.900.408 vacunas se habían distribuido en todo el país. De ellas, habían sido aplicadas 7.557.986, de las cuales, a su vez, 6.672.739 correspondían a la primera dosis y 885.247 a la segunda.

El mismo día, se anunciaba la llegada de un avión de Lufthansa que trajo 244.800 dosis de Sinopharm, que completaban el millón de vacunas recibidas en la semana. El domingo habían arribado 384.000 dosis y el lunes, 371.200. Al mismo tiempo, el presidente de Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani adelantaba que mañana a las 02:00 A.M. partiría el décimotercer vuelo hacia Moscú para traer vacunas Sputnik V, que a partir de junio se elaborarían en Argentina.

La guerra comercial y los costos

Los precios de las vacunas alrededor del mundo dan cuenta de una gran disparidad, que define los términos de un elevado nivel de especulación por parte de los laboratorios.

Por mostrar algunos puntos que demuestran esta afirmación, AstraZeneca vendió la vacuna a u$s 2,15 en Europa, mientras que a Sudáfrica se la vendió a u$s 5,25 y a la Argentina llegó a u$s 4,50. Y esto, a pesar de que existe un convenio que no ha sido cumplido entre el laboratorio anglosueco, que debía traer vacunas a más bajo precio, que no fue cumplimentado por los socios mexicanos de AstraZeneca. Ahora se anunció que las vacunas (ver más arriba) llegarían en los primeros días de mayo, pero eso aún no puede ser confirmado, dados los incumplimientos en que incurrieron Liomont y AstraZeneca anteriormente. Para peor, las vacunas Covishield que envió el laboratorio anteriormente fueron elaboradas por el Serum Institute de la India, país que ahora dejó de exportar, ante un horroroso brote de Covid-19 que está sufriendo en estos momentos.

Entretanto, Argentina le compró a Sinopharm a u$s 20 cada dosis, mientras que la Sputnik V fue adquirida a u$s 4,75 por cada aplicación.

Los precios varían, como dijimos, de país a país, pero se podría hacer una tabla de mayor a menor de la siguiente manera:

-Sinopharm está vendiendo a u$s 30 cada dosis

-La de Sinovac vale algo menos de u$s 30

-Moderna cobra u$s 25 cada una de sus dos dosis

-La vacuna de Pfizer-BioNTech cuesta unos u$s 20

-La vacuna Janssen (Johnson & Johnson) vale u$s 10 y consta de una única dosis

-A éstas les sigue la Sputnik V, que cuesta menos de u$s 10 la dosis

-Luego se ubica la vacuna Cansino (China y Canadá), que cuesta cuatro dólares cada dosis.

-La más barata es la de AstraZeneca, que vale u$s 2,80 por dosis

De todos modos, los países ricos compraron el 56 por ciento de las vacunas, aunque no las necesitan todas, ya que compraron, en algunos casos, hasta cinco dosis por cada habitante.

Por otra parte, el 14 por ciento de los países más pobres utilizó el mecanismo Covax, de las Naciones Unidas, que fue un intento fallido de adquirir vacunas directamente a las farmacéuticas para distribuirlas luego. Los problemas fueron dos, principalmente: ni los laboratorios no cumplen con las entregas, ni los donantes (GAVI, OMS, CEPI) reunieron suficiente dinero en medio de la crisis. A pesar de todo esto, el seis de abril habían entregado 32 millones de vacunas a 100 países.

Hay diez países que recibirán las vacunas Covax de manera gratuita. Son ellos Bolivia, Dominica, El Salvador, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua, Santa Lucía y San Vicente, y las islas Granadinas.

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